“Miró se alimentó de los linchamientos de los que fue objeto para cuestionar su pintura y convertirla en objeto de protesta”
Carles Guerra y Lauriane Gricourt exploran en una exposición en Les Abattoirs de Toulouse la manera en que el artista reacciona cuando es atacado
Imagen de sala de “Joan Miró. Protestation', con una de sus pinturas quemadas procedente de la Fundació Miró de Barcelona, en Les Abattoirs de Toulouse Les Abattoirs, Musée - Frac Occitanie Toulouse
01Abucheos, silbidos, gritos, intercambio de golpes entre los espectadores y una lluvia de octavillas afiladas como cuchillos.
02Instigados por André Breton y Louis Aragon, un grupo de alborotadores irrumpió vociferando en el estreno parisino, en 1926, de  Romeo y Julieta, una producción de los Ballets Rusos de Diaghilev cuyos decorados firmaban Max Ernst y Miró. “Es inadmisible que las ideas se pongan al servicio del dinero”, se podía leer en el panfleto que volaba por los aires.
03La  protesta, que derivó en un tumulto que requirió la intervención de la policía, iba dirigida contra los dos artistas, a los que los jefes de filas del surrealismo recriminaban el haber traicionado los principios del movimiento al comercializar su talento y venderse a una estética burguesa.
04Las fuerzas de la poesía y la imaginación, defendían, no pueden entregarse a manos de los mercaderes.
Abucheos, silbidos, gritos, intercambio de golpes entre los espectadores y una lluvia de octavillas afiladas como cuchillos. Instigados por André Breton y Louis Aragon, un grupo de alborotadores irrumpió vociferando en el estreno parisino, en 1926, de Romeo y Julieta, una producción de los Ballets Rusos de Diaghilev cuyos decorados firmaban Max Ernst y Miró. “Es inadmisible que las ideas se pongan al servicio del dinero”, se podía leer en el panfleto que volaba por los aires. La protesta, que derivó en un tumulto que requirió la intervención de la policía, iba dirigida contra los dos artistas, a los que los jefes de filas del surrealismo recriminaban el haber traicionado los principios del movimiento al comercializar su talento y venderse a una estética burguesa. Las fuerzas de la poesía y la imaginación, defendían, no pueden entregarse a manos de los mercaderes.
Breton, que un año antes le había comprado a Miró El cazador y afirmaba que quizá fuese el más surrealista de todos nosotros”, lo aparta del grupo. Pero lo cierto es que él siempre había defendido su independencia y libertad total. “Yo no era surrealista. Un español no necesita ser surrealista, ya es irracional”, diría años más tarde. Y a propósito de El carnaval de Arlequín , le confesaría al añorado Lluís Permanyer: “Intenté plasmar las alucinaciones que me producía el hambre que pasaba. No es que pintara lo que veía en sueños, como decían Breton y los suyos, sino que el hambre me provocaba un tránsito parecido al que experimentaban los orientales”.
Fotografía de Raoul Barba de la maqueta del telón y vestuario del ballet 'Juego de niños' (1932) realizado por Miró COLECCIÖN NUEVO MUSEO NACIONAL DE MÓNACO/FRANÇOISE FERNANDEZ
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Pese al gran escándalo y a las tensiones internas que no debieron dejarle indiferente, este suceso marcó profundamente la carrera posterior de Miró, quien lejos de hundirse por la protesta, la hace suya y la transforma en un acto creativo y al mismo tiempo contestatario. Esta es la tesis y el punto de partida Joan Miró. Protestation, una exposición en Les Abattoirs de Toulouse que observa cómo “en un contexto marcado por la guerra y el franquismo, Miró se apropia de la protesta y la transforma en un acto creativo y, a su vez, contestatario”, señala Carles Guerra, comisario junto a Lauriane Gricourt, la directora del museo, de la muestra que se inaugura el próximo sábado.
La exposición, con cerca de 200 piezas, parte de la bronca alentada por Breton y Aragon en el estreno del ballet 'Romeo y Julieta', acusando a Miró y Max Ernst de venderse a una estética burguesa
Es la primera vez que Miró recala en el museo construido en el antiguo matadero de Toulouse en torno a la más gigantesca obra de Picasso, La dépouille du Minotaure en costume d’Arlequin , un telón de teatro de casi nueve metros de alto por 13,25 de ancho, que actualmente no se exhibe por razones de conservación. Y tras las muestras de Alberto Giacometti y Niki de Saint Phalle, la de Miró era una presencia muy deseada, confiesa la directora, que a punto estuvo de irse al traste debido a la dificultad de conseguir obras, pero que finalmente han conseguido reunir cerca de 200 piezas que si bien no conforman un recorrido por toda su trayectoria, sirven para ilustran momentos simbólicos, determinantes, que ilustran cómo Miró “se alimenta de los linchamientos de los que es objeto para , en primer lugar, cuestionar su propia pintura y, después, convertirla en un objeto de protesta en sí mismo”.
Marioneta de Merma, 1977, personaje inspirado en la figura de Franco Fundació Joan Miró/Successió Miró/Adagp, París, 2026
“Cuando quieres comprender el carácter reactivo, el carácter digamos agresivo, de respuesta de Miró, piensas que es algo que le sale de una manera esencialista del interior, Y sin embargo si te detienes un poco te das cuenta de que hay muchos episodios en los que él previamente es atacado”, reflexiona Guerra, que cita desde la primera exposición individual del joven Miró en la Galerías Dalmau, en 1918, en la que su obra provoca tal rechazo que los visitantes llegaron a descolgar y romper dibujos, la incomprensión que suscitaron sus telas quemadas en la gran exposición que le dedicó el Grand Palais de París en 1974 o el estreno, cuatro años después, en Mallorca, de Mori el Merma el espectáculo teatral creado con La Claca, cuyos carteles fueron sistemáticamente vandalizados, tachando su nombre y poniendo en su lugar el peyorativo xuetó, como de forma despectiva llamaban a los descendientes de judíos conversos en la isla.
Imagen de sala con dos grandes lienzos que acompañaron a Miró en los últimos años en su estudio de Mallorcaa
Meses después del enfrentamiento con los surrealistas, Miró, de 34 años, comienza de manera sistemática y metódica lo que él mismo llama el asesinato de la pintura, “un proceso con el que busca una pintura que no sea aceptable para ningún paladar”, señala Guerra. No creía en el arte como objeto comercial y exploró con materiales imposibles. “La antipintura fue una revuelta contra un estado mental y contra las técnicas tradicionales que más tarde fueron juzgadas como moralmente injustificables. El rechazo a hacer cosas bonitas me empujó a utilizar los materiales más sórdidos e incongruentes posibles”, confesaría al crítico Denys Chevalier, en 1962.
Fotograma de 'Miró l'altre', 1969, la película de Pere Portabella Patrimonio Pere Portabella
Joan Miró. Protestation avanza en grandes bloques de obras: su vuelta al academicismo cuando, huyendo con su familia de la guerra civil, regresa a París y vuelve como un estudiante a la academia La Grande Chaumiere, donde realiza un centenar de dibujos de cuerpos deformados por el dolor que forman parte del Reina Sofía y que aquí se muestran por primera vez una cincuentena. En pleno franquismo hará la desgarradora serie Barcelona , en la que relató la tragedia de España bajo la dictadura, víctimas y verdugos congelados en espantosas muecas de violencia y sufrimiento. Cuando Georges Raillard le preguntó qué había hecho para oponerse al franquismo, respondió: “Cosas libres y violentas”.
Los cuadros monumentales que fueron testigos de sus últimos años en el estudio de Son Abrines en Mallorca (aquí se exponen al revés, tal como él las presentó durante un tiempo) y las Teles cremades , cuyo proceso de creación (los cuadros en el suelo, les echa pintura y luego les prende fuego dejando que el azar haga el resto; él observa con una escoba en la mano) fue capturado en un documental de Català–Roca. Finalmente, Guerra y Gricourt, han querido mostrar cómo el Miró ya octagenario se alía con jóvenes como Josep Royo para realizar su obra textil en el taller que montan juntos en La Farinera, o con los fundadores de La Claca para el espectáculo Morí el Merma .
Teresa Sesé
Cultura
Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Toulouse. Enviada especial.
Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.