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Jacobo Bergareche: “A los blancos no nos pasan grandes historias ya”

El escritor publica 'Tío grande', donde narra el viaje que hizo con su amigo Amadou hasta la aldea africana de la que partió

Jacobo Bergareche: “A los blancos no nos pasan grandes historias ya”
El escritor Jacobo Bergareche Ana Jiménez
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Actualizado hace 6 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Jacobo Bergareche (Londres, 1976) está en la sede de Libros del Asteroide intentando sacar un visado para trabajar en Estados Unidos como profesor.
  • 02El proceso le resulta lento y tedioso, pero sabe que valdrá la pena.
  • 03Podrá allí durante un tiempo enseñar todo lo que sabe a un grupo de alumnos con los que, con suerte, acabará congeniando.
  • 04Una conexión que le hubiera encantado tener con aquellos a los que intentó convencer en Austin, Texas, hace ya algunos años, de que su start-up tecnológica valía la pena. “Acababan de matar a mi hermano hacía dos semanas y a absolutamente nadie le interesaba nada sobre mí.

Jacobo Bergareche (Londres, 1976) está en la sede de Libros del Asteroide intentando sacar un visado para trabajar en Estados Unidos como profesor. El proceso le resulta lento y tedioso, pero sabe que valdrá la pena. Podrá allí durante un tiempo enseñar todo lo que sabe a un grupo de alumnos con los que, con suerte, acabará congeniando. Una conexión que le hubiera encantado tener con aquellos a los que intentó convencer en Austin, Texas, hace ya algunos años, de que su start-up tecnológica valía la pena. “Acababan de matar a mi hermano hacía dos semanas y a absolutamente nadie le interesaba nada sobre mí. Escuchaban mi acento español y ya me enviaban mentalmente al inframundo. Nadie me veía y no me trataban demasiado bien. Conocí por entonces lo que era la invisibilidad”, recuerda el autor, aunque admite que no es comparable con lo que viven en su día a día muchos migrantes.

Lo sabe de primera mano, tras conocer la historia de Amadou, un joven que, cuando tenía doce años, huyó de su casa en Guinea-Conakri  junto con cinco amigos para llegar a Europa. Ninguno avisó a sus seres queridos. Amadou los respetaba, y lo siga haciendo, pero desde niño le habían enseñado a soñar con “el país de los blancos”, sin siquiera saber el nombre de ninguna nación concreta. Soñaba, en realidad, con tener un futuro. No uno mejor, sino uno a secas. “Solo podía ir a la escuela los meses que su padre lograba vender suficientes calcetines. Había muchos que no le dejaban ni acercarse. Al final, un día le robó algunos de los ahorros que tenía para sus clases y se marchó”.

El viaje duró cuatro años, solo dos de ellos lo lograron, y porque sabían nadar gracias a vivir cerca de un río. A Amadou lo conoció durante el torneo de mus que organiza anualmente en memoria de su hermano. Era el encargado de abrir y cerrar el local. Ambos tuvieron oportunidad de compartir confidencias. Uno contó su periplo; el otro, el asesinato de su hermano en tierras africanas. Sellaron entonces una bonita amistad y, también, empezó a rondar la idea de, tal vez, algún día entremezclar ambas experiencias de vida, que tienen más en común de lo que puede parecer en un inicio. El resultado es Tío grande (Libros del Asteroide), que acaba de llegar a las librerías.

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Bergareche es de los que les cuesta escribir algo si no lo han visto antes. De ahí que sugiriera a su nuevo amigo de acompañarlo hasta la aldea de la que huyó y a interesarse por las circunstancias de tantos migrantes invisibles. Un viaje que retrata a lo largo de estas 256 páginas y que impulsa un encuentro de Amadou con los suyos y con todo lo que dejó atrás.

La travesía empezó de noche, algo que desde la Embajada le habían recomendado evitar, para no toparse con bandoleros, muy frecuentes, “especialmente en los coches en los que va un blanco”. Amadou le insiste en que es la única opción que hay, ya que pronto empezará el Ramadán, y durante el día, sin comer y con las altas temperaturas, su madre no aguantaría el viaje. Ella también les acompaña, ya que en la aldea es algo así como una reina: todo el mundo la respeta. 

El vehículo elegido para este “viaje epifánico” tampoco es el mejor, pues está algo destartalado y tiene una sirena de Policía para ahuyentar a cualquier maleante. “Cuando yo lo vi pensé, '¿qué estamos haciendo?'”, admite el escritor, que durante sus días allí se topó con todo tipo de escenas, algunas menos amables que otras. “Recuerdo cuando me querían quitar la cámara por hacer una foto a un tío. Amadou le agarró y casi lo mata. Nos fuimos corriendo y subimos a una moto. Por un momento pensé: 'Ya está, dos Bergareches muertos en África'.

Por supuesto, también hubo momentos mejores y en los que el escritor pudo comprobar de primera mano que la amabilidad y la generosidad muchas veces viene de los que menos tienen, como cuando lo trataron como un príncipe, dejándole incluso elegir qué ternero era el que iban a cenar ese día. Entre comida y comida, resultaba inevitable pensar en cómo su amigo decidió un buen día

En más de una ocasión, durante la documentación y la redacción del libro, Bergareche se hacía una pregunta: ¿quién tiene derecho a contar la historia de quién? “No podía hacer como Chaves Nogales con Juan Belmonte e inventarme su voz. No tenía sentido, además, que un blanco, hiper privilegiado, pusiera voz a un negro. Es por eso que pronto comprendí que la mejor opción era narrar todo en primera persona. Esta no es la historia de Amadou, es la de los dos, nuestro viaje. No pretendo contar sus vivencias, sino que él me las cuente a mí. Por eso este libro se podría decir que es, en realidad, una crónica”.

Muchos migrantes se esfuerzan por ser vistos como son y no como delincuentes”

En resumen, cuando le preguntan, Bergareche es claro: “Para mí el gran aprendizaje del libro es el tema de la dignidad. Es algo en lo que había pensado, porque doy por hecho mi dignidad, pero claro, cuando eres un negro que ha llegado nadando a Melilla, esta es una conquista importantísima”. Una lucha “constante”, invisibilizada la mayoría de veces, “pero hay cada día muchas personas, la mayoría migrantes, que se esfuerzan por tener una apariencia digna y ser vistos como son y no como delincuentes”.

Bergareche asegura haber aprendido a mirar más allá de lo que se ve, y reflexiona: “A los blancos no nos pasan grandes historias ya. No tenemos historias homéricas de seis o siete años, como Ulises. Las cosas que podemos narrar son más del estilo: el pueblo de mi abuela está deshabitado; o, he salido del armario. Que está bien, por supuesto, pero es imposible que lleguemos a entender este otro tipo de sufrimiento que se vive en otras partes del mundo. Nos falta más eso de ponernos en la piel del otro”.

Lara Gómez Ruiz
Lara Gómez Ruiz
Cultura

Lara Gómez (Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.