01Cuando tenía 24 años, Anselm Kiefer encontró en el desván de la casa familiar el viejo uniforme de la Wehrmacht de su padre.
02Una historia oculta y vergonzosa que el artista, que había nacido durante la caída del nazismo, no quería que cayera en el olvido.
03Así que se puso el abrigo y recorrió Europa tomando fotografías de si mismo mientras hacía el saludo nazi.
04Fue aquel un primer intento por no borrar la memoria colectiva tras el Holocausto.
Cuando tenía 24 años, Anselm Kiefer encontró en el desván de la casa familiar el viejo uniforme de la Wehrmacht de su padre. Una historia oculta y vergonzosa que el artista, que había nacido durante la caída del nazismo, no quería que cayera en el olvido. Así que se puso el abrigo y recorrió Europa tomando fotografías de si mismo mientras hacía el saludo nazi. Fue aquel un primer intento por no borrar la memoria colectiva tras el Holocausto. Una tarea que no ha abandonado nunca, dando forma a las ruinas del mundo moderno y despertando todos los horrores del siglo XX de manera poética, bella e impactante.
Anselm Kiefer durante una visita a La Pedrera para supervisar el montaje junto al comisario Walter Smerling, frente a una escultura de la serie 'Die Frauen Antike' Fundació Catalunya La Pedrera
La pregunta es siempre la misma ¿cómo se pudo llegar hasta allí? Pero Kiefer, que dice moverse en dos direcciones, “hacia el pasado y hacia el futuro”, no se limita a trabajar sobre las cenizas de las víctimas y los paisajes devastados de la historia sino que “su arte desentierra también mitos, tradiciones religiosas, textos poéticos y filosóficos, conocimientos científicos y recuerdos personales”, precisa Walter Smerling, gran experto en la obra del alemán y comisario de La vida secreta de las plantas , la exposición que reúne por primera vez en España un conjunto de vitrinas en las que, como si fueran “cápsulas de tiempo”, condensan los temas centrales de su obra.
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‘La vida secreta de las plantas’ reúne un conjunto de vitrinas en las que encapsula reliquias pasado
Ceniza, papel, purpurina, fuego, paja, flores secas, tierra, huesos, plomo, oro... Para las teatrales vitrinas, Kiefer toma los materiales que también forman parte de sus obras monumentales y construye con ellos una suerte de reliquias pasado o archivos de memoria con los que evoca desde las valquirias (sus vestimentas grises cubiertas de barro, cuyo mito parece haber sido definitivamente derrotado por el caos de la historia); una barco solar en alusión a un poema de Ingeborg Bachmann, embarrancado y cubierto de óxido pero dispuesto a volver a echarse a la mar; un hada amenazante como un espantapájaros; una destartalada caja de imprenta dedicada a su querido Paul Celan, que sobrevivió a un campo rumano de trabajos forzados y en 1948 publicó un poemario que seguidamente hizo destruir por los errores tipográficos; o la leyenda de Loreto, según la cual unos ángeles trasladaron a la población italiana la vivienda de la Virgen. “La fe y el arte pueden mover montañas aunque ambos sean una ilusión”.
Vista de la exposición con dos obras que hacen referencia a la leyenda de Loreto Llibert Teixido
Aunque son las vitrinas el eje central de la muestra, La vida secreta de las planta reúne también sus libros de artista y un ciclo de pinturas de gran formato, cuyo título inspira toda la exposición, The Secret Life of Plants, for Robert Fludd , planchas de plomo pintadas en las que trata de imponer un orden a la naturaleza (raíces, tallos, hojas de plantas o patos disecados) mediante los típicos números que llevaban los prisioneros nazis en los brazos. Como el astrólogo del siglo XVII a quien dedica las pinturas, que teorizó sobre el macrocosmos y el microcosmos, también para Kiefer “todas las cosas están entrelazadas, no solo en la tierra, sino también en el cielo...”
Las piezas que podrán verse en La Pedrera hasta el 24 de enero pertenecen en su mayoría a las colecciones de Hans Grothe, hijo de un minero de la cuenca del Ruhr que, en 2004, puso a la venta todas las obras de su fabulosa colección (Beuys, Baselitz, Richter...), con una excepción, las de Kiefer. Cuando le preguntaron por qué, respondió: “En treinta años nunca me ha aburrido”.
Algunas de las obras de la serie 'The Secret Life of Plants, for Robert Fludd Llibert Teixidó
Smerling, que es director del MKM Museum Küppersmühle de Duisburg, admite que todo en la obra de Kiefer está sembrado de múltiples referencias, ya sea históricas, literarias o filosóficas, pero no es necesario conocerlas para disfrutarla. “Cuando entramos en un espacio de Kiefer, nuestro sistema nervioso vegetativo se estimula. Y el sistema vegetativo no tiene nada que ver con la mente, con el cerebro, no podemos hacer nada por evitarlo. En Milán o en Ámsterdam el público estaba totalmente fascinado y ni siquiera sabía por qué, pero no podían evitarlo. Eso es lo más interesante de Kiefer y lo que lo hace único”.
Teresa Sesé
Cultura
Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Barcelona.
Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.