01La obra de Éric Vuillard (Lyon, 1968) se ha distinguido por aprovechar el curso de la historia y dar a conocer otra narrativa de esos hechos, como hizo en  Conquistadores,  sobre la expedición de Francisco Pizarro en Perú,  La batalla de Occidente  alrededor de la Primera Guerra Mundial o en la novela que le valió el premio Goncourt en 2017,  El orden del día, a partir de las complicidades entre los industriales alemanes y la subida del nazismo.
02En su última novela,  Los desesperados.
03Una historia de Billy el Niño  (Tusquets/Edicions 62) se centra en la figura mítica del antiguo oeste para indagar en los orígenes de la democracia y el capitalismo en Estados Unidos. “Deberíamos estudiar aquello que nos domina para intentar comprenderlo, y en particular los países y culturas dominantes, y desde la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética EE.UU. se ha convertido indiscutiblemente en el fenómeno social más importante en los últimos 150 años”, asegura el escritor, de visita a Barcelona. “Como en todo fenómeno dominante, Estados Unidos genera mitos muy poderosos sobre sí mismos, a los que ya me acerqué en Tristeza de la tierra, a través de Buffalo Bill”, explica.
04Ahora se centra “en el western y el mito del desperado, que es en parte contradictorio, violento y con un atractivo”, y especialmente, aunque de modo coral, en la figura de Billy el Niño.
La obra de Éric Vuillard (Lyon, 1968) se ha distinguido por aprovechar el curso de la historia y dar a conocer otra narrativa de esos hechos, como hizo en Conquistadores, sobre la expedición de Francisco Pizarro en Perú, La batalla de Occidente alrededor de la Primera Guerra Mundial o en la novela que le valió el premio Goncourt en 2017, El orden del día, a partir de las complicidades entre los industriales alemanes y la subida del nazismo.
En su última novela, Los desesperados. Una historia de Billy el Niño (Tusquets/Edicions 62) se centra en la figura mítica del antiguo oeste para indagar en los orígenes de la democracia y el capitalismo en Estados Unidos.
“Deberíamos estudiar aquello que nos domina para intentar comprenderlo, y en particular los países y culturas dominantes, y desde la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética EE.UU. se ha convertido indiscutiblemente en el fenómeno social más importante en los últimos 150 años”, asegura el escritor, de visita a Barcelona.
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“Como en todo fenómeno dominante, Estados Unidos genera mitos muy poderosos sobre sí mismos, a los que ya me acerqué en Tristeza de la tierra, a través de Buffalo Bill”, explica. Ahora se centra “en el western y el mito del desperado, que es en parte contradictorio, violento y con un atractivo”, y especialmente, aunque de modo coral, en la figura de Billy el Niño.
¿Qué le atrae de ese grupo de delincuentes buscavidas? “A partir del impulso emancipador de la Revolución Francesa, cuando se escribía sobre los criminales se hacía con compasión, se intentaba comprenderlos. Se puede decir que la literatura francesa casi nace con huérfanos y delincuentes, como la española con su Lazarillo”, señala Vuillard, para quien hoy ese impulso “se ha extinguido en parte y vivimos un momento de retroceso de las libertades y de la igualdad. En lugar de sentir curiosidad por esos delincuentes se les rechaza, limitándose a mirar a las víctimas y exigiendo condenas cada vez más severas para cualquier forma de delincuencia, como si se imaginara que se va a poder borrar la delincuencia de la vida social. Quizá porque tengo 58 años, he vivido una época en la que no se les trataba de la misma manera, y sigo apegado a esa apertura que nos permite acercarnos a la humanidad en todas sus facetas, incluidas aquellas que pueden darnos miedo”.
“El mito central de EE.UU. –dice–, supone el final de la unificación de su territorio, un momento muy particular en el que la colonización y el establecimiento de la democracia tienen lugar al mismo tiempo que surge en otros lugares, en Nueva York y en Chicago, una industria incipiente y muy potente. Es el nacimiento del capitalismo, de la democracia estadounidense y, al mismo tiempo, la fase final de la colonización”. Vuillard describe los pies de barro de un sistema en que “la desgracia de unos está relacionada con el enriquecimiento de otros de una manera muy directa”.
Billy el Niño ARCHIVO
El escritor francés sigue los pasos de Billy el Niño y sus compañeros, en especial de Jesse Evans, aunque ambos acaban en bandas rivales: “Se les puede comparar con los trabajadores precarios, feriantes o los temporeros, pero en su caso se dedican a las armas y los contratan distintos patrones. No tienen ideología y son libres para disfrutar a su manera, para estar juntos, para beber alcohol, para acostarse tarde, para levantarse tarde, para no obedecer. Y esa libertad les conduce a la muerte”.
“La colonización, con la masacre de los indígenas, libera una inmensa parte del territorio y ofrece oportunidades a todo el mundo, incluidos los pequeños delincuentes”
“Billy y los suyos han sido abandonados a su suerte muy jóvenes, sin nada, en un territorio peligroso, con adultos enzarzados en disputas económicas muy duras, en enfrentamientos violentos. La colonización, con la masacre de los indígenas, libera una inmensa parte del territorio y ofrece oportunidades a todo el mundo, incluidos los pequeños delincuentes; durante un breve tiempo esa gente disfrutará de una especie de libertad ilusoria de la que vemos un reflejo”.
Vuillard narra episodios míticos que tienen nombres bélicos y son poco más que tiroteos, y al narrarlos se da cuenta de que “Billy aparece en todos los testimonios, con muchos detalles, es muy espectacular, pero su presencia resulta totalmente prescindible para el resultado de la historia, que seguía siendo exactamente la misma. Al eliminar a Billy, la historia se hacía posible y en realidad era una insulsa historia de un ajuste de cuentas”. “En cierto modo, Billy es la literatura por excelencia, porque es un cualquiera, como Julien Sorel o como el Lazarillo”.
El narrador cree que “aunque sabemos muy poco de su vida, o tal vez también por esa razón, Billy fue elegido por la leyenda por unos rasgos personales. En primer lugar, hablaba español –sus últimas palabras parece que fueron en esta lengua–, lo que significa que había quedado relegado al último peldaño de la sociedad colonial, en situación muy precaria y marginal que habla la lengua de los conquistados. Además, es huérfano y no tiene ningún apoyo, y hay en él un componente de resistencia obstinada, de rebeldía, que atrae el mito”. Por otra parte, “cuando elige bando, acaba entre los perdedores, pero ahí se queda, y hay un componente de fidelidad que lo hace más atractivo”.
Francesc Bombí-Vilaseca
Cultura
Redactor de Cultura. Autor de 'Febre amb gel (Fonoll, 2023) y 'Roger Mas. La pell i l'os' (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.