La película Backrooms es la demostración de que no todos los adolescentes que entierran su juventud frente a un ordenador acaban con el cerebro frito. Aún hay esperanza. El filme tiene su origen en una creepypasta (historia corta compartida en la red, en plan leyenda urbana) que el youtuber Kane Parsons convirtió en un cortometraje titulado The Backrooms (Found Footage) en 2022, cuando tenía solo 17 años.
Cuatro años después, tras prolongar su obra en una serie de varias entregas, el mismo Parsons ha dirigido el largometraje Backrooms , que a día de hoy lleva recaudados más de 380 millones de dólares en todo el mundo. Lo protagoniza la estrella noruega Renate Reinsve. Él se ha hecho rico.
Puede seducir más o menos, pero la película no deja indiferente y tiene la virtud de aportar una nueva iconografía del infierno. Porque el inframundo de Parsons no está en la típica mansión romántica (la casa victoriana de Cheyne Walk, Londres, en Mariana Enríquez), ni en una costa remota (el Hades de Homero), ni tras una puerta discreta (el Teatro Mágico de Hermann Hesse), ni en las Coves del Drach (el acceso que concibió Robert Graves) ni en un lago remoto de Australia (cualquier película de adolescentes en celo que son abducidos de uno en uno por una fuerza oscura).
El arte vuelve al rescate de las tiendas del Gòtic en una hora crítica para el comercio
Al inframundo de Parsons se accede desde un desangelado centro comercial de una ciudad americana en los 90. Concretamente, desde una decrépita tienda de muebles que está a punto de cerrar, víctima de las grandes cadenas del sector. El propietario malvive en un sótano del mismo establecimiento para ahorrarse el alquiler. Se ha construido un dormitorio con restos de serie. Una noche, por casualidad, descubre que por una pared porosa se puede acceder a una sucesión infinita de locales amarillos semivacíos, donde solo se apilan algunos muebles abandonados y unos inquietantes maniquís.
Resulta sugerente esta idea de un infierno contemporáneo que no es otro que la ciudad desprovista de las tiendas que le insuflaban vida. El advenimiento de la urbe postcomercial . Las grandes superficies, primero, y la compra online, después, están arrasando con un paisaje comercial que a duras penas sobrevive en forma de negocios unipersonales.
Algunos barrios, como el Gòtic de Barcelona, sufren amenazas adicionales: la sensación de inseguridad en la calle y el monocultivo turístico –que arrasa cualquier atisbo de autenticidad– contribuyen al goteo de cierres. El problema trasciende a los vecinos: toda Barcelona debería implicarse para evitar que el corazón de la ciudad se convierta en un gueto de uso exclusivo para turistas.
Una política de éxito para rescatar centros históricos es llenarnos de cultura con la intención de atraer al resto de la ciudad hacia calles que ya ha dejado de visitar. Una iniciativa que cumple muy bien con esta función y que ya suma cinco años de vida es Aparadors Artístics. La produce Hänsel* i Gretel* en colaboración con Barna Centre y la Associació de Comerciants El Call Major, con apoyo municipal. A partir del martes, se podrá ver la intervención de una cuarentena de artistas en otros tantos escaparates del Gòtic.
Joan Fontcuberta, Daniel García Andújar, Perico Pastor, Guillermo Pérez Villalta, Jordi Alcaraz, Mónica Rikic, Patricia Dauder, Silvia Gubern, Lúa Coderch o Julia Crehueras son algunos de los artistas convocados. Con un doble objetivo. El primero: lograr que se desplacen expresamente hasta el centro los aficionados al arte y a las tiendas bonitas. El segundo objetivo: que los peatones ocasionales levanten la cabeza y dejen de mirar el móvil para fijarse en estos brotes de arte detrás del cristal, con la misma avidez con que el paseante de Robert Walser escrutaba la ciudad en una hermosa (y analógica) mañana.
En manos de los barceloneses (habituales o de paso) de otros barrios está conseguir que el centro no decaiga y no se transforme en una siniestra sucesión de backrooms . O peor aún: en la escalera de la saga REC de Jaume Balagueró.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.