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J.F. Yvars
Columnista

La fascinación de la diferencia

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Actualizado hace 1 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01En memoria de Artur Heras y Manuel Boix, maestros valencianos del arte sobre el tiempo El decisivo historiador del arte londinense Ernst H.
  • 02Gombrich analiza en un libro póstumo, y empiezo a pensar que definitivo,  La preferencia por lo primitivo  (2002), una completa selección de textos que transmiten las intuiciones del autor sobre la significación del primitivismo formal en el desarrollo del arte y la cultura visual contemporáneos.
  • 03Gombrich parte de la sorprendida constatación de un hecho histórico: el retorno de lo antiguo, primitivo, tosco e inacabado en la producción artística.
  • 04La percibe como una realidad recurrente en la historia del gusto en los años de consolidación de la modernidad y las vanguardias.Un momento histórico, además, caracterizado por la saturación formal de obras de la tradición artística occidental, cuyos resultados entiende el crítico como decadentes o quizás menguados de entidad humana.

En memoria de Artur Heras y Manuel Boix, maestros valencianos del arte sobre el tiempo

El decisivo historiador del arte londinense Ernst H. Gombrich analiza en un libro póstumo, y empiezo a pensar que definitivo, La preferencia por lo primitivo (2002), una completa selección de textos que transmiten las intuiciones del autor sobre la significación del primitivismo formal en el desarrollo del arte y la cultura visual contemporáneos. Gombrich parte de la sorprendida constatación de un hecho histórico: el retorno de lo antiguo, primitivo, tosco e inacabado en la producción artística. La percibe como una realidad recurrente en la historia del gusto en los años de consolidación de la modernidad y las vanguardias.Un momento histórico, además, caracterizado por la saturación formal de obras de la tradición artística occidental, cuyos resultados entiende el crítico como decadentes o quizás menguados de entidad humana.

Para Gombrich, la historia del arte relata la proyección sensible del progreso humano

Para Gombrich, la historia del arte relata la proyección sensible del progreso humano. El arte se sostiene gracias a una “serie de largos e inesperados hallazgos teóricos y evidencias psicológicas, perspectiva, escorzo, motivos conseguidos a lo largo del tiempo y con dificultad extrema en la mayoría de los casos por los cazadores prehistóricos que fantasean el perfil de un bisonte sobre los muros de una cueva, hasta alcanzar la pintura de Constable, diríamos. Construcción de nubes y arcoíris sobre la superficie del cuadro”. Un proceso de ilusionismo pictórico que sella el pacto arcaico entre conocimiento científico y habilidad perceptiva, al menos en la llamada tradición occidental, asegura Gombrich con empeño.

El arte, como demostración plástica de la simple observación, se construye a partir del ojo inocente educado en la búsqueda de soluciones a problemas de percepción y expresión visuales. En suma, subraya Gombrich, la evolución de la destreza y la pericia nos permite gozar de las abstracciones lumínicas de Turner, desarrolladas en paralelo con otra historia del gusto que destaca sobre la tosquedad, lo incompleto, tentativo e incluso inepto. Aquello que califica de primitivo.

Detalle de ‘Les demoiselles d’Avignon’, de Picasso 
Detalle de ‘Les demoiselles d’Avignon’, de Picasso MoMA

El audaz historiador del arte detecta y califica, perplejo, la incidencia que esta tendencia tendrá en el porvenir de la civilización actual. La historia contemporánea occidental se intercala en una considerable secuencia de “manierismos” que relatan la tradición de autocontrol, oficio y escuela en el curso artístico formado a lo largo de siglos de exigencia. Un modelo de aprendizaje que desautoriza el capricho y la invención gratuita para afirmar, con voz recia, la historia negada del arte, el gusto que hoy adquiere carta de legitimidad acaso con contundencia de largo alcance.

Asistimos hoy, incluso con entusiasmo, al abandono de las técnicas y saberes artísticos tradicionales, hecho que aceptamos como el síntoma de liberación creativa

 Asistimos hoy, incluso con entusiasmo, al abandono de las técnicas y saberes artísticos tradicionales, hecho que aceptamos como el síntoma de liberación creativa. Según el pesimista diagnóstico de Gombrich, sin embargo, se trata sencillamente de la prueba más rotunda del “todo vale comunicativo” que justifica la regresión y el primitivismo artístico y califica la versátil escena plástica de nuestro tiempo. Conviene recordar, con todo, que de la desautorización al exabrupto apenas media un palmo, como quedó demostrado a lo largo del espinoso, y en ocasiones sangrante, proceso de menosprecio y dignificación sucesivos del jazz en la periferia del imperio norteamericano en los años terribles de la Depresión.

Pero volvamos al argumento de esta nota. Es conocido de sobra el descubrimiento y la apreciación del arte primitivo o étnico, como cautamente se define hoy, que alcanzó a dominar el arte occidental, ya aburguesado y en aguda crisis identitaria, a través de la búsqueda e investigación de nuevas sensaciones estéticas y formas de expresión puestas en práctica valientemente por la generación de Henri Matisse, André Derain y Pablo Picasso, en este orden y hacia 1905.

La presencia expresiva y formal, la simbología figurativa de este arte extraterritorial produjo un fuerte impacto entre unos artistas ávidos de novedades y cansados de fórmulas de promoción y mercado, lo que provocó algo más que una simple convulsión estilística.

El ejemplo transparente es Les demoiselles d’Avignon (1906-1907), para entrar en Picasso. Las cualidades del arte étnico y la resuelta integración de motivos autóctonos y preclásicos en la modernidad inmediata lo hicieron posible. El protagonismo radical de Picasso en París resultó definitivo, hasta dejar claro el respeto generalizado por los lenguajes de una imaginación sensible que se sostienen y afirman sobre una narrativa de soluciones formales diversificadas, arriesgadas e incluso antagónicas con las funciones de la tradición clasicista, ya en el período de difusión colonialista europeo. Los artistas en alza debían aspirar necesariamente a convertirse en primitivos y recurrir a la mínima economía expresiva en función de la eficacia comunicativa de sus provocaciones. La fuerza expresiva, ahora directa y clara, que constituye el motivo de raíz del menospreciado primitivismo, según Gombrich entendió como nadie quizás en su tiempo.

J.F. Yvars
J.F. Yvars
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.