01Quién dijo que las newsletters  tenían los días contados?
02Ya saben, las publicaciones digitales que se envían por correo electrónico de forma periódica a una lista de suscriptores interesados.
03Las hay de todo tipo: gastronomía, política, cine, literatura… y hasta ganchillo.
04A lo largo de esta última época han sido muchos los gurús que predecían que estos boletines iban a llegar a su fin, un pronóstico claramente precipitado, basado en la deriva de los algoritmos que priman lo breve.
Quién dijo que las newsletters tenían los días contados? Ya saben, las publicaciones digitales que se envían por correo electrónico de forma periódica a una lista de suscriptores interesados. Las hay de todo tipo: gastronomía, política, cine, literatura… y hasta ganchillo. A lo largo de esta última época han sido muchos los gurús que predecían que estos boletines iban a llegar a su fin, un pronóstico claramente precipitado, basado en la deriva de los algoritmos que priman lo breve. Sin embargo, el auge y éxito en estos últimos tiempos de las newsletters que envían los medios de comunicación -como las de 'La Vanguardia', ya sea de sus firmas más destacadas o por secciones temáticas-, así como la buena marcha de plataformas que se dedican a ello, como Substack, Ghost, Beehiiv o Mailchimp, entre tantas otras, evidencia que el pronóstico era erróneo, pues cada vez son más los que se animan a buscar y leer textos largos en la red. En España, Substack es el más habitual entre los usuarios.
¿Qué ha cambiado? La socióloga Alba Colombo lo tiene claro: “Leer textos largos es una forma de rebeldía consciente para recuperar el control de la atención frente a redes y plataformas, la mayoría de las cuales están diseñadas para adictos a la distracción”. Y, para eso, las cartas son perfectas, ya sean digitales o físicas, pues parece que la nostalgia por la correspondencia de toda la vida también emerge, a juzgar por la cantidad de adeptos que tiene el hashtag snail mail, en referencia al correo postal tradicional.
Leer textos largos es una forma de rebeldía consciente para recuperar el control de la atención”
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El mundo de la cultura es seguramente el que mejor ha sabido integrar las misivas –las virtuales– en su día a día. No solo a nivel de instituciones sino que, también, de creadores de todo tipo: cantantes, dramaturgos, cineastas, artistas, escritores… “Ha sido una adaptación natural porque se recupera algo muy antiguo del mundo de la cultura: la relación directa entre quien crea y quien disfruta de lo creado, algo que se había resentido estos tiempos por culpa de la mal denominada economía de la atención. Se ha devuelto pues un espacio perdido”, reflexiona a La Vanguardia Marcos García Alonso, responsable de Substack en España.
Puede que los escritores sean la comunidad que más abunda por razones evidentes, pues están habituados como nadie a los textos largos. Algunos, incluso, aprovechan para publicar por fascículos sus nuevas novelas, como MacKenzie Scott, ex mujer del fundador de Amazon, Jeff Bezos, que emplea la citada plataforma para dar luz a su tercer libro, Last Days in Two Nations (A History in Eighteen Minds), sobre un Estados Unidos bajo el fascismo.
A la periodista Mar Manrique también le surgió una oportunidad editorial gracias a su boletín Fleet Street, dedicado a hablar de periodismo, medios y cultura digital. “En 2021, seis meses después de graduarme, empecé una newsletter porque me daba cuenta de que con el trabajo que tenía entonces no estaba haciendo lo que quería, que era ejercer el periodismo. Creí que esta era la forma de meter el pie en la profesión y de hablar de todo lo que daba vueltas alrededor de ella”, cuenta por teléfono, mientras aclara que esta “no es ni pretende ser una vía para sustituir los medios tradicionales, sino simplemente un canal más, complementario en la mayoría de veces. De hecho, los medios cuentan con sus propias newsletters, lo que demuestra que ellos también han visto en esta fórmula una manera más de llegar al lector”. Años más tarde de que Manrique empezara Fleet Street, un editor la animó a que todo aquel conocimiento que estaba divulgando, así como su propia experiencia, le diera forma de libro. Nació así Un trabajo soñado (Península), que llegó a las librerías en marzo.
Los hay también quienes prefieren mostrar en sus boletines una faceta más íntima que la que permiten sus artículos y ficciones. Milena Busquets fue una de las primeras escritoras españolas en usar Substack. La autora, que acaba de publicar Mujeres elegantes (Lumen), apreció rápidamente el encontrar un lugar donde “expresarse de forma libre y sin intermediarios de por medio”.
Algo que también valora Leticia Sala, que cada sábado a las 10 de la mañana llega al correo de sus seguidores con su newsletter Magical Thinking gracias a la misma plataforma. “El primer día que publiqué llegué a los 1.000 suscriptores. Me sentí muy agradecida pero, a la vez, tuve cierto respeto, porque escribir semanalmente suponía un compromiso grande. Pasados tres meses, vi que no solo podía seguir esta rutina sino que, además, me hacía mucha ilusión y me permitía explorar muchos temas. Decidí entonces ofrecer una suscripción de pago, con lo que me comprometía a que el contenido que llegara fuera de calidad”.
La escritora y artista Alejandra G. Remón, asidua a blogs y formatos largos, decidió, en cambio, sacar el contenido premium de toda newsletter que creara a partir de entonces tras sentir que ese compromiso con la periodicidad la ahogaba. “Estas publicaciones son una oportunidad más para conectar con los lectores, pero, cuando lo hago, aspiro a que sea algo genuino y no por obligación. Creo haber encontrado el equilibrio”, confiesa.
Fuera de España, escritores como Margaret Atwood (con su In the writing burrow) o Chuck Palahniuk (Plot Spoiler) también siguen esta tendencia, igual que otros artistas de alcance mundial, como la propia Rosalía, que envió por correo a sus seguidores la partitura de Berghain por correo antes de que lo compartiera días más tarde en el resto de sus redes. En su última publicación, donde recuerda que está de gira, admite que “la vida nómada no es para cualquiera” y añade: “La tour life no es una broma. Por eso intentas construirte un hogar allí donde vas, pero nada ni nadie te prepara realmente para construir y destruir tu casa cada día”.
Patti Smith prefiere llegar a los buzones online con vídeos, pues, en cierto modo los considera cartas. Los acompaña de textos, en los que profundiza sobre el tema que trata en cuestión, además de aprovecharlos para anunciar fechas de nuevos libros o actuaciones. “Anoche hicimos un gran trabajo en el festival de jazz de Gante”, celebra en uno de sus últimos e-mails, en el que también lamenta la muerte de Dolly Parton. Sus seguidores, y los de todos los anteriormente mencionados, están más cerca que años atrás de conocer un poco más a sus ídolos. O, al menos, de una forma distinta a la de hasta ahora.
Lara Gómez Ruiz
Cultura
Lara Gómez (Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.