Muerto el rey, alguien tenía que acompañarle en su viaje al más allá. Y se eligió a sus más leales sirvientes. Todos juntos fueron enterrados en los complejos funerarios de Abidos, construidos alrededor del año 3.000 antes de Cristo por los primeros gobernantes del Antiguo Egipto.
Los cuerpos fueron descubiertos durante las excavaciones realizadas por William Matthew Flinders Petrie en la década de 1920. El egiptólogo británico sospechaba que tantas personas no podían haber muerto por causas naturales simultáneamente, pero no halló pruebas que corroboraran la existencia de heridas mortales.
Asesinados deliberadamente
Ahora, una nueva investigación dirigida por la doctora Roselyn Campbell, de la Universidad de Purdue, ha evaluado los cráneos del yacimiento siguiendo métodos forenses modernos y ha revelado que al menos el 39 por ciento de estos individuos habrían sido asesinados deliberadamente mediante golpes en la cabeza.
Según explican los arqueólogos en un artículo publicado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology, Abidos fue construido por la Primera Dinastía del Egipto unificado. Además de las tumbas reales, los complejos incluían cámaras funerarias y recintos probablemente destinados a rituales, así como enterramientos subsidiarios que rodeaban dichas estructuras.
“Me sentí atraída por estos servidores en parte porque, aunque fueron sepultados junto a la realeza, suelen quedar relegados a notas a pie de página en la narrativa general”, recuerda Roselyn Campbell, que se preguntó “¿Quiénes eran estas personas y cómo percibían al gobernante y su propio papel en la vida y la muerte de este?”
Cada enterramiento subsidiario consistía en una cámara sencilla situada en una hilera junto a docenas de otras similares”, explica en un comunicado. “Algunas personas contaban con un ataúd sencillo. La mayoría tenía un ajuar funerario modesto, como vasijas de cerámica, y muchas tumbas incluían también pequeños objetos, tales como herramientas de cobre, puntas de proyectil o pequeñas figurillas de marfil”, señala.
Hace un siglo, Petrie halló algunas estelas funerarias con nombres y, en ocasiones, títulos oficiales. Dichos títulos parecen referirse mayoritariamente a funcionarios de rango bajo o medio, así como a artesanos. Algunos enterramientos reales están rodeados por cientos de estas pequeñas tumbas, lo que llevó a Petrie a sospechar que eran fruto del sacrificio de servidores.
«Esta práctica es un tipo de sacrificio humano en el que las personas cercanas a un gobernante son asesinadas cuando este fallece”, relata la doctora Campbell. “En muchas culturas se realiza debido a la creencia de que los individuos sacrificados seguirán sirviendo al gobernante en algún tipo de vida de ultratumba”, añade.
Este sacrificio, sin embargo, también puede constituir una demostración visceral del poder del gobernante. “Es posible que algunos servidores se ofrecieran voluntariamente a morir para alcanzar la vida eterna o el honor, mientras que otros pudieron haber sido elegidos o incluso obligados, indica la experta.
Flinders Petrie no halló pruebas de traumatismos mortales, lo que puso en duda toda su hipótesis. Para intentar resolver el misterio, Roselyn Campbell se propuso localizar los vestigios restantes de las excavaciones de 1920 y analizarlos aplicando conocimientos forenses modernos.
El fundador de la arqueología científica
El egiptólogo británico, considerado el fundador de la arqueología científica, llevó registros minuciosos, pero volvió a enterrar la mayor parte de los restos que excavó, conservando únicamente los cráneos, algunos de los cuales fueron enviados al Reino Unido.
Campbell localizó 46 de estos cráneos en la Colección Duckworth de la Universidad de Cambridge y los reexaminó, identificando nuevas pruebas cruciales de violencia. Dieciocho de los 46 cráneos presentaban signos de traumatismo craneal importante, fracturas lineales que Petrie habría confundido con daños de origen natural.
Los avances en ciencia forense permiten ahora reconocer estas heridas como lesiones perimortem. “Las que se observan en los cráneos conservados son, por lo general, fracturas lineales que probablemente provocarían una pérdida rápida del conocimiento, hemorragia interna y la muerte”, dice Roselyn Campbell.
La investigadora de a Universidad de Purdue también detalló la existencia de indicios de traumatismos por arma blanca o contusiones (lesiones por impacto de filo o golpe seco) en algunos de los 18 cráneos, incluida una herida por golpe contundente en la zona ocular de un individuo.
Reyes egipcios golpeando con una maza
“Desconocemos cómo se produjeron estas muertes, aunque a menudo se representa a los reyes egipcios golpeando a sus enemigos con una maza. Pero estos servidores no eran sus enemigos y el impacto de una maza, además, habría causado fracturas con hundimiento”, afirma.
Las fracturas lineales suelen producirse por el golpe de un arma ancha y plana o por una caída. Sin embargo, una caída lo suficientemente fuerte como para provocar una fractura craneal probablemente habría roto otros huesos, lesiones que deberían haber sido visibles en las fotografías de Petrie o haber quedado registradas en sus notas.
“Tampoco sabemos qué ocurrió con el resto de los servidores. Es posible que algunos fallecieran por causas naturales. Y es posible que murieran de una forma que no deja huellas en el esqueleto —como por asfixia— o de una manera que podríamos detectar si tuviéramos la oportunidad de examinar el resto de sus restos óseos. Si dispusiera de recursos ilimitados, ¡me encantaría averiguar dónde podrían encontrarse los cuerpos de estos individuos y analizarlos!”, concluye.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.