En el 2006, El diablo viste de Prada abrió una ventana al fascinante y despiadado mundo de la moda a través de los ojos de la ingenua y “mal vestida” Andy Sachs (Anne Hathaway). La joven conseguía el empleo que “toda chica mataría por tener”, ser la asistente de Miranda Priestly (Meryl Streep), la temida editora de la revista Runway . Dos décadas después, los personajes regresan a escena, aunque el sistema que los definía ha mutado. Los maltratos laborales están terminantemente prohibidos; la legendaria edición de septiembre, antes símbolo de poder, es ahora visiblemente más delgada; y el presupuesto para chóferes y almuerzos en Smith & Wollensky ha desaparecido. Al menos, en el mundo editorial. “¿Recuerdan cuando las revistas eran importantes?”, lanza el personaje de Emily Blunt. Las tornas han cambiado: Emily ya no forma parte de Runway y ahora es una ejecutiva en Dior.
A diferencia de la entrega original, basada en la novela de Lauren Weisberger, El diablo viste de Prada 2 apuesta por una historia inédita. Si la primera retrata el esplendor de una de las industrias más prósperas de los años 2000, aquí el foco se desplaza hacia el declive del periodismo y la transformación de los medios. “El panorama mediático y, en realidad, cualquier ámbito, los negocios, la vida, la música, el arte, el cine... está siendo socavado. Ahí es donde empieza la película, y a partir de ahí vemos qué hacen estos personajes con ese nuevo contexto”, adelantó Streep en una entrevista.
Los personajes de Anne Hathaway, Meryl Streep, Emily Blunt y Stanley Tucci regresan a escena Dos décadas después
Stanley Tucci regresa como Nigel, acompañado por Tracie Thoms y Tibor Feldman. Entre los nuevos fichajes destacan Lucy Liu, Kenneth Branagh y Simone Ashley. Se echa en falta la ausencia de la diseñadora de vestuario Patricia Field, sustituida por Molly Rogers. A diferencia de entonces, cuando Field tuvo que esforzarse por convencer a las grandes marcas de prestar sus prendas a una película que podía incomodar a la editora de Vogue , Anna Wintour, Rogers cuenta con el respaldo de la industria. El resultado es un vestuario extravagante y vistoso, pero que carece del carácter icónico y atemporal de la primera.
La película despliega numerosos guiños para sus seguidores. Si bien Andy aseguraba haber dejado atrás todo su antiguo vestuario, un pequeño vestigio sobrevive. Hacia el final de la película se la ve con un chaleco que parece haber sido un jersey. No es azul, ni turquesa, ni lapislázuli. “Es, en realidad, cerúleo”.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.