Esta es la historia de Félix, un dibujante de cómics que acaba de hacer su gran obra. No le cabe duda: su nuevo cómic es una obra maestra. Pero Félix tiene también otra particularidad, Félix está muerto. Murió en extrañas circunstancias con su obra bajo el brazo. Quien nos lo cuenta es el propio Félix, porque ha podido volver al mundo después de muerto. Eso sí, ha regresado en forma de esqueleto. “Sin el envoltorio de carne, el frío es espantoso”, reconoce.
Pep Brocal ofrece en Anatomía de un esqueleto (Astiberri) un drama existencial en siete actos —así lo presenta el propio autor— que se convierte en un imaginativo y adictivo thriller detectivesco sobre esa obra maestra desaparecida. Una trama hábilmente atravesada por el humor, las reflexiones filosóficas y multitud de guiños al cine y a los tebeos que incrementan el placer de esta lectura.
En estas páginas hay referencias directas a artistas de las viñetas como Herriman, Schulz, Kurtzman o Franquin, situados como maestros y referentes del protagonista cuando busca inspiración. Y referencias indirectas, como el Master Race de Bernie Krigstein. También hay guiños al cine o a la literatura, nunca gratuitas, siempre perfectamente integradas en el hilo de la historia. Analogías que dan hondura al relato y le aportan ese punto de humor siempre presente en la obra de Brocal y que tan bien funciona aquí para que este cómic se lea de un soplo.
Entre las referencias literarias aparece la figura, gigante, de Franz Kafka. Una referencia que viene aún más a cuenta en esta historia de tebeos pues a Kafka le gustaba expresarse a través del dibujo, unos dibujos esquemáticos, minimalistas, que en estas páginas cobran vida como personajes de viñeta en una secuencia que, por si sola, resume la inteligencia, la originalidad y la riqueza plástica de Anatomía de un esqueleto.
Hay asimismo destacados guiños cinematográficos como ese personaje de la Muerte con rasgos de Lauren Bacall (“más bien Veronica Lake”, matiza ella) que entabla conversación con Félix en una secuencia dibujada en color azul sobre un llamativo fondo amarillo. Un escenario desértico, vacío, en donde la Muerte ha venido a buscar a Félix. Él le explica que no le va bien morirse ahora, pues acaba de terminar su obra maestra. Y la Muerte siente curiosidad y le deja regresar a la Tierra para aclarar sus asuntos.
Félix ha podido volver al mundo después de muerto, pero en forma de esqueleto
Ahí empieza una aventura que sirve al autor para reflexionar, con humor, sobre la inspiración, la creación artística, la fama y la posteridad, al tiempo que lanza una mirada llena de sorna hacia las interioridades del mundo editorial.
Con un dibujo muy depurado, de trazo humorístico y línea clara en su base, Pep Brocal juega hábilmente con la composición de la página y con el color, como ya hizo en otras obras tan apreciables como Inframundo o la todavía muy reciente Caridad del Río. Se nota que la amplia experiencia de Brocal en el mundo de la ilustración y en técnicas como la serigrafía le han aportado un conocimiento que ahora despliega con naturalidad como un mecanismo plástico y narrativo perfectamente integrado a su estilo.
Es una delicia ver cómo Brocal dibuja esa ciudad ruidosa y abigarrada (como si fuera un cuadro de George Grosz) o cómo retrata esos tejados por los que salta el esqueleto (al más puro estilo de un tebeo de Bruguera).
Anatomía de un esqueleto es un cómic que atrapa en su lectura y que invita a la relectura por el puro placer de disfrutar de su ingeniosa fantasía, de sus ágiles diálogos y del poderoso universo visual que exhibe. Una agradabilísima lectura. Un acierto de principio a fin.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.