Del retrete a la bañera o los horarios de comidas: lo que pasa en tu casa define el mundo
Dormitorio, baño, salón y cocina son escenarios de nuestra vida cotidiana, pero también son mucho más que eso: son nuestra historia comprimida entre cuatro paredes; dos libros estudian su evolución cultural
Este grabado francés del siglo XVIII muestra un dormitorio de un aristócrata, de grandes dimensiones y con cama de dosel Getty
01Los reyes del pasado disponían de ayudas de cámara, doncellas, camareros y en Gran Bretaña, además, de un encargado de su, o sus, taburetes de las heces, unos retretes primitivos: Enrique VIII disponía de varios, tapizados en terciopelo y rellenos de plumas de cisne.
02Contra lo que pudiéramos pensar, el del taburete era un puesto muy cotizado en la corte, ¿puede haber momento de mayor intimidad que ese?
03¿Qué confidencias no se le escaparían a los monarcas en circunstancias tan privadas?
04Los cortesanos con suficiente categoría, además de aspirar a cuidar del taburete, disponían de sus propios orinales en sus dormitorios, y los encargados de estos y el resto del personal usaban un retrete comunal, llamado Casa del Alivio, capaz de alojar a catorce personas al mismo tiempo.
Los reyes del pasado disponían de ayudas de cámara, doncellas, camareros y en Gran Bretaña, además, de un encargado de su, o sus, taburetes de las heces, unos retretes primitivos: Enrique VIII disponía de varios, tapizados en terciopelo y rellenos de plumas de cisne. Contra lo que pudiéramos pensar, el del taburete era un puesto muy cotizado en la corte, ¿puede haber momento de mayor intimidad que ese? ¿Qué confidencias no se le escaparían a los monarcas en circunstancias tan privadas? Los cortesanos con suficiente categoría, además de aspirar a cuidar del taburete, disponían de sus propios orinales en sus dormitorios, y los encargados de estos y el resto del personal usaban un retrete comunal, llamado Casa del Alivio, capaz de alojar a catorce personas al mismo tiempo. Para los demás, quedaba el monte.
Las clases sociales retratadas en su escala de acceso a los bienes materiales más básicos y próximos: lo que sucede en el interior de una casa no se queda en ella, sino que define el mundo exterior, la configuración de las familias, los roles de género, las disponibilidades económicas. Los seres humanos nacemos y morimos, y mientras también comemos y bebemos, eliminamos lo sobrante de lo anterior, dormimos y tenemos sexo, todo lo que sucede alrededor de estas funciones conforma nuestras circunstancias, y viceversa. Por eso libros como los recién publicados Si las paredes hablaran. Una historia íntima del hogar, de Lucy Worsley (Capitán Swing), y ¿Cuándo se come aquí? Breve historia cultural del horario de las comidas, de Alessandro Barbero (Altamarea) no constituyen solo una sucesión de datos, explicaciones y anécdotas, muy interesantes, eso sí, en torno a la vida cotidiana de las personas en su núcleo, el hogar, sino que a través de ellos figuran decisiones políticas, actitudes sociales y medidas económicas. Todo, en realidad.
Grabado de una cocina en 1518. En el mismo espacio se destripaban las piezas, además de cocinarlas Culture Club / Getty
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Un ejemplo son las innovaciones destinadas a “hacernos la vida más fácil”, como reza la publicidad. Si las paredes hablaran se centra en Gran Bretaña, pero lo que cuenta no tiene fronteras. Pongamos el caso del inodoro. La solución del monte funcionaba en el campo, pero las ciudades eran el territorio del “agua va” hasta el alcantarillado y la popularización del inodoro con cisterna, tan higiénico y práctico. Sin embargo, este podría haberse introducido doscientos años antes, porque a finales del siglo XVI sir John Harrington ya instaló uno en su vivienda, con capacidad para veinte usos antes de su descarga.
Su adopción hubiera aliviado al servicio encargado de su limpieza, en el caso de las clases altas generalmente femenino y conocido como “mujeres necesarias”, que el nombre lo dice todo, pero por una parte el país no andaba escaso de servicio y por otra en las ciudades abundaban los pozos negros, aunque estos fueran un nido de enfermedades de todo tipo. No fue, en el caso de Londres, hasta el Gran Hedor de 1858, cuando en un día terriblemente caluroso el Támesis empezó a desprender un olor tan espantoso que llegó a la sede del parlamento. Sus señorías entonces tomaron nota, explica Lucy Worsley.
⁄ El salón medieval, en el que se cocinaba, se comía y se reunían las personas se convertía por la noche en un gran dormitorio
La distribución de las habitaciones de la casa y sobre todo su evolución es también la evolución de la sociedad. Los actuales salón, comedor, cocina y cuarto de baño no siempre fueron así, ni siquiera en los palacios. El gran salón medieval, en el que se cocinaba, se comía, se reunían las personas y en muchos casos también se trabajaba se convertía por la noche en un gran dormitorio, las camas eran sacos rellenos de paja o heno; un mundo comunitario pero estrictamente jerárquico: un viajero en la Irlanda ya del siglo XIX escribió que las familias se acostaban “en orden, la hija mayor junto al muro más alejado de la puerta, a continuación todas las hermanas de mayor a menor, después la madre, el padre y los hijos, luego los desconocidos, ya fueran vendedores ambulantes, sastres o mendigos”. Curiosamente, eran los padres quienes decidían si querían dormir con alguno de sus hijos, no al revés como en la actualidad, lo que muestra la distinta consideración que ha tenido la infancia.
¿Y la privacidad? Una de las grandes invenciones europeas en la baja edad media fue la cama con dosel, que se acabó convirtiendo muchas veces en el artículo más caro de una casa, proporcionaba cierta intimidad a quienes dormían en ella y ayudaba a conservar el calor, además de proteger a sus ocupantes de los insectos y suciedad que caían de los techos... en el siglo XVII las casas de cierto nivel, no necesariamente ricas, contaban ya con un primer piso con diferentes dormitorios pero que, ay, se comunicaban entre sí, para acceder al tercero había que pasar por el primero y el segundo.
El deseo de privacidad de nuevo llevó ahora en el diseño de las casas a crear espacios solo para la circulación: habían nacido los pasillos. También los dormitorios fueron perdiendo sus múltiples funciones anteriores, muchas sociales, desde reuniones de negocios hasta meriendas, en favor del salón de casa, que empezó a ganar espacio en detrimento de los anteriores. Que actualmente los dormitorios sean minúsculos responde a otra cuestión, la económica.
Molinillo de café, Alemania; lámpara, siglo IX; llaves, Londres, siglo XVIII; bandeja para el horno, Gran Bretanya, s. XIXGetty
Los medievales no fueron esos seres brutos y sucios cuya imagen ha consagrado el cine, sino que se lavaban como podían, con jofainas y palanganas, incluso en baños públicos, hasta que estos adquirieron mala fama como lugar de encuentro, y más cosas, de distintos sexos. Después llegaron los doscientos años sucios , desde alrededor de 1550 hasta 1770, en que “el lavado de todo el cuerpo se consideró en gran medida extraño, erótico y peligroso”, explica Worsley. Con la Ilustración nuevas ideas sobre la enfermedad y la medicina devolvieron el agua a las casas y no solo para cocinar, pero los baños no se popularizaron hasta la llegada de la bañera con grifos y agua corriente, algo que de nuevo se postergó más de la cuenta por el coste relativamente bajo del servicio, que era quien acarreaba los cubos de agua caliente arriba y abajo.
Los dormitorios tipo suite, con cuarto de baño incorporado, nacieron en EE.UU. sobre 1920 gracias a los hoteles. El libro se adentra también en las prácticas y relaciones que tenían lugar en aquellas estancias, nacimientos, encuentros, bragas o artefactos para evitar la masturbación, también de ellos, sobre todo de ellos... hasta las dentaduras postizas y los paños menstruales circulan por estas páginas.
⁄ Lucy Worsley indaga en los hogares en un libro repleto de información, Alessandro Barbero en los horarios de comidas
Las cocinas fueron escenarios de innovaciones y cambios, y resultado de comercios y batallas lejanas, para proveerse de productos y materias, y cercanas, como quién cocina y quién tiene acceso a los alimentos. En las mansiones las cocinas fueron masculinas hasta el siglo XVII, hasta que la deserción de los jóvenes, que veían más oportunidades en la abogacía o la medicina, mientras que en los estratos sociales más bajos siempre fueron las mujeres quienes se ocuparon de estos menesteres.
También la clase influía en la distribución de espacios, en los palacios las cocinas estaban separadas de los salones, mientras que en los hogares humildes desde el medievo la única habitación de la casa era la cocina, donde se encontraba el fuego, tan importante que en los primeros censos no se contaban casas ni personas, sino hogares. ¿Cuál es el futuro de la cocina en el siglo XXI? ¿Crear comidas para pequeñas unidades familiares o caer en desuso ante la irrupción de las comidas preparadas fuera del hogar, que ahorran tiempo y trabajo?
Un grabado de 1547 muestra al matemático griego Arquímedes tomando un bañoPrint Collector / Getty
Alessandro Barbero se centra en el periodo entre finales del siglo XVIII y principios del XIX para indagar sobre los cambios de horarios de las comidas; anteriormente, la comida importante se hacía al mediodía, y quienes podían permitírselo ingerían grandes cantidades de alimentos: nunca menos de cuatro o cinco platos, de los que dos al menos eran de carne. En ¿Cuándo se come aquí? el autor constata que los horarios de las comidas son una construcción cultural y cambian no solo de un país a otro, sino también de una clase social a otra. Fueron las clases altas las que fueron atrasando cada vez más el horario de esta comida principal, y con ello toda la organización de la jornada, por diferentes razones, entre ellas el esnobismo, diferenciarse de las clases trabajadoras. Las que tienen que madrugar y mirar el reloj, o el móvil.
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.