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Una angustia, no por ficcional, menos real

El Eixample es una colmena de jóvenes inquietos, aficionados al arte, la música y la literatura, que Etna Miró describe con humor en su primera novela

Una angustia, no por ficcional, menos real
Etna Miró Marina Miguel Pavia
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Actualizado hace 29 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Hace unos años, estaba jugando al parchís con un amigo historiador, mi novia y la novia del amigo, que era bastante más joven que nosotros y que estudiaba Románicas, que en aquellos tiempos era el Rolls-Royce de las filologías.
  • 02Cuando no sé quien sacó tres veces el seis la chica gritó: “¡un Gabriel Ferrater!”.
  • 03En nuestra generación, una broma así hubiera sido impensable.
  • 04La literatura era, o bien una cosa seria o un tema de peleas alcohólicas y desautorizaciones radicales.

Hace unos años, estaba jugando al parchís con un amigo historiador, mi novia y la novia del amigo, que era bastante más joven que nosotros y que estudiaba Románicas, que en aquellos tiempos era el Rolls-Royce de las filologías. Cuando no sé quien sacó tres veces el seis la chica gritó: “¡un Gabriel Ferrater!”. Me quedé muy sorprendido. En nuestra generación, una broma así hubiera sido impensable. La literatura era, o bien una cosa seria o un tema de peleas alcohólicas y desautorizaciones radicales. No era un “costum pacífic, de compliment i teles”, que diría Estellés. Conectar una jugada de parchís con el suicidio de Ferrater nos introducía en otra dimensión pos-posmoderna.

Me lo ha recordado la verbena de San Juan del final de Amèlia de les Camèlies , la primera novela de Etna Miró (Barcelona, 2001), máster de Teoria Literaria i Literatura Comparada, que ahora es el Rolls-Royce de los estudios literarios, autora de una tesis doctoral sobre Proust. El plato fuerte de la velada, gran idea de la protagonista, es un bingo con frases de Mercè Rodoreda, seleccionadas de una cuenta de X y escritas en unas grandes tarjetas de color rosa. Es el mundo cerrado, endogámico, pero divertido, de los estudiantes de literatura que todo lo pasan por el filtro de sus aficiones y relaciones.

⁄ Es una novela muy bien hecha, movida, con subidas y bajadas, pero muy leíble, aplaudible y recomendable

Lo maravilloso de Amèlia de les Camèlies es que no es un peñazo, ni una ristra de bromitas literarias sin substancia, ni una novela previsible sobre la crisis de los veinticinco años (sí, sí, lo han oído bien, de los veinticinco). Es una novela muy bien hecha, movida, con subidas y bajadas de intensidad y de interés, como es natural, pero, en conjunto, muy leíble, aplaudible y recomendable. Si juegas a las comparaciones con otros libros que se le parecen de profesores y agregadas de prensa (es un juego que me gusta, ya saben), gana por goleada. 

Vayan a la librería, hojeen el primer capítulo en el que se presenta a la protagonista y ya me dirán. Por ejemplo, cuando habla de las ortodoncias como símbolo de una generación. Más que una expresión de felicidad real, las sonrisas de dentaduras perfectas de chicos y chicas son la fantasmagoría de las exigencias aspiracionales de las familias respectivas. ¡Opa! Esto está muy bien dicho y pensado.

¿Y el final del capítulo? Después de reflexionar, que si voy que si vengo, con la crisis de la protagonista, llega a la conclusión de que el desastrito “en comptes de sacsejar-li res, l’arrelà encara més en els seus valors relatius, en els seus convenciments oportunistes i en les seves veritats de circumstància”. Es decir: en el primer capítulo, Miró ha descrito el personaje –con muchos pliegues y minucias– y ha enunciado el tema de la novela. 

Pero en lugar de matarla y convertir lo que sigue en una repetición de lo que ya se ha dicho, da marcha atrás: la acción que empieza a partir del segundo capítulo reproduce, amplificado, lo que el primero ofrece en síntesis, com un concentrado o un emblema.

Esta intensidad y esta calidad se mantiene cuando cuenta la inauguración de un piso en la calle de Enric Granados, la presentación del primer libro de un héroe de Twitter, la visita a la casa del héroe, en Vic, donde vive afectadamente su exilio, las clases del profesor pesadito Jordà Gavaldà, una visita a una expo del MNAC o unas copas de sidra en el comedor de la Sala Beckett. O el episodio estrella: el encuentro del Cercle Rodoreda, con una burla de todo lo rancio, hipócrita, falaz y risible que subyace en lo que la autora llama el rodoreig y las rodes de molí del rodorerisme. 

Amor, amistad, cooperación y competencia no son un complemento y proporcionan una tensión al libro que es lo que –finalmente– nos devuelve al punto de partida: el desengaño.

Todo escrito con naturalidad, una prosa trabajada con largos periodos, y humor. Etna Miró sostiene que la palabra Eixample no viene de eixamplar , sino de eixam (enjambre). Más que en una colmena, los personajes de Amèlia de les Camèlies me han hecho pensar en las avispas alfareras que crean sus nidos (uno para cada avispa) en una especie de ánforas de barro, que pegan a las cubiertas de libros viejos. 

Etna Miró Amèlia de les Camèlies Cap de Brot. 295 páginas. 21 euros

Julià Guillamon
Julià Guillamon
Cultura|s

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.