La serie Beef ya estableció en su primera temporada, que tenía como protagonistas a Ali Wong y Steven Yeun, cómo el racismo y el clasismo vertebra cualquier interacción entre dos humanos en una gran urbe. Temáticamente independiente de la primera, la segunda temporada, que tiene un potente cuarteto protagonista (Oscar Isaac, CareyMulligan, Cailee Spaeny y Charles Melton) añade otra variante para la bronca: el cisma generacional. Con su poster de Coachella enmarcado, su afición a los podcasts de crecimiento personal, su añoranza del MDMA y su sueño de levantar un Bed&Breakfast con huerto y cojines dolorosamente estilosos, los personajes de Isaac y Mulligan –ella está especialmente heladora como pija británica venida a menos– representan lo que se ha venido a llamar el “millennial cringe”. O, dicho de otra forma, la patética vergüenza que representa siempre tener cuarenta y tantos años, cuando las modas que te formaron sonrojan a los jóvenes de verdad. La otra pareja, la formada por Melton y Spaeny, también tiene lo suyo como representantes de la picaresca de la generación zeta. La banda sonora tiene un papel importante en ese choque, encarnado en una escena memorable con la banda Hot Chip, estrellas de los festivales dosmildieceros, una mención clave a LCD Soundsystem y canciones de The Rapture, Father John Misty y Phoenix, que pondrían nostálgicos a los millennials viejos.
QUIÉN HABLA POR Y DE FELICIDAD BLANC
Cincuenta años después del estreno de El desencanto de Jaime Chávarri, la figura de Felicidad Blanc, la matriarca del clan Panero y muchas veces considerada “artista sin obra”, sigue generando el mismo efecto magnético. Cátedra publica, con edición revisada de Virginia Trueba Mira, las memorias Espejo de sombras. El libro se publicó un año después de la película, en 1977, y se compuso por un procedimiento curioso, que ha hecho que se denomine a veces heterobiografía. La feminista catalana Natividad Massanés Paradell (1924-2012) regresó a España en los setenta tras años en Argentina y Estados Unidos (como una Natàlia de Tiempo de cerezas) y quiso publicar una serie de biografías de mujeres silenciadas que encontraba “fascinantes”. La primera de su lista: Felicidad Blanc. El primer encuentro entre las dos mujeres no fue del todo bien. Blanc dijo que vale a la biografía, pero que la escribiría un amigo de sus hijos. Massanés se negó. Encontró a Blanc “culta e inteligente” pero también “narcisista e influenciable”. Finalmente se pusieron de acuerdo para hacerlo juntas. Blanc hablaba, con esa prosodia suya tan singular, y Massanés grababa. Luego ambas reescribían la transcripción. Massanés prologó el libro y dio un sentido más ortodoxamente feminista a las palabras de Blanc, que seguía de esta forma “siendo hablada por otros”, a decir de Virginia Trueba.
80 PERIODISTAS ENFADADOS
Ochenta periodistas cabreados son muchos periodistas cabreados. Enel 2020, el periódico húngaro Index.hu cayó en manos de un acólito de Vicktor Orbán y la redacción entera respondió dimitiendo y tratando de fundar su propio medio independiente. Lo que daría para una historia de coraje y resiliencia también sirve para un relato de control de los medios y de nuevo (y viejo) autoritarismo, ya que los redactores chocaron una y otra vez con los resortes del recién defenestrado Orbán. Todo eso se cuenta en el documental 80 angry journalists, que se podrá ver esta semana en el festival Docs Barcelona, y sirve como interesante y realista contrapunto a las habituales ficciones estadounidenses sobre corajudos periodistas que se enfrentan al poder, y ganan. Además de este filme, el Docs viene con una programación variada y nutritiva y con una gran agenda de actividades paralelas. Todas las proyecciones se distribuyen por ocho espacios de la ciudad, incluidos Casa Montjuïc, el Zumzeig y el recién remozado Phenomena
ARQUITECTOS EXPRIMIDOS
La agencia Xavier Nolan no existe (¿o sí?) pero se parece a cualquier cualquier despacho de un arquitecto estrella: la sede es impactante, al jefe se le ve poco y el trabajo ingente –constantes concursos para ganar grandes encargos en los que se compite siempre con los otros estudios de arquitectos estrella– lo sacan adelante una masa internacional de jóvenes becarios exprimidos que terminan su beca en la agencia quemados, deprimidos, adictos, odiando su profesión o todas las anteriores. Eso es lo que retrata Danicollaterale en el cómic No me da la vida (Salamandra Graphic). El autor, que es también arquitecto de profesión, se basó en sus propias experiencias y en ls de muchos de sus compañeros para dibujar una novela gráfica con un lenguaje visual que bebe del estilo de los delineantes.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.