Després del naufragi de Albert Sánchez Piñol (Barcelona, 1965) me ha planteado un par de dudas extraliterarias. Si en las entrevistas el autor no hubiera contado a diestro y siniestro que la novela es una fábula sobre el procés, que Jon Quer es Oriol Junqueras y Karl van der Berg, Carles Puigdemont, los –digamos– lectores de buena fe, ¿lo habríamos pillado a la primera? Es una duda que va más allá de Després del naufragi. Escribes un libro al estilo de los autores rusos que te gustan, simulando que se trata de una traducción. Pero nadie lo lee como esa traducción imaginada porque, de entrada, se convierte en “un libro que imita a los rusos”. ¿Qué más da que el autor no lo diga en las entrevistas? Alguien lo ve y enseguida se sabe. De manera que el libro no es lo que el autor quería que fuera, sino algo más dirigido y menos ambiguo: más pequeño.
La otra cuestión es: si yo fuera un autor que escribe fábulas con un significado político, sobre la alteridad y el poder, ¿cómo querría que se publicasen? ¿Con unas cubiertas que los hicieran caer del lado de los libros de aventuras o de la literatura en general? Després del naufragi es una obra que, de la puerta hacia fuera, es una novela política, mientras que físicamente es un libro de aventuras, con orlas tipográficas e ilustraciones de Franc Aleu inspiradas en los grabados de las ediciones clásicas. Si hubiera sido al revés, no sé si habría sido mejor o peor: juzguen ustedes. Me imagino un libro con una cubierta estilo Gallimard y unas entrevistas diciendo que detrás de aquella presentación late la ficción, aventuras, la ballena maléfica que vuelve a pegar coletazos, un narrador recuperado de uno de los grandes clásicos, porque la historia de Moby Dick –limpia de erudición ballenera– nunca se olvida.
Sánchez Piñol tiene la virtud de no querer complicar excesivamente metáforas ni tramas: sabe que la novela de acción tiene unas normas y las sabe actualizar muy bien
Como Francesc Serés, Sánchez Piñol vivió con intensidad el procés, se comprometió, no es un inocente que se chupa el dedo. Victus (2012), que para mí es lo mejor que ha escrito, noveló la caída de Barcelona, introduciendo elementos de reflexión que conectaban con la realidad del momento, sin que se impusieran sobre los aspectos propiamente literarios. Aquí manda la metáfora política. Sin entender que las aventuras náuticas describen las peleas en la dirección del procés, al papel de las bases, los escépticos y los que de verdad se lo creían, no sé si la historia por sí misma tiene nervio suficiente.
Sánchez Piñol tiene la virtud de no querer complicar excesivamente metáforas ni tramas. Sabe que la novela de acción tiene unas normas, que ha sabido actualizar muy bien. Si quiere que el lector se reconozca en el narrador, Ismael, un hombre culto, le basta con hacerle citar dos o tres veces a los clásicos: frases breves, bien seleccionadas: ya te has situado y no se necesita más. Platón: “Els governants haurien de ser els únics homes a qui es tolerés el privilegi de poder mentir”. El elemento fantástico tiene un peso importante, con una referencia a las puertas de la percepción que abren las drogas. Tiene un humor fino: cuando los tripulantes del Lònia confunden la ballena Moby Dick con el gran atún Tut. La reacción de Moby Dick se produce porque los tripulantes del Lònia piden demasiados atunes al mar (el pacto fiscal). También tiene un humor triste, a veces grotesco, y en la relación con Mel, una chica que actúa en un cafetín y que acaba empuñando el arpón, una nota biográfica sentida.
Albert Sánchez Piñol es como un Cy Endfield (el director de Zulú, de 1964): puede pasarse dos horas escribiendo escenas de guerra. Las páginas de acción, hacia el final de Després del naufragi, son las mejores. Eso y el sueño en el que Ismael imagina que se lo ha tragado Moby Dick y que ha ido a parar a la bolsa donde almacena, antes de expulsarlos, los huesos de los calamares que se ha zampado. Una buena versión cargada de ingenio y de humor desengañado de la papelera de la historia.
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Albert Sánchez Piñol. Després del naufragi. Univers. 296 páginas. 21,75 euros

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.