La desternillante comedia de Marta Buchaca en que un abuelo responde a la pataleta de su nieto con una bofetada, generando un gran debate entre sus familiares y educadores, se prorroga en el teatro Goya tras estrenarse meses atrás en La Villaroel y colgar el cartel de sold out en la mayoría de sus funciones.
En Una bufetada a temps, que se podrá ver hasta el 9 de agosto en el teatro de Ciutat Vella, la dramaturga catalana plantea cómo “en pocos años la forma de educar ha cambiado muchísimo”. Cuando presentó la obra en La Villarroel, Buchaca recordó que cuando era niña, la educación era más rígida, mientras que en la actualidad otros aspectos como el bienestar emocional y la libertad de la criatura van por delante.
“También me da la sensación de que se improvisa constantemente. Con ello no quiero decir que no esté de acuerdo con las nuevas formas de enseñanza. Yo misma llevo a mis hijos a un colegio que sigue este modelo. Pero, como a los otros sistemas, le encuentro grises”, añadió.
“¿Es sobredimensionado denunciar a un abuelo por darle un cachete a su nieto? Puede. Pero es un delito”, dice Buchaca
En esta producción de La Pocket y La Villarroel, distintas formas de enseñar se confrontan con humor e ironía a partir de la reacción desafortunada de un abuelo que pierde la paciencia a causa de la pataleta de su nieto. Una cachetada hará que la escuela del menor se plantee presentar una denuncia contra el anciano, desatando toda clase de reacciones. “Desde el 2007, hay una ley que prohíbe que los padres usen el castigo físico contra sus hijos. Quise abordarlo desde la comedia, que también permite hablar de temas como la educación; para mí, el más importante de la sociedad, junto a la cultura”, dijo la directora.
Ramon Madaula, Montse Guallar, Marc Rius, Eudald Font y Clara de Ramon protagonizan esta obra que sucede en el espacio de psicomotricidad de la escuela, donde el director convoca a la familia. “Aquí la controversia está en qué tipo de educación es la más acertada, no en si es correcto darle una bofetada a un niño, que por supuesto que no”, apuntó Ramon Madaula, que encarna a un abuelo que jamás había puesto las manos encima a su nieto. A diferencia de su personaje, él es menos crítico con los métodos de hoy. “Yo iba a una escuela franquista y recuerdo que iba cagado de miedo. No sé si los mecanismos actuales son los correctos, pero seguro que son mejores que los que yo viví”.
Montse Guallar, por su parte, interpreta a la abuela, que es más moderna que su marido y disfruta de las cosas nuevas. “Me identifico bastante. Es un personaje que no busca la confrontación, hasta que se harta y se ve obligado a tomar partido”, apuntó.
Clara de Ramon –que en el Goya sustituye a Sara Diego– representa a una madre que cree en una escuela libre y respetuosa, donde se abordan las emociones. Es una business women que se aleja de la maternidad clásica: dedica muchas horas a su trabajo, mientras que el padre tiene una media jornada y se encarga de recoger al niño del colegio. Ambos rompen con los patrones que tradicionalmente se les ha adjudicado por sexo.
Diferentes temas alrededor de la educación y los límites de la infancia se tratan en esta pieza con la que Buchaca no pretende dar una respuesta al espectador, sino más bien hacerlo reflexionar. “¿Es sobredimensionado denunciar a un abuelo por darle una cachete a su nieto? Puede. Pero también es un delito. Quizás alguien tiene que poner la primera piedra para que quede claro que no se puede pegar a un niño”, terminó.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.