Un matrimonio en la madurez, que ha tenido tres hijas y se consideran unos padres modernos, han decidido dar un giro a sus vidas e ir a vivir a un pueblo, donde regentan un horno ecológico. Emma Vilarasau y Jordi Boixaderas, con una perfecta química entre ellos, son estos padres con tres hijas emparejadas que han decidido celebrar el cumpleaños del padre. La madre prepara su famoso fricandó, pero una de las hijas, que se ha hecho vegetariana, se presenta con una trucha para que la cocine.
El dramaturgo francés Baptiste Amann, nacido en 1986 en Aviñón, es el autor de La truita, donde ha combinado las historias que enlazan a esta familia aparentemente típica, pero que, como en todas, se mueve entre luces y sombras. Y Ferran Utzet ha dirigido la partitura, sin caer en ningún desequilibrio por exceso o por defecto, en un despliegue de recursos bien jugados en el escenario. Sara Espígul, Miranda Gas y Júlia Bonjoch son las tres hijas, y Arnau Puig, Marc Bosch y Tai Fati, las respectivas parejas que completan un reparto excelente que ofrece casi dos horas de muy buen teatro.
“Dicen que a los hijos los amas y los odias con la misma intensidad”, asegura Emma Vilarasau
Con respecto al argumento, en una entrevista reciente Jordi Boixaderas contaba: “Es un matrimonio de unos 60 años, la edad en que habría gente que se jubilaría y ellos aún tienen empuje para montar un horno ecológico muy lejos de Barcelona. Siempre han sido así, con ganas de un proyecto vital. Y han educado a tres hijas con estos principios. Lo que mamas en casa evidentemente te condiciona de por vida, a veces a favor y a veces en contra. Y aquí vemos el resultado con tres hijas que reaccionan de modos distintos”.
Emma Vilarasau expone: “Ellos dos son currantes, bastante de izquierdas, y tienen una visión amplia de la vida. De eso se esperaría que las hijas reaccionaran bien, pero hay quienes no les gusta lo que heredan o quizá es que no les sirve en el mundo que les ha tocado vivir. Y se produce un enfrentamiento generacional. Cada generación se subleva un poco contra la anterior, y yo recuerdo que me sublevé mucho contra mis padres”.
“Como no es una familia desestructurada –continúa Boixaderas–, la obra se puede centrar en explicar la personalidad de las tres hijas y la relación con los padres. Primero hay una óptica general de comedia, cuando están de celebración. Y después está la óptica de primer plano de cada uno, donde vemos la tragedia que puede representar lo de las generaciones. A partir de aquí el lenguaje echa chispas, casi no hay manera de hablar sin ofenderse, sin ponerse en duda. Y esos monólogos están escritos en un lenguaje poético, muy distinto de los diálogos familiares”. Todo este juego escénico fluye muy bien en el escenario del teatro Poliorama, con imágenes proyectadas que completan la acción teatral.
Vilarasau puntualiza sobre los esfuerzos de los padres hacia sus hijos, aplicable a la función, pero extrapolable a muchos tipos de familia: “Como madre puedes haber hecho una cosa con intención para que la recuerden toda la vida y resulta que no la recuerdan. Y en cambio te hablan de una cosa que hiciste tú que ni te acuerdas y eso sí los marcó”, declara. “Dicen que a los hijos los amas y los odias con la misma intensidad. Todos tienen cosas preciosas y todos tienen cosas horribles. Ahora bien, la obra no pretende dar ninguna lección moral, y eso también es bonito”, concluye la actriz.
La obra La truita se ha estrenado con éxito y reconocimiento popular en el teatro Poliorama, donde se representa hasta el 8 de agosto y donde volverá del 9 de septiembre al 18 de octubre.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.