Convirtieron a los cazadores en conservacionistas. Cuando hace quince años las autoridades ugandesas catalogaron de reserva natural las montañas de Rwenzori, en la frontera de Uganda y Congo, buscaron soluciones improbables. Como las montañas, de hasta cinco mil metros y rodeadas de selva, fango y muros de bambú eran inaccesibles, propusieron a los cazadores, los únicos que se adentraban en aquellas tierras ignotas, que dejaran de matar a la fauna, abrieran caminos y se convirtieran en sherpas del floreciente negocio del alpinismo africano. Aquella solución imaginativa salvó a aquel ecosistema único y de paso a cientos de elefantes de bosque, chimpancés o leopardos que vivían en aquel vergel.
El Barça juega hoy contra el Madrid para cerrar una Liga improbable y acabar de enterrar a un rival enzarzado en las niñerías de sus estrellas, aprendidas de un club mal perdedor. Hay un denominador común que une la decisión del club de no viajar a la gala del balón de playa de Vinícius con el dedo de Mourinho en el ojo de Tito Vilanova o con la pelea de Valverde y Tchouaméni en las duchas de Valdebebas: la incapacidad de gestionar la frustración por la derrota. No son chiquilladas de jugadores endiosados, es el dedo del club marcando el camino.
La raíz de la histeria blanca está en un Barça que ha renacido cuando parecía improbable
La raíz de la histeria blanca, conviene subrayarlo, está en un Barça que ha renacido cuando parecía improbable. Tras la marcha de Messi, con un club arruinado y ante un Madrid que fichaba a los mejores con la billetera abierta, parecía inevitable una travesía en el desierto blaugrana. Con la llegada de Mbappé, en la capital se relamieron: el Barça no tenía nada que hacer.
Confieso que yo vi venir los nubarrones.
Pero entonces apareció Flick y una generación de chavales de la Masia, del Barça hasta la médula y liderados por un Lamine Yamal que rima con Messi, y se enfrentaron a la montaña y la vencieron. Ese marco imposible es el que ha provocado el polvorín blanco, frustrado porque se le ha negado otro año más una Liga que le pertenecía. Que la lógica decía que debía ser suya.
El hundimiento blanco empezó además con un tiro en el pie: hace exactamente una vuelta, en la victoria del Madrid al Barça en el Bernabéu, el ninguneo de Vinícius a Xabi Alonso tras ser sustituido, y el cierre de filas oficial ante la payasada, fue su primer paso hacia el barranco.
El Barça, plagado de niños, remontó con madurez y hoy puede certificar una Liga de un mérito enorme y de paso asestar una puñalada en el corazón a su rival.
Suele ocurrir que el Madrid resucita cuando parece muerto y quizás hoy, pese a sus terremotos, todavía le quede colmillo.
O puede que hoy sea el día. Que, al oler sangre blanca, a tipos tan culés como Fermín, Gavi, Balde o Casadó se les ponga la mirada de los cazadores.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.