Olivia Rodrigo, la jugadora número 12 del clásico, tiene una canción, Drop dead, que invita a disfrutar de la vida hasta el final: “Sé que el bar cierra a las once / Espero que nunca termines esa cerveza”. Esta actitud la compartimos muchos seguidores de este Barça y, en especial, de Lamine Yamal, quien se hizo fotos con la cantante en el Camp Nou. Queremos que los partidos no se acaben nunca, que el mago de Rocafonda haga en el descuento una jugada prodigiosa, que nos regale un finale majestuoso que nos haga salir del estadio con una sonrisa en los labios.
Pero no será fácil. Para que ese deleite dure un par de décadas, Lamine tendría que rebelarse contra una regla inexorable que marca la evolución de los jóvenes talentosos, esa que dice que todos los niños nacen artistas pero que, por desgracia, dejan de serlo conforme ingresan en la edad adulta. Se atribuye a Picasso la divulgación de esta idea: hay que lograr que los pequeños genios sigan siendo artistas al crecer. Los campos de fútbol están llenos de jugadores que fueron magos precoces pero se reconvirtieron, madurez obliga, en jugadores simplemente buenos.
Nacemos artistas y, con la edad, dejamos de serlo. ¿Esquivará Lamine esta maldición?
El músico Brian Eno y la artista Bette Adriaanse suelen reunir a centenares de espectadores en charlas destinadas a fomentar esa misma ideología del talento infantil proclamada por Picasso. Aplicado al caso del 10 del Barça, el planteamiento sería: ¿Cómo lograr que el chaval, que ahora tiene 18 años, conserve ese espíritu desinhibido, artístico y juguetón de quien dribla defensas en la plazuela del barrio con dos mochilas escolares a modo de portería?
Porque así es como juega aún Lamine Yamal y así es como nos gustaría que lo hiciera siempre. Como ha jugado en muchos partidos de esta Liga que hoy celebramos. La amenaza, en su caso, son las exigencias del fútbol profesional, el aburrimiento y la fiebre por los datos de un mundo tecnificado que mide el esfuerzo de los futbolistas con chalecos sensoriales bajo la camiseta.
Pero hay magos que se jubilan haciendo trucos. Y artistas adultos. Sin ir más lejos, un tal Leo Messi todavía juega, a los 38 años, como si estuviera en su calle de La Bajada de Rosario. Ojalá Lamine Yamal sea uno de ellos.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.