A las casi cinco horas de partido, Novak Djokovic (39) entiende que no puede seguir soñando. En París no están el lesionado Alcaraz ni el sofocado Sinner, y por eso se le han abierto varias puertas hacia el 25.º título de un grande, el triunfo que le permitiría desempatar con Margaret Court. Sin embargo, aquí aparece João Fonseca, otro portentoso teenager que lleva tiempo apuntando maneras, abundando en las quinielas de quienes vaticinan el futuro, y que ahora, en la Philippe Chatrier, ha decidido acelerar los tempos.
Se tambalea el colosal Djokovic (pierde por 4-6, 4-6, 6-3, 7-5 y 7-5), el serbio que se ha llevado las dos primeras mangas antes de empezar a flaquear. Se tambalea, toma decisiones equivocadas y sufre ante el aluvión de derechazos del poderoso brasileño, pecho ancho y piernas veloces, un fenómeno que tampoco se arruga en el momento decisivo: cuando debe servir para llevarse el partido, firma tres aces consecutivos, alguno de ellos a 225 km/h, y así acaba con Djokovic, campeón generoso que felicita al brasileño (30.º del mundo y subiendo), golpetea cariñosamente el pecho de Fonseca diciéndole palabras bonitas, cosas como “el futuro es suyo”, y razón lleva.
Este Roland Garros instalará a muchos talentos en el imaginario popular.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.