No hay un solo club que esté para dar lecciones a otro. El capitalismo más descarnado guía el fútbol de élite desde hace demasiado tiempo y la opacidad se da por sentada como si formara parte de las reglas del juego. En ese saco caben todos los clubs, los nuestros y los de los demás, aunque el sentido de pertenencia nos haga creer que lo propio alcanza una cotas de ejemplaridad superiores a lo ajeno. El fenómeno se llama forofismo y es hasta saludable bien defendido como ingrediente indispensable para discutir amistosamente en el bar, en el trabajo o en una cena de Navidad.
De un tiempo a esta parte los llamados community manager , responsables de propagar la voz oficial de los clubs a través del mundo (y/o inframundo) online, se han acostumbrado a hacer suyo ese fanatismo disfrazándolo de sentido del humor, y hay que decir que a veces hacen gracia, pero otras, no. No todos hemos nacido con el don de la comicidad, y es bueno ser conscientes de ello: pocas cosas más molestas que un monologuista amateur desprovisto de gancho y sin consciencia de saberlo.
Si Julián Álvarez se sienta a escuchar a otros clubs es porque el suyo no le sacia
Se supone que la batería de tuits que perpetró el Atlético de Madrid el viernes contra el Barcelona, con la indispensable cobertura aérea de sus superiores, fue reída sonoramente mientras era cocinada, y, una vez expandida por el fangal de las redes, aplaudida y jaleada por los fieles de la causa rojiblanca. Pero hay que advertir que esas carcajadas desprenden esencia onanista. Son masajes en propia puerta; humoristas que festejan sus ocurrencias: pocas cosas peores y más pandémicas.
Con un poco de sentido de la realidad, los responsables del Atlético reconocerían que la razón principal por la que el Barcelona (y el PSG, y el Arsenal) quiere a Julián Álvarez es porque el argentino preferiría jugar en otro sitio la temporada que viene, algo similar a lo que le sucedió al mismo individuo hace dos veranos cuando se fue del Manchester City al Atlético, y no por ciencia infusa sino porque previamente hubo conversaciones y negociaciones iniciadas por los ahora quejosos. De ahí, entonces y ahora, los movimientos de su representante.
Es lo que pasa en cada mercado estival desde hace décadas en el mundo del fútbol, y en ocasiones ha afectado también al club blaugrana, al que se le fue Neymar pese al deseo de retenerlo. Es la ley del mercado y la libertad que asiste al futbolista de escoger su destino, incluso cuando tiene contrato en vigor.
Quién sabe. Quizás Julián Álvarez prefiera experimentar un fútbol distinto al que propone Simeone; o no le convenza el conformismo que transmite su club (orgulloso de un año en blanco pese a no haber ganado títulos –aun acercándose mucho– y haber quedado a 25 puntos del líder en la Liga)... Pueden ser tantos los motivos, que se amontonan las tentaciones de publicar tuits.
Lo adulto (antónimo de infantil), y respetuoso, es no hacerlo.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.