Entre las supervivientes del Mundial muy pocas buscan el objetivo del título con una identidad tan marcada y, al mismo tiempo tan opuesta, como España y Argentina. Ambas siguen en pie pero han recorrido caminos totalmente diferentes, me atrevería a decir que incluso antagónicos. Un hecho que demuestra que en el fútbol no hay una sola manera de competir.
España se ha caracterizado por representar el orden. Cada partido muestra que existe un plan perfectamente diseñado. Donde cada futbolista conoce su cometido y donde la paciencia se está convirtiendo en una virtud irrenunciable. La circulación de la pelota, el control de los tiempos y del ritmo y la ocupación milimétrica de los espacios son las señas de un equipo que apenas pierde el equilibrio. Hay una estadística que refrenda todo este análisis y es que es la única selección que llega a cuartos sin encajar un solo gol y eso son palabras mayores.
España representa el orden mientras que Argentina vive mejor cuando prima lo emocional
Pero esta seguridad refleja también un cierto déficit. La selección española domina, controla y minimiza los riesgos, pero esa superioridad le está costando demasiado que se refleje no solo en el marcador, sino incluso en ocasiones claras. Esa elaboración tan larga permite al rival reorganizarse y la falta de contundencia en los últimos metros hace que se tenga que trabajar la victoria hasta el límite. Lo cual, aunque no han existido, genera alguna alarma ante cualquier posible error defensivo.
Argentina sin embargo está instalada en el caos. Sus partidos son abiertos, emocionalmente muy intensos e imprevisibles. El orden táctico cede ante la necesidad de buscar sí o sí a Messi como talento individual. Podríamos decir que la inspiración en su juego huye de lo táctico para convertirse en visceral. Y parece que su hábitat ideal se genera cuando el partido se rompe, cuando el rival decide entrar al intercambio de golpes y lo emocional pesa más que la táctica.
Esto ha llevado a Argentina a ser la selección más goleadora del Mundial. Tanto puede generarte peligro con facilidad como cambiar el rumbo de un partido en apenas unos minutos. Además parece que su colectivo vive necesitado del drama y eso le acerca a su mejor rendimiento. Podríamos decir que se hacen grandes en los momentos de gran desesperación.
Pero esa virtud tiene su contraprestación en una cara mucho menos amable. Es una selección que ha concedido demasiado frente a rivales que no debían generarle agobios. Y entonces te preguntas qué sucederá con selecciones poderosas. Sus desajustes defensivos, pérdidas de balón en zonas de compromiso y las dificultades para controlar ciertas fases de los encuentros le han llevado a encajar demasiados goles.
De nuevo el fútbol muestra que admite caminos diferentes para competir. Puedes moverte en el orden o en el caos, en la paciencia o en los impulsos, en el control o en la emoción.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.