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Santiago Segurola
Columnista

Florentino y Mourinho, sociedad ilimitada

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Actualizado hace 51 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Se debe considerar el regreso de José Mourinho al Real Madrid como un acto de coherencia de Florentino Pérez, en cuya cabeza sólo el entrenador portugués es digno de aprecio.
  • 02Todavía hoy, 13 años después de cerrar su primera etapa, el presidente le atribuye valores mágicos que exceden los fríos datos de su recorrido en el club: tres temporadas (2010 -13), un título de campeón de Liga (2012), uno de Copa (2011) y, en plan menor, la Supercopa de España en 2012.
  • 03Esta magra producción -el Real Madrid nunca alcanzó la final de la Champions en el trienio Mourinho-, nunca ha impedido que Florentino le presente como el ganador no reconocido de las seis Copas de Europa que el Madrid ha sumado en los últimos 12 años, tres a cargo de Ancelotti y tres de Zidane.
  • 04La línea argumental es simple y se repite como un mantra en el entorno personal y mediático del presidente: Mourinho sacó al Madrid de la murria y le hizo definitivamente competitivo.

Se debe considerar el regreso de José Mourinho al Real Madrid como un acto de coherencia de Florentino Pérez, en cuya cabeza sólo el entrenador portugués es digno de aprecio. Todavía hoy, 13 años después de cerrar su primera etapa, el presidente le atribuye valores mágicos que exceden los fríos datos de su recorrido en el club: tres temporadas (2010 -13), un título de campeón de Liga (2012), uno de Copa (2011) y, en plan menor, la Supercopa de España en 2012. Esta magra producción -el Real Madrid nunca alcanzó la final de la Champions en el trienio Mourinho-, nunca ha impedido que Florentino le presente como el ganador no reconocido de las seis Copas de Europa que el Madrid ha sumado en los últimos 12 años, tres a cargo de Ancelotti y tres de Zidane.

La línea argumental es simple y se repite como un mantra en el entorno personal y mediático del presidente: Mourinho sacó al Madrid de la murria y le hizo definitivamente competitivo. Desde esta perspectiva, la saga de éxitos en Europa sólo se entiende por el influjo místico del portugués. Atravesado por su magisterio, al Madrid no le quedó más remedio que ganar un chorro de copas, de manera que Ancelotti y Zidane apenas fueron útiles intermediarios en el éxito.

La línea argumental es simple y se repite como un mantra: Mourinho sacó al Madrid de la murria y le hizo competitivo

Mourinho abandonó el Madrid en 2013, después de una temporada de tensiones insoportables y fracasos deportivos. Se despidió con una derrota contra el Atlético en la final de Copa disputada en el Bernabéu, en medio de una grieta casi insondable en la plantilla y en la hinchada. Su ego no admitía límites, ni tan siquiera en los fracasos, responsabilidad de oscuras fuerzas dedicadas a conspirar contra su ingenio. En su despedida, su brazo armado, los violentos Ultra Sur, bajaron al césped sin el menor reproche del club y le entregaron un trofeo de eterno agradecimiento. Muchos de ellos integran ahora el domesticado fondo de animación.

Fueron años complejos, con crujientes derivadas sociopolíticas y una tensión con el Barça jamás vista, por difícil que parezca en la historia de dos clubs que han hecho su bandera del antagonismo mutuo. Florentino Pérez contrató a Mourinho en 2010 para contener un dique que se desbordaba. El Barça se había erigido en el portavoz mundial del fútbol, un equipo incontenible, rompedor, de una modernidad fascinante, dispuesto a girar toda clase de convenciones. Su legado todavía está aquí, en la selección que acaba de ganar el Mundial. No se juega igual al fútbol -reglas incluidas- desde su impacto.

José Mourinho, en el amistoso que el Real Madrid disputó ante el Ferencvaros 
José Mourinho, en el amistoso que el Real Madrid disputó ante el Ferencvaros ATTILA KISBENEDEK / AFP

Detener el tsunami fue la obsesión que obligó a Florentino Pérez a regresar al Real Madrid y, un año después, a contratar a Mourinho, un planeta en sí mismo. Venía de eliminar al Barça en las semifinales y ganar la final de la Copa de Europa con el Inter, además en el Bernabéu. Ni tan siquiera regresó a Milán. Autodescrito como The Special One , Mourinho era más que un entrenador, más que un equipo, más que un club. Florentino comprendió el poder disruptivo de un hombre que vivía por y para el conflicto.

Aquel tiempo generó el mayor choque tectónico en la historia del fútbol. El Barça de Guardiola y el Madrid de Mourinho. En términos absolutos ganó el Barça -dos Ligas, una Copa de Europa-, pero la deriva fue tan desgastante que se llevó por delante a los dos entrenadores. Florentino Pérez lo interpretó como una victoria. De ahí su deuda sentimental con Mourinho, a quien no tuvo inconveniente en presentar como portador de los valores del Madrid.

Este Mourinho regresa con 63 años y un presidente sometido a un considerable escrutinio por sus socios. Ya no es The Special One . Ha pasado por seis equipos (Chelsea, Manchester, Tottenham, Roma, Fenerbahce y Benfica). En 2014 ganó la Liga con el Chelsea y poco más, pero en la cabeza de Florentino Pérez todavía es el único entrenador capaz de imponer su ego en la ensalada de vanidades del Real Madrid y, sobre todo, de meterse bajo la piel del rampante Barça que acaba de dejar su impronta en el éxito de la selección en el Mundial.

Santiago Segurola
Santiago Segurola
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.