Mucha gente critica el fútbol diciendo que embrutece a las personas. Comprendo su razonamiento pero no lo comparto. Más bien pienso que el fútbol desnuda a las personas y refleja a nuestra sociedad.
La pasada jornada se produjo un hecho especial. Casi todos los equipos de la Liga saltaron al campo con una camiseta de apoyo a Ceuta. Pero en el Real Madrid, Mbappé, Vinícius y Konaté la llevaron recogida y no se podía leer todo el mensaje. Bastó con esa imagen para que se iniciara el juicio, como si fuera imprescindible saber de qué lado estaban. Y quizás es eso lo interesante.
Sospechamos de quien piensa de un modo diferente cuando, en realidad, la complejidad tiene la virtud de hacernos pensar
Creo muy peligrosa la polaridad hacia la que se decanta nuestra sociedad. Vivimos constantemente en una lógica cada vez más binaria. Si no desarrollas actitudes que encuentro correctas, tu comportamiento se convierte en una declaración de hostilidad. Hemos perdido la costumbre de preguntarnos por qué alguien piensa o actúa de manera distinta antes de condenarle.
Al ver las imágenes, pensé en que podía existir otra explicación más allá de creer que los jugadores del Madrid no apoyaban a los ciudadanos de Ceuta. Y rápidamente entendí que esos jugadores temían que, si apoyaban a Ceuta, la sociedad podía interpretar que no eran solidarios con los inmigrantes. Y eso es terrible. Mostrar solidaridad con los ceutíes no tiene porqué significar enfrentarse a los inmigrantes, igual que mostrar compasión por quienes migran o mueren en el camino no implica despreciar todos los sufrimientos que aparecen en una población. Creo que igual que dos sufrimientos pueden coexistir, también pueden hacerlo dos solidaridades. Mbappé lo ha explicado luego muy bien. Ha confirmado su solidaridad con Ceuta, pero también que no quería priorizar sufrimientos y que quería tener un pensamiento para los inmigrantes que habían perdido la vida o atravesaban situaciones dramáticas.
El problema trasciende a una camiseta y al fútbol. En esta sociedad, cada cuestión nos pone de un bando. Si alguien opina diferente, sospechamos de él, cuando la complejidad tiene la virtud de obligarnos a pensar y en cambio la polarización simplifica el mundo y nos obliga a repartir carnets de buenos y malos. Es importante tener criterio, pero no convertir suposiciones en certezas.
Hay una paradoja preocupante. Aplicamos a los demás un espíritu crítico intenso, pero rara vez lo dirigimos hacia nosotros. Exigimos que el otro revise sus prejuicios mientras protegemos los nuestros. Tal vez, como decía antes, deberíamos recuperar una pregunta muy sencilla antes de indignarnos: ¿por qué habrá actuado u opinado así? No se trata de justificar cualquier conducta, ni debemos renunciar a nuestras ideas, pero es importante intentar comprender antes de juzgar. Porque comprender al que piensa distinto no significa darle la razón.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.