No es una exposición para visitarla. Es una exposición para vivirla, para palpitar con ella y, sobre todo, con el viaje profesional y personal de su protagonista. Iniesta Experience, el juego interior , ubicada en el Port Vell de Barcelona, en el espacio que antes ocupaba el IMAX, consiste en recorrer junto al exfutbolista todas las estaciones de su trayectoria, de Fuentealbilla a Albacete, de Albacete a Barcelona y de Barcelona al mundo. Está dividida en ocho espacios (lógico, el ocho es el número fetiche del manchego) y es un viaje esencialmente interactivo.
Si ustedes se acercan a experimentarla tienen de tiempo hasta principios de febrero. Podrán intentar emular el gol de Iniesta en Stamford Bridge en 2009. Dispondrán de tres oportunidades para acertar en la recreación del estadio londinense, con olor a césped incluido. Para quien se atreva con la locución también es posible narrar en primera persona ese tanto mítico. Pero si lo que prefieren es seguir los pasos del exazulgrana en la jugada que proporcionó a España su primer Mundial en Sudáfrica 2010 también tendrán la ocasión de hacerlo, en un juego que requiere habilidad y memoria.
El visitante puede intentar emular el gol de Iniesta de Stamford Bridge en un campo recreado que huele a hierba
Esos son los dos goles capitales de su carrera como jugador, pero antes hay una inmersión en sus orígenes. De los campos de su pueblo a su desembarco en el fútbol base del Barça, donde como es conocido al principio lo pasó mal. La exposición cuenta con cabinas telefónicas como las que usaban los futbolistas en la Masia para hablar con sus familiares. Si se descuelgan los teléfonos se pueden escuchar conversaciones en distintos idiomas.
Esa sensibilidad y humanidad de Iniesta están presentes en todo momento, como en el túnel que recrea la depresión en la que cayó por las lesiones y por la muerte de su amigo Jarque. Aparecen las frases de su desesperación y también las de su recuperación. Supo estar y supo despedirse como se puede recordar en las distintos homenajes que recibió en Barcelona antes de seguir su carrera en Japón. Sus años en Kobe tienen su espacio propio, incluida la katana que le regalaron cuando dejó el club nipón.
La exposición está dividida en ocho espacios y es eminentemente interactiva
El compendio vale mucho la pena con un gran traca final. Un último túnel y un vistazo visual a las portadas más importantes que se focalizaron en sus éxitos. Unas portadas que su abuelo tiene recopiladas en el Bar Luján de Fuentealbilla. Hasta aquí no hemos hablado de camisetas. ¿Las hay? Sí, por supuesto, incluida la que vestía de su ídolo Laudrup cuando era un niño, pero, como subraya el comisario de la exposición, Marcos López, estos objetos no son lo más relevante. Lo esencial son las emociones que se notan a cada paso.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.