Hay etapas que suman y otras que multiplican. La última de este Tour de Francia es de esas que marcan una carrera. A sus 33 años, y tras ganar todo tipo de carreras, Mathieu van der Poel no olvidará lo sucedido en la llegada a los Campos Elíseos. El neerlandés logró una victoria agónica al superar al pelotón sobre la misma línea de meta. Antes se había batido en duelo con Tadej Pogacar en Montmartre y ambos habían protagonizado una batalla sin cuartel contra todo el pelotón. Un final de cuento para un Tour maravilloso.
“Llevo un año pensando en esto. Ha sido un sueño”, dijo Van der Poel, extasiado en la meta. “Ha sido un privilegio estar ahí con el mejor de la historia. Pensaba que me cogían y he visto una rueda y le he preguntado a Philipsen. Hemos sido primero y segundo en París. Estoy muy contento. Esta era una de las etapas que quería ganar en mi carrera”, añadió.
Las grandes batallas del Tour de Francia habían quedado sentenciadas pero la última etapa, convertida en clásica ya el año pasado, tenía la última palabra con tres ascensos a la colina de Montmartre, el último de ellos a 10 kilómetros de la meta de los Campos Elíseos. Un colofón precioso pese a que los 133 kilómetros entre Thoiry y París fueron reducidos a 89, todos ellos por la capital, por la necesidad de implicar a más agentes en la lucha contra los incendios que están asolando el país.
Se mantuvo el tramo final con tres subidas a Montmartre que volvieron a dejar imágenes espectaculares de los líderes de la carrera. Aunque la general quedó congelada en el kilómetro 41, antes de la primera ascensión a la montaña parisina, cuando los jueces decidieron neutralizar los tiempos.
La etapa se asemejaba a una clásica y lo refrendaron sobre la carrera los protagonistas con una batalla descomunal. Atacó Mads Pedersen, el incombustible maillot verde de este Tour, en la primera de las subidas. El pelotón se redujo a unas ocho unidades, pero en el descenso se unieron con el gran grupo. Fue a la segunda cuando tomó las riendas Tadej Pogacar. Siempre dispuesto a dar espectáculo, el líder de la carrera atacó y se llevó a Van der Poel. La diferencia de potencial fue abismal entre los dos corredores más fuertes del mundo en este tipo de cotas y el resto. Por detrás recuperaron Evenepoel y Pedersen en el descenso.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis fueron engullidos antes del siguiente ascenso. Allí, a falta de 10 klóemtros para el final, fue Van der Poel el que dio la réplica y se lanzó hacia el triunfo con Pogacar a su rueda. Arriba llegaron con apenas siete segundos de ventaja sobre los perseguidores. Entre ambos abrieron camino, como si se tratase de un Giro de Lombardía. La distancia se convirtió en 18 segundos, para después reducirse al máximo mientras Pogacar y Van der Poel se desfondaban en busca de un triunfo simbólico.
Cuando la distancia era de solo cuatro segundos Van der Poel se marchó. No pudo más Pogacar, ahogado por el esfuerzo. El neerlandés, en cambio, estrujó sus pulmones y se dejó la vida en un sprint mientras el pelotón se le echaba encima. Sobre la línea alcanzó el pelotón al de Alpecin, que en un golpe de cadera histórico se impuso en la meta de los Campos Eliseos. Un final maravilloso para este Tour.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.