Dice David Valero (37), que es granadino, de Baza, y luce el andaluz en el acento y mide 190 cm, es un gigante en bicicleta:
–¿Si seguiré pedaleando por más tiempo? Lo que tenga que venir, vendrá. Por ahora, estoy disfrutando de la bicicleta.
Y sonríe y se declara dichoso, y no se pregunta por su futuro sino que vive el presente, pues lo tiene todo. Tiene el cariño de sus niños, Marco (8) y Ada (2), que a veces le acompañan en las carreras. Tiene el apoyo de su mujer, que le quiere pedaleando pues así “me ve feliz”.
–Lo respeta y lo comprende.
Tiene el respaldo de su equipo, el Klimatiza Orbea Team, que le ofrece un año más de contrato. Tiene el dinero suficiente como para seguir dedicándose a esto, al ciclocross. Y tiene salud y fuerza, pues de lo contrario no estaría celebrando su primer título en la general de la Copa del Mundo de XCM (Cross Country Marathon), modalidad de ciclocross que se sumerge en los bosques, en carreras de hasta 100 kilómetros, y que a Valero le viene como anillo al dedo, o eso dice él.
–Es que soy más diésel que explosivo –nos dice ahora.
David Valero nos está atendiendo nada más aparcar el coche en la soberbia Granada en la que vive con la mujer y los niños, de regreso de Girona, donde el domingo se adjudicaba la última de las seis pruebas del calendario XCM, la Sea Otter Europe, en presencia de 80.000 asistentes, con 6.500 inscritos y un total de ocho carreras.
(Es notable el apoyo que las autoridades le están brindando a la carrera, ahí están la Diputació de Girona, el Patronat de Turisme, el Ajuntament de Girona y la Secretaria d’Esports de la Generalitat).
Antes, en la distancia olímpica, me costaba arrancar; me dejaban atrás y me pasaba la carrera remontando”
–El caso es que esta distancia maratoniana me viene muy bien (en la Tramun fueron 88,51 km, con 2.416 m de desnivel, explorando los bosques de la Garrotxa y Les Guilleries, desde Les Planes d’Hostoles hasta el pabellón Fontajau de Girona). Me viene mucho mejor que la distancia olímpica (y eso que, en Tokio 2020, Valero fue bronce olímpico). En la distancia olímpica, una hora y media de duración, me costaba arrancar. Me dejaban atrás en los primeros compases y me pasaba la carrera a contracorriente, remontando. Aquí, en cambio, tengo más tiempo para cogerle el ritmo y maniobrar.
Y así se aplaude a sí mismo, bendecido con sus tres victorias en seis carreras (y dos segundos puestos), acaso sorprendido por su dominio de la disciplina pues no se imaginaba así hace un año, cuando decidía dar el salto, ir de la distancia olímpica al maratón.
–Sabía que me adaptaría. Pero tanto tanto... ¡vaya sorpresa!

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.