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Opinión
Santiago Segurola
Columnista

Revolución contracultural del Barça

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Actualizado hace 49 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Todavía herido por la eliminación en la Champions, el barcelonismo se debate entre el orgullo que le produce el equipo y la impaciencia por afinar sus escasos defectos.
  • 02En medio, el contexto de un club que ha sufrido una salvaje crisis económica, producto del despilfarro y del latigazo de la pandemia.
  • 03Su crisis, que le llevó a la quiebra técnica, no tiene rival en el panorama del fútbol, como tampoco admite comparación la respuesta del equipo barcelonista.
  • 04En las peores condiciones posibles, agravadas por el forzoso y largo exilio en Montjuïc, el Barça ha construido un relato que desafía todas las reglas imperantes.

Todavía herido por la eliminación en la Champions, el barcelonismo se debate entre el orgullo que le produce el equipo y la impaciencia por afinar sus escasos defectos. En medio, el contexto de un club que ha sufrido una salvaje crisis económica, producto del despilfarro y del latigazo de la pandemia. Su crisis, que le llevó a la quiebra técnica, no tiene rival en el panorama del fútbol, como tampoco admite comparación la respuesta del equipo barcelonista.

En las peores condiciones posibles, agravadas por el forzoso y largo exilio en Montjuïc, el Barça ha construido un relato que desafía todas las reglas imperantes. En medio de la ruina ha surgido el proyecto más contracultural y exitoso que se recuerda, edificado sobre la fortaleza de la identidad. Sólo el derroche y la desmemoria cuestionaron una evidencia plasmada anteriormente por Johan Cruyff y Pep Guardiola, dos heterodoxos que barrieron las modas vigentes en su tiempo y cambiaron radicalmente el panorama del fútbol.

La radicalidad de Flick se conecta también con la de Cruyff y Guardiola

Al Barça sumido en el marasmo le ha salvado de nuevo la radicalidad, en este caso patrocinada por Hansi Flick. La gran novela histórica del Barça está construida en gran medida por personajes anticonvencionales. Cruyff y Guardiola llegaron en momentos de profundo desaliento deportivo y social: secuelas de la catástrofe de la final de Sevilla, motín del Hesperia en un caso; desplome del equipo y moción de censura contra Laporta en el otro.

Flick es el tercer vértice. Aterrizó en un Barça privado de su estadio y sacudido por una economía de guerra en un desorbitado momento mercantil del fútbol, presidido por el incesante flujo de dinero de los fondos de inversión norteamericanos y los enormes capitales árabes. En términos reales, el Barça era una gran institución desterrada a un segundo o tercer nivel en el mercado mundial. Su capacidad de maniobra era mínima. Atrás quedaban los tiempos de Messi, Suárez y Neymar. Era la hora de Lewandowski (34 años), Koundé y Raphinha, procedente del descendido Leeds United.

Lamine Yamal, durante el encuentro de la Champions del pasado martes
Lamine Yamal, durante el encuentro de la Champions del pasado martesOSCAR DEL POZO / AFP

El Barça de Flick jugó su primer partido de Liga en Mestalla. Inolvidable la línea media del equipo: Marc Bernal y Casadó. Alrededor de ellos Lamine Yamal (16 años), Cubarsí (17) y Balde (20). En el segundo tiempo ingresaron el debutante Gerard Martín, Pau Víctor y Eric Garcia, que retornaba de la cesión al Girona. Nadie en su sano juicio podía esperar un futuro esplendoroso. En todo caso, una transición lenta y dura en un clima adverso.

Se escucha en estos días que al Barça le falta esto y aquello, que es demasiado atrevido y corre riesgos improcedentes. No faltan los agoreros que niegan a este Barça la capacidad para ganar la Copa de Europa y se remiten a las pruebas de su eliminación por el Inter de Milán y el Atlético de Madrid, dos eximios representantes del fútbol de colmillo retorcido, sin entender que, precisamente en la derrota, el Barça de Flick ha emocionado por su juego y coraje, por una ambición sin límites en las circunstancias más adversas, por una idea, en definitiva, que le conecta directamente con el Bayern y el PSG, los dos equipos que marcan el compás del fútbol mundial.

La radicalidad de Flick se conecta también con la de Cruyff y Guardiola. En la fabulosa reserva de producción que representa la cantera, el Barça vuelve a encontrar la identidad, el modelo y el talento que han distinguido sus mejores épocas. Aquella sospechosa alineación en Mestalla, coincidente con la incorporación de Mbappé al Madrid que había ganado la Copa de Europa con Vinícius y Bellingham en sus filas, es hoy la envidia del mundo.

Santiago Segurola
Santiago Segurola
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.