No se ahorró sufrimientos el Barça para ganar al Osasuna y dejar la Liga vista para sentencia, o sentenciada, vaya usted a saber lo que ocurrirá hoy en el Espanyol-Real Madrid. Victoria de mérito, concretada por sus dos arietes, Lewandowski y Ferran Torres. Uno u otro, pero rara vez juntos en el campo, esta vez Flick comprendió que el partido estaba espeso y el ataque necesitaba pimienta. Marcaron a última hora, pero el festejo final se demoró.
Raúl López de Haro, delantero altísimo, conectó rápidamente un cabezazo que devolvió diez minutos más de incertidumbre al encuentro, típico de dos equipos que facturan un modelo antitético de fútbol. Hace tiempo que el Barça se obliga a marcar en rojo la fecha de su paso por Pamplona. Partidos de aúpa, ya se sabe.
En sus mejores días, que son bastantes, el Barça es el único que se sienta a la mesa del Bayern y el PSG
El pasado año encajó su primera derrota en El Sadar, después de su vertiginosa arrancada en el campeonato, 10 victorias consecutivas entre el entusiasmo y una pizca de incredulidad de la hinchada blaugrana. Aquella derrota apenas tuvo significado en la temporada, pero constató las dificultades que el Osasuna –juego directo, pierna fuerte, futbolistas potentes y chocadores– presenta al Barça, favorecidas por la presión de un recinto a la inglesa. El equipo navarro se ajustó más a su mejor versión, la que le permitió superar al Madrid no hace tanto, que el Barça, sin filo, ni juego, en el primer tiempo. Sergio Herrera, el veterano portero del Osasuna, no detuvo ningún remate. No le llegó ninguno. Tampoco tuvo que actuar en el segundo, salvo para recoger de la red los remates de Lewandowski y Ferran.
En los que se supone que fue uno de sus últimos actos de excelente servicio al Barça (82 goles en 130 partidos de Liga, 0,63 goles de media), el delantero polaco cabeceó con mucho estilo uno de los centros más improbables de la temporada. Rashford se fumó un puro –ningún defensa le apuró– para colocar la pelota en el área, justo donde Robert Lewandowski es temible. Buen movimiento, centrales dormidos y cabezazo perfecto.
Hasta entonces, el Barça había salvado el deficiente primer tiempo con un aprobado en el segundo, así, sin más, hasta el punto de situar a Joan Garcia como el jugador de la noche. Con un desvío portentoso, evitó el gol de Budimir. Ya lo cantaba la peña, pero Joan Garcia estiró un centímetro más los dedos y rechazó el remate. Momentos antes, Budimir había estrellado un elegante tiro en el palo, después de una jugada que acreditó todo lo que ha aprendido en la última etapa de su carrera. A la vejez, viruelas.
Flick retiró a Roony, Olmo y Gavi en el segundo tiempo. No ingresó Raphinha, aunque el partido lo pedía a gritos. Todavía no está recuperado de su lesión. Entraron De Jong, Ferran y Rashford. Curioso caso el del inglés. Apenas ha pasado por la banda derecha, pero las circunstancias obligan, y en los dos últimos encuentros ha funcionado de extremo derecho. Con éxito, por cierto. De su exquisito y tolerado centro llegó el gol de Lewandowsi.
Fermín anticipó el de Ferran con un pase filtrado que dejó al internacional español frente al portero. Excelente definición a un toque. Su decimoquinto gol en la Liga, dato para anotar, porque Ferran nunca había alcanzado esta cota en el Barça (137 partidos, 40 goles, 0,29 de media).
La reacción del Osasuna no fue más allá del gol de Raúl. Atrás quedó una nueva victoria del Barça, que no conoce el empate desde hace el confín de los tiempos. Gana mucho y pierde muy poco. Dos derrotas desde noviembre. Le toca celebrar tantas victorias. En sus mejores días, que son bastantes, es el único equipo que se sienta a la mesa del Bayern y el PSG.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.