Hola, soy Wojciech, y soy fumador. También portero suplente. Voy a ganar mi segunda Liga. En la primera fui muchos partidos titular e invicto. Soy fumador, portero ahora suplente y quiero que, a mediados del próximo partido –hayamos ya ganado o no la Liga–, me hagan entrar al campo sustituyendo no al portero titular sino al delantero, polaco como yo, y me dejen marcar un gol. Quiero salir a jugar sin tocarla con las manos. A poder ser, con un cigarrillo liado por mí entre los dedos –encendido si puede ser, no sé qué dice el reglamento al respecto– y recibir la pelota, un par de regates, quiebro y golazo. Luego, ponerme el cigarrillo en la boca, inspirar y rodearme de una nube de maría como el gato de Cheshire en Alicia y el País de las Maravillas . Me imagino marcando el gol de la victoria, el que nos dará matemáticamente la Liga, todos mis compañeros rodeándome y yo con el brazo derecho por encima de las cabezas para no quemar a nadie, que en eso siempre he sido muy cuidadoso. Luego, me volveré a retirar. Ya lo estaba, pero, como en las películas de atracadores de bancos, me vinieron a buscar. Retirarme del fútbol no me va a costar más que los cigarrillos. Quitarme de fumar me resulta imposible. Por eso vengo a estas reuniones. Me falta fe, me falta creérmelo, porque la verdad es que me sienta de lujo lo de fumar. Lo del fútbol, a ratos, también. Cuando juego, cuando paro penaltis, cuando ganamos. O cuando hacemos bromas en el banquillo.
Hola, soy Wojciech, y soy fumador. El otro día le pedí –medio en broma, medio en serio– al entrenador que me sacara a jugar por cualquier jugador. No por el portero, sino por alguna posición donde un mal pase no fuera definitivo. Delantero, a poder ser. Me veo rematando de cabeza un córner o, como Maradona con la mano de Dios y un cigarrillo entre los dedos, fingiendo que cabeceo la pelota. Pero el míster no estuvo por la labor. Yo ya había salido del banquillo y pedía ser cambiado, y el entrenador me miro con cara de no entender nada, y al final, me dijo: “Sit down, please”, que es como cuando tu pareja para no decirte que has bebido de más y andas diciendo tonterías te dice aquello de “deberíamos irnos a casa”. Lo entendí. Otra cosa es que me gustaría que él se tomara las cosas de una manera más ligera, que aceptando que el destino nos lleva a todos hacia el desguace, nos hagamos compañía, vivamos el momento y nos tomemos un poco el pelo. Quizá deberíamos fumar él y yo, y algún que otro compañero, relajarnos y bajar el ritmo, ver las cosas en pausa, viéndolas venir y encajar con el baile de pies y gozar del ahora.
“Me veo rematando de cabeza un córner o como Maradona con la mano de Dios y un cigarrillo entre los dedos”
Hola, soy Wojciech, y soy fumador, pero también me podéis llamar Tek. Mis compañeros me llaman así. Y aunque vengo a estas reuniones para dejar de fumar, creo que no tengo, no ya la fuerza de voluntad sino ni tan siquiera la convicción para hacerlo. Soy un tipo feliz y además un bastante buen portero, pero me importa más ser un buen tipo para mi familia y mis hijos. No tengo cara de asesino ni de guardameta loco, ni tampoco vivo obsesionado. Trato de estar por lo que hay que estar, pero me resulta casi imposible asumir que la melancolía del olor a césped y linimento, las gentes rugiendo en las gradas, el ruido de la pelota al impactar sean algo que deba tomarme muy en serio. Todos quieren matar a la araña. Todos quieren agujerear su red. El portero es aquel que frustra el juego evitando el gol, quitando el placer de la mitad del campo y dándosela a la otra mitad. Pero todo es un juego, virgen santa. Todo es un juego menos lo importante: estar aquí y disfrutar. Hacer un sitio mejor allí donde uno esté. Y ya puestos, sentarte a gusto, encendértelo y sentir la primera calada, el humo inundándote los pulmones, brazos y piernas, la cara y la cabeza y pensar que todo está bien, así que, míster, afloje un poco y en el próximo partido, cuando queden veinte minutos de encuentro, cambie polaco por polaco y espere al siguiente córner, a cuando me la pasen. En fin, este es mi testimonio. No sé si debería continuar asistiendo a estas reuniones para dejar de fumar porque, por las caras de los participantes, todos estáis más cerca de comprar marihuana que de prohibirla ¿no?

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.