Marc-André Ter Stegen ha vivido las dos caras de la moneda en una misma temporada. El portero ha pasado de celebrar el campeonato de Liga del Barça, equipo al que pertenece con el que empezó la temporada, a sufrir la desolación por el descenso a Segunda División con el Girona, donde llegó en el mercado de invierno en calidad de cedido.
Dos sentimientos que se contraponen en un año para olvidar del guardameta. Bajo las órdenes de Hansi Flick quedó relegado al banquillo, tras la apuesta en firme por Joan Garcia, por lo que el alemán ha sumado desde la distancia su séptima competición doméstica.
Concretamente, desde Montilivi, donde fue visto el sábado consolando a la plantilla en el césped al consumarse el descenso del conjunto gironí a la Liga Hypermotion. El guardameta llegó el pasado mes de enero tras caer en el ostracismo con el Barça, lo que le llevó a disputar solo un encuentro como culé en la Copa del Rey antes de poner rumbo a Girona.
Allí, el portero de 34 años apuraba sus opciones de ir al Mundial de Estados Unidos, Canadá y México, pero una rotura en el isquiotibial de la pierna izquierda le dejó en el dique seco. Tras pasar por el quirófano en Finlandia, Ter Stegen puso fin a la temporada y dijo adiós al sueño de disputar con Alemania la Copa del Mundo.
Sin objetivos a la vista, el arquero quiso mantener su compromiso con Míchel hasta el último momento y siguió su recuperación desde Girona. Ahora, con la temporada finiquitada, regresará a Barcelona (tiene contrato hasta junio de 2028) tras disputar solo dos encuentros.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.