“Estoy enamorado de Girona. Necesito un entorno donde ser feliz y aquí lo soy. Cuando esté el trabajo hecho hablaremos de todo”, dijo hace poco Míchel, enigmático sobre su futuro pero encantado con su vida en Montilivi. El madrileño, sin embargo, no logró hacer los deberes y el fútbol, implacable en la derrota, rompió un idilio de cinco años del entrenador con la afición, la ciudad y la cultura gironina. Consumado el drama del descenso a Segunda y tras unos días de luto deportivo, con absoluto silencio informativo, el club catalán confirmó este jueves una noticia que se intuía desde hace tiempo a orillas del Onyar: Míchel no seguirá al frente del banquillo la próxima temporada.
El adiós del técnico, que terminaba contrato, simboliza el fin de una era de esplendor blanc-i-vermell que, no obstante, ha terminado de la peor forma con el retorno a la categoría de plata. El madrileño, que llegó en el 2021, ascendió al Girona a Primera en su temporada inicial y fue el artífice del mayor éxito del club en el curso 2023-24 con el tercer puesto en la Liga que dio acceso a la Champions. Un hito histórico, impensable para un club de raíces modestas, que pasó de utopía a realidad.
Pese al triste epílogo, la admiración es mutua. El Girona mostró su “más sincero agradecimiento” a Míchel por “la dedicación, el compromiso y la profesionalidad”, pero también por “el trato humano, cercano y respetuoso que ha mantenido con los socios, aficionados, dirección y todos los trabajadores del club”. “La jerarquía, las empresas piramidales, no me gustan. Trato igual al utillero que al presidente, no le hago de menos a nadie. Todos estamos en el proyecto”, decía el vallecano en una entrevista a La Vanguardia al inicio de esta fatídica temporada.
Míchel, que en una semana ha llorado el descenso del Girona y la derrota de su Rayo en la final de la Conference, no solo logró buenos resultados deportivos, a excepción del amargo epílogo, sino que además dotó al equipo de una identidad de juego, especialmente ofensiva y atractiva, que enorgulleció a una grada acostumbrada a un perfil futbolístico más mundano. Nunca antes la afición de Montilivi había disfrutado tanto con su equipo. “No sé hacerlo de otra forma. El talento está bien, pero hay que hacer crecer al compañero y entender el juego. La seguridad a un jugador se la dan los otros diez”, desgranaba su filosofía a este diario.
El madrileño dotó al equipo de un estilo atractivo y fue un ejemplo de integración
Míchel, siempre optimista y autocrítico, incluso en los peores momentos, ha sido siempre fiel a su estilo, en cada uno de los 221 partidos que ha dirigido al Girona. Pero esta temporada su habitual confianza en los suyos se fue erosionando desde un mal inicio que estuvo marcado por la mala planificación deportiva. El pobre bagaje de tres puntos de 21 posibles en las primeras siete jornadas, con el capítulo de altas y bajas aún abierto, ha sido finalmente un lastre que ha desembocado en el descenso a los infiernos. Los errores de este curso ya se intuyeron la temporada pasada, cuando el equipo pecó de novato al intentar gestionar dos competiciones tan exigentes como la Champions y la Liga. La salida del de Vallecas, que podría fichar por el Ajax, también supone el final de etapa de su staff, completado con Salva Fúnez, David Porcel y Juan Carlos Balaguer.
El madrileño no solo deja huella en lo deportivo. Míchel entendió la idiosincrasia gironina. Se atrevió a hablar catalán desde los primeros días sin miedo al qué dirán ni a la exposición pública. “Míchel, català”, vociferaba la afición cada partido en Montilivi. Un ejemplo de integración. Se marcha un entrenador y también el icono de un club que ahora debe reconstruir su proyecto y quizá redefinir su juego en Segunda, una categoría más acorde a su historia tras cinco años de ensoñación a los mandos de Míchel, el técnico que elevó a cotas impensables, durante un lustro, la ilusión y el juego de un club casi centenario como el Girona.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.