Ahí está ese tipo.
Lleva la camiseta de Cristiano Ronaldo. Luce el nombre, Ronaldo, a su espalda, y también el dorsal del portugués en el uniforme portugués, el número 7.
El tipo va de rojo como los amantes de la roja, pero no engaña a nadie: lleva el rojo portugués.
Entre el gentío rojo, su rojo portugués da el cante.
Me acerco y le pregunto:
–¿Por qué lleva esa camiseta?
–Porque Cristiano es el mejor –me contesta.
Me habla en perfecto español, y luego se va y se pierde entre la multitud, sin duda convencido de lo que acaba de declararle a La Vanguardia.
“Cristiano es el mejor”, me ha dicho el hombre, lo dice y se queda tan ancho en esta tarde-noche en la que 30.000 aficionados se han juntado para contemplar a dos jugadores colosales, los mejores de su generación, a Messi y Lamine Yamal, hijos de la Masia, genios de los que tanto se ha hablado en estos días en la ciudad.
Entre la multitud, un tipo vestido de Portugal: “Porque Cristiano Ronaldo es el mejor”, me dice
Veo a Ronaldo perdiéndose y difuminándose en la marea roja y pienso que ese tipo es algo así como una isla.
El tipo es una isla en el mar, que es más o menos donde estamos: estamos en la plataforma Marina del Fòrum y desde el escenario, a vista de pájaro, la multitud es roja, roja española, como la célebre furia que se fue hace un par de décadas y ya no es lo mismo, el fútbol español ya no es furia roja, ahora es un rojo matizado y salpicado, salpicado de azul y blanco, los colores de la albiceleste: este mundo es global, es de todos y no de unos colores o países, conviene que algún expresidente del Gobierno lo asimile y lo metabolice.
(...)
Desde el escenario, a vista de pájaro, procedo al cálculo a ojo de buen cubero.
Cuento camisetas rojas, descontando por supuesto a nuestro querido Cristiano Ronaldo.
Cuento: una camiseta española, dos, tres, cuatro... vaaale, lector, no sigo.
Calculo que habrá unos cien uniformes rojos (o blancos, que la segunda equipación española también es un must), por cada uno albiceleste, y por eso pienso que alguien me ha engañado, pues los organizadores habían escogido este lugar, la inmensa plataforma marítima, por algo:
–Porque la comunidad argentina en Barcelona es muy numerosa. Y habrá mucha gente y necesitaremos mucho espacio.
Pues eso, por esto estamos aquí.
La comunidad argentina está aquí, en Barcelona, pero esta noche es una comunidad reducida, es como la maravillosa minoría perica, que también va de blanquiazul pero aquí no pinta nada.
(Cierto, entre el gentío, el escáner no distingue camisetas de Pere Milla, Puado o Kike García, mi perico favorito).
Me pregunto si la comunidad argentina lo había visto venir, y por eso se había anticipado y se había citado en la víspera, en el Moll de la Fusta: el sábado, miles de argentinos habían procedido al banderazo y por eso ayer, la Argentina barcelonesa había preferido contemplar los hechos desde el sofá, con el mate y el asado, para evitarse el fiestorro que la hinchada de la roja, con sus banderas y sus bufandas, roja ella y con vuvuzela como en los viejos tiempos, acabó tendiendo en la noche barcelonesa, un fiestorro como en las noches del Primavera Sound, que por aquí discurren con más frecuencia que el fútbol.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.