Le llamaremos Pedro y diremos que vive en Lleida. Y, desde hace unos años, es un pirata. O, dicho de un modo más suave, ha decidido ver el fútbol (y los deportes) esquivando las plataformas de televisión habituales de pago (Telefónica) y contratando un servicio desconocido; no sabe quién hay detrás ni de dónde viene la señal, solo que “pagaba antes 180 euros al mes con las dos líneas telefónicas y ahora pago por Bizum 70 euros al año”, y “solo en momentos puntuales hay algún parón y algo de retraso”.
Pedro habló con amigos y le dieron un teléfono. Llamó y le dijeron que bajara una aplicación. “Incluso había otra opción que era a través de un pendrive”, añade. “Es gente anónima que creo que se gana muy bien la vida”, finaliza.
Hay miles de Pedros en España y en el extranjero, y LaLiga calcula que cada año los clubs pierden entre 600 y 700 millones.
Hace diez años, Javier Tebas, el presidente, inició la persecución antipiratería. Ahora, debido a que la evolución tecnológica avanza a ritmo desenfrenado, cuenta con un equipo de 50 personas que trabaja en cuatro pilares: “El educacional (concienciación), el tecnológico, el institucional y el legal”.
En LaLiga tienen identificadas siete fases desde que la señal sale de la plataforma hasta que llega el usuario, una trazabilidad laberíntica. No es como antes. La web Rojadirecta.com daba partidos gratis sin derechos. Entre la denuncia y la clausura de la web pasaban semanas (o meses). Y cuando la cerraban tenían otra web preparada. Ahora es todo etéreo.
“La Europol advierte que detrás no está Robin Hood, sino mafias organizadas que ganan más dinero que con el narcotráfico (la piratería está menos penada)”, aseguran fuentes de LaLiga. “El consumo en América Latina es desmedido”, añaden. El último informe de Coalición de Creadores registra un valor de mercado de la piratería en España de 42.782 millones, al alza.
La ingeniería de la piratería en las plataformas que retransmiten el fútbol es global: una señal puede salir de Chicago para llegar a Lleida, a casa de Pedro, pero antes tiene unos nodos en Nueva York, León y Soria. De esta manera hay tantas capas que es difícil esclarecer el dominio concreto desde donde se está viendo el partido.
El instante clave es ese segundo paso, cuando se aloja en la nube o en los servidores. “Hemos llegado a acuerdos con Google o Twitch. Las tecnológicas también son responsables del uso que se da a su tecnología. Las avisamos cuando detectamos de dónde procede la señal para que la corten”, apuntan desde LaLiga. Pero no encuentran ayuda de todas las empresas. Con Cloudflare (estadounidense) tienen un problema grande y ya se han querellado. “No se molestan en saber qué dominio es, o no actúan, obligando así a bloquear todos los dominios de sus propios clientes dentro de esas IPs compartidas”, aseveran.
Y eso provoca una serie de daños colaterales a múltiples webs que quedan bloqueadas en los momentos de partido, con las pérdidas que eso supone. Se recopilan en una página de afectados por LaLiga, que declara pérdidas de 2,7 millones. “No hay verificación de que eso sea culpa nuestra, de hecho, en el último informe, el 45% se debía a problemas específicos de cada web, no eran bloqueos en horas de partido”, rebaten e insisten en negocios como el de Cloudflare, a los que les interesa la piratería al generarles tráfico.
En enero del 2026, la Autoridad Reguladora de las Comunicaciones de Italia (Agcom) impuso una multa de 14 millones a Cloudflare por eludir el bloqueo ultrarrápido antipiratería. LaLiga sigue su lucha y no cree, como en el caso de Pedro, que el alto coste de ver el fútbol sea la única causa. “Se pirateó hasta la Eurocopa, y era gratis. Creemos que hay un componente social o cultural”, señalan.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.