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Opinión
Joan Josep Pallàs
Columnista

Un (impensable) baño de fútbol

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Actualizado hace 23 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Inesperada porque la impartió España sobre Francia y no al revés, cuando el equipo que venía sufriendo los partidos era el rojo y el que los sacaba sin apenas despeinarse, el azul.
  • 02La monumental exhibición­ (no exageramos, la importancia de la cita, una semifinal de un Mundial, determina su magnitud) es buena para los amantes del fútbol más allá de nacionalidades, por cuanto premia un modelo de juego colectivo y compacto que gravita alrededor del balón, acariciándolo hasta que llega a zonas de maltrato cerca ya de la portería.
  • 03Si estábamos ante un enfrentamiento entre el mejor centro del campo contra la mejor delantera, quedó demostrado cuál de las dos partes es más trascendente para gobernar un partido y someter al rival.
  • 04España se gustó a sí misma, claramente heredera de la ganadora de la estrella del 2010, y logró un éxito que se eleva incluso sobre la solvencia del marcador (0-2): hubo largos ratos en los que disfrutó con la pelota.

Lección de fútbol en Dallas. Inesperada porque la impartió España sobre Francia y no al revés, cuando el equipo que venía sufriendo los partidos era el rojo y el que los sacaba sin apenas despeinarse, el azul. La monumental exhibición­ (no exageramos, la importancia de la cita, una semifinal de un Mundial, determina su magnitud) es buena para los amantes del fútbol más allá de nacionalidades, por cuanto premia un modelo de juego colectivo y compacto que gravita alrededor del balón, acariciándolo hasta que llega a zonas de maltrato cerca ya de la portería. Si estábamos ante un enfrentamiento entre el mejor centro del campo contra la mejor delantera, quedó demostrado cuál de las dos partes es más trascendente para gobernar un partido y someter al rival. España se gustó a sí misma, claramente heredera de la ganadora de la estrella del 2010, y logró un éxito que se eleva incluso sobre la solvencia del marcador (0-2): hubo largos ratos en los que disfrutó con la pelota. En toda una semifinal del Mundial.

Quizás menospreciamos de antemano un intangible. La selección española, vigente campeona de Europa, intimida más de lo que creemos. La Francia que se sabía superior a la mayoría de rivales hasta acabarlos ejecutando mecánicamente como si se lo marcara un reloj despertador, temía a España más de lo que sospechábamos. Mbappé, Olise, Dembélé y compañía son futbolistas extraordinarios, pero se los tragó la tierra por culpa de la roja a través de un ejercicio defensivo grupal que emocionaría a cualquier entrenador. Lleva siete partidos España en este Mundial y solo le han marcado un gol. Son unos guarismos que desactivan las tesis acerca del modelo que representa el equipo de De la Fuente, porque defender también consiste en esconder la pelota cuando se tiene y en compartir los esfuerzos cuando no. A Francia le robaron la pelota y, con un centro del campo inferior (no hay ahí punto de comparación; cuando entró el suplente Pedri al campo, se debió pitar ya el final), sus delanteros, magníficos, naufragaron con estrépito. Raramente tanto talento junto fue maniatado de tal manera. Ni regate, ni combinación, ni disparo. España abusó de la gran Francia, empequeñeciéndola.

El embelesamiento ante las estrellas de fuera, un defecto muy típico del homo hispanicus, unido al despiste con el que arrancó la roja (empate ante Cabo Verde), hizo olvidar el nivel de varios futbolistas locales que, más allá del carismático y brillante Lamine Yamal, tienen un talento que desborda a su infravalorada fama. Recordemos que Rodri, representante de una estirpe de centrocampistas legendarios (Busquets, Xavi, Iniesta...), fue Balón de Oro hace dos años; que Dani Olmo come en su misma mesa; que Oyarzabal contradice su modestia con un saco de goles, y que Porro es un lateral sobresaliente aunque no lo veamos mucho en los resúmenes de la Premier por su demarcación.

Mbappé, figura de Francia, fue engullido por España junto a todo su equipo
Mbappé, figura de Francia, fue engullido por España junto a todo su equipoFRANCK FIFE / AFP

Cuando se difuminan las clases altas y medias en un equipo el sentido de comunidad crece. A España, espectacular en su posicionamiento en el campo (no es casualidad que los rebotes y los balones divididos se los llevaran siempre ante un rival físicamente superior), Francia le supo a poco. La jibarizó.

Joan Josep Pallàs
Joan Josep Pallàs
Columnista

Redactor Jefe de Deportes de La Vanguardia. Antes subdirector de Mundo Deportivo. Colaborador habitual en medios como RAC1, Esport3 (TV3) y Catalunya Ràdio. Autor del libro 'Jugada personal'.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.