El silencio ha sido el mejor aliado de Florentino Pérez durante años. Lo ha sabido utilizar con habilidad para dotarse de un halo misterioso, un mecanismo habitual de los grandes personajes o de aquellos que pretenden serlo. La rueda de prensa convocada por el presidente del Real Madrid fue desde ese punto de vista una inmolación mediática. El mandatario compareció solo, probablemente sin dejarse aconsejar por nadie, en una sala de una enormidad que le empequeñecía, sin un guion prestablecido, alterado, peleado con sus propios papeles y su móvil, y repitiendo un mantra de obsesiones que, quienes le conocen bien, han escuchado de él siempre en privado, pero nunca en público. Ahí radica el monumental error comunicativo de Florentino, figura tan respetada como temida, expuesta sin red precisamente porque nadie se atreve a desplegarla.
La comparecencia fue larga, los intentos del equipo de comunicación por abreviarla fracasaron (“pregunten, que tengo toda la tarde”), y afloraron los tics de quien olvida por completo que medio país está observando: el machismo, los gestos despóticos, el lenguaje rancio...
Se olvidó de las cámaras, afloraron las fobias y los tics, el machismo y la soberbia
El presidente del Real Madrid está acostumbrado a tener el control de todo lo que se mueve a su alrededor, empresario plenipotenciario de la vieja escuela, y dos años en blanco del equipo de fútbol, sumados a los durísimos e inéditos golpes judiciales que ha sufrido, por un lado la prohibición de realizar conciertos en el Bernabéu por exceso de decibelios, por otro la paralización de los parkings subterráneos cercanos al estadio, le han hecho vulnerable, probablemente por primera vez. La prensa de Madrid, habitualmente dócil salvo excepciones (él mismo recordó repetidamente a periodistas como José María García o Santiago Segurola como predecesores de sus nuevas fobias: ABC, las radios nocturnas, el ya extinto Relevo...), ha virado la proa hacia un objetivo de altura antes impensable, y eso ha descolocado sobremanera al presidente, acostumbrado al halago como acompañante habitual. De hecho, entrado en trance, ayer se atribuyó alguna que otra pieza de caza de la disidencia.
“Campaña orquestada”, “confabulación” o “lucho contra todos” fueron el mantra de un discurso improvisado, hecho a retales del subconsciente, que le escupía una y otra vez consignas victimistas propias de quien se cree perseguido por el mundo. No es así. Las cosas no suceden por casualidad y los clubs de fútbol no son una excepción. Las buenas gestiones dan como resultado equipos ganadores (él consiguió unos cuantos) y las malas desembocan en proyectos fallidos, como es el caso. No siempre se puede ganar, aunque es obvio que Florentino Pérez no lo considera siquiera una posibilidad.
No hay que magnificar sin embargo las consecuencias de lo sucedido, más allá de un rasguño en la reputación del Real Madrid y obviamente de su presidente. A las elecciones convocadas le seguirán una serie de medidas que, amplificadas por el aparato propagandístico (todavía es muy potente), borrarán el recuerdo vivido. Nuevo entrenador, nuevos fichajes, fuegos artificiales y un rival en las elecciones a quien señaló implícitamente pero de quien no conocemos ni la cara que tiene. Hace 20 años que los socios del Real Madrid no van a votar.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.