Explora La Vanguardia
Apariencia
A
Contraste
Al MinutoInternacionalPolíticaOpiniónSociedadDeportesEconomíaCiudadesPopCulturaSucesosLa Contra
Suscríbete
Opinión
Santiago Segurola
Columnista

El Madrid despista a la parroquia

Escucha este artículo
0:00 7:42
Actualizado hace 23 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

Sugerir una corrección Política de correcciones de La Vanguardia
4 puntos clave Ver
  • 01Lejeune, un central con mil batallas a su espalda, aplanó el camino del Real Madrid con dos errores clamorosos.
  • 02El primero derivó en un penalti, el segundo en una jugada de gol.
  • 03Desde ahí, se pronosticó una arrolladora victoria.
  • 04Bellin­gham se hizo cargo del tercero y el Santiago Bernabéu se dispuso a disfrutar de la avalancha de su equipo, después de un irregular comienzo de temporada.

Lejeune, un central con mil batallas a su espalda, aplanó el camino del Real Madrid con dos errores clamorosos. El primero derivó en un penalti, el segundo en una jugada de gol. Desde ahí, se pronosticó una arrolladora victoria. Bellin­gham se hizo cargo del tercero y el Santiago Bernabéu se dispuso a disfrutar de la avalancha de su equipo, después de un irregular comienzo de temporada. Sin embargo, ocurrió lo de costumbre: el Madrid es incapaz de jugar bien un partido entero, o un medio partido.

Es un problema que viene de lejos, de años de bloque bajo y contragolpe. Se repuso el Rayo Vallecano, que suele jugar por encima de sus posibilidades y la mezquindad de su presidente. Marcó en el segundo tiempo, estrelló un tiro en el poste y, cómo no, exigió algunas excelentes intervenciones de Courtois, en medio de la perplejidad de la afición, que no se cortó con los silbidos.

El Bernabéu delibera y no tiene veredicto; el equipo se repite en su modus operandi

El Bernabéu delibera y no tiene veredicto. El equipo se repite en su modus operandi. Suele vencer, pero no convencer. A los destellos, le siguen largas fases de atonía o desorgani­zación. Se esperaba otra cosa esta temporada. Es indudable que los fichajes de Dumfries, Konaté, Cucu­rella, Bernardo Silva y Diomanderobustecen la plantilla, más amplia y versátil que en la temporada anterior.

Era una inversión necesaria en un club que no confía en su cantera. No importa que los juveniles del Madrid ganaran la reciente edición de la Youth League o que varios de sus integrantes figurasen en la selección que se impuso en el Europeo sub 19, donde Xavi Espart jugaba de mediocentro. Ahora, de lateral izquierdo, es titular habitual en el Barça.

Mbappé celebra el segundo gol de su cuenta ante el Rayo
Mbappé celebra el segundo gol de su cuenta ante el RayoOSCAR DEL POZO / AFP

Florentino tampoco se siente cómodo con los técnicos españoles que orbitan alrededor del club. La historia de Del Bosque, Benítez, Lopetegui, Xabi Alonso y Arbeloa está marcada por su pertenencia al Real Madrid, todos como jugadores, excepto Rafa Benítez, que trabajó como técnico en las categorías inferiores. Todos ellos no merecieron el menor aprecio del presidente, que ha recuperado para su causa a José Mourinho, su entrenador fetiche. Ni Ancelotti, ni Zidane –seis Copas de Europa entre los dos– le llenaron tanto el ojo.

En un periodo de grave crisis institucional y deportiva, con elecciones anticipadas por medio y dos años de sequía absoluta en el equipo, Florentino Pérez retomó a Mourinho, 13 años después de su salida del Madrid. Regresa con 63 años, sin la vanidad y el ropaje mediático que le adornaba en sus años de éxitos. Era más que un entrenador. Ahora, no.

Sólo es un cotizado entrenador que ha recibido la llamada de un club gigantesco, después de recorrido declinante. No es una mala noticia para el Madrid recibir a un entrenador sin las adherencias anteriores. El equipo necesita de alguien que imponga un criterio saludable en la organización y en el juego. Atrás quedaron los tiempos donde la figura de Mourinho ocultaba el sol. En este Madrid que no se ha recuperado de los sucesivos shocks que sufrió la temporada anterior –el famoso desplante de Vinícius a Xabi Alonso, el silencio del club en la crisis, la destitución del técnico vasco, los desencuentros de Mbappé y Arbeloa, el fracaso deportivo y las elecciones que manifestaron la contrariedad de una buena parte de la masa social–, a Mourinho le toca arreglar desperfectos muy serios. En eso está, pero al público todavía no le gusta lo que ve.

Santiago Segurola
Santiago Segurola
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.