Esta columna llega a su número 500. Desde el 2016 les vengo relatando de forma ininterrumpida aquello que me parece más interesante de lo que sucede en el mercado del arte. Se podrían contar con los dedos de una mano los periódicos internacionales, como La Vanguardia, que apuestan semanalmente por publicar una crónica sobre este fascinante mercado. Pero más allá de mi agradecimiento al editor, Javier Godó, y a unos profesionales de primer orden que me han dado libertad absoluta para plantear lo que me parece más relevante, hoy, tras diez años de análisis y más de 30 involucrado en él desde diferentes roles, quisiera plantear algunas preguntas sobre el funcionamiento de esta industria que, como mínimo, me parecen cuestionables, apuntando así a aquello que se debería cambiar.
¿Por qué tantos artistas no pueden vivir de su arte? ¿Por qué la realidad del sector es tan precaria? ¿Por qué, a diferencia de otras industrias culturales, la facturación global del mercado del arte hace 20 años que está estancada? ¿Por qué es ciclotímico en unas crisis que se repiten regularmente? ¿Por qué es tan poco transparente y faltan cifras contrastadas de su funcionamiento? ¿Por qué las salas de subasta nos facilitan sus facturaciones pero no sus beneficios? ¿Por qué no sabemos las facturaciones de las megagalerías? ¿Por qué muchos old masters valen menos que la obra de un artista vivo?
¿Por qué no ha sido suficientemente sensible al arte de las artistas y hay tanta diferencia de precio entre las obras de artistas hombres y mujeres? ¿Por qué ha descuidado durante años a los artistas que representan a minorías étnicas o sociales? ¿Por qué está invadiendo aquellas estructuras que no deberían ser comerciales, como las bienales?
¿Por qué, a diferencia de otras industrias culturales, la facturación del mercado del arte hace 20 años que está estancada?
¿Por qué las megagalerías están condicionando algunas de las grandes exposiciones de museos? ¿Por qué casi el 40% del mercado se concentra en una sola ciudad, Nueva York? ¿Por qué es tan proclive a lo especulativo? ¿Por qué su funcionamiento se parece cada vez más al de los bienes de lujo? ¿Por qué algunas casas de subasta derriban los precios de los artistas?
¿Por qué los NFT desbordaron las valoraciones del mercado cuando no tenían ningún fundamento real? ¿Por qué se permite que las dos grandes casas de subasta ejerzan de facto un duopolio? ¿Por qué hay un exceso de ferias que agotan a los coleccionistas? ¿Por qué unánimamente el sector considera que su fiscalidad no es justa? ¿Por qué a menudo se menosprecia el papel de los galeristas cuando son quienes aguantan el mercado? ¿Por qué faltan unos estudios sobre galerismo? ¿Por qué la crítica ha perdido su papel de marcar el canon artístico y lo ha dejado en manos del mercado?

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.