Más allá de las medidas aprobadas hasta el momento para hacer frente a las consecuencias de la guerra de Irán es relevante considerar las enseñanzas de la guerra de Ucrania y las semejanzas y diferencias con aquel conflicto para analizar sus posibles efectos, y la posibilidad de nuevos paquetes de medidas en el futuro. En primer lugar, la opción de esperar antes de tomar las primeras medidas tiene un valor superior ahora que en el caso de Ucrania por la incertidumbre sobre su duración y consecuencias, el mayor coste de gasto público en términos de déficit y las diferencias en la situación cíclica de la economía española. Desde esta perspectiva, la reacción meditada, y evitando la sobrereacción instantánea, de la Administración ha sido una decisión acertada.
La incertidumbre sobre la duración de la guerra de Irán es mayor que en el caso de Ucrania, que ya desde el comienzo aparecía como un conflicto de cierta duración. A medida que pasa el tiempo se confirma que la guerra de Irán no será tampoco breve y, peor de todo, que la estrategia inicial de los contendientes de respetar las infraestructuras energéticas ha acabado saltando por los aires.
Esto garantiza que el problema energético se extenderá en el tiempo y, por tanto, las medidas deberán tener en cuenta que con los últimos bombardeos a refinerías petrolíferas y campos gasísticos, los precios de la energía serán altos por algún tiempo incluso aunque la guerra acabara mañana. Los problemas energéticos consecuencia de la guerra de Ucrania no fueron tanto de abastecimiento en general sino de cambio de las cadenas logísticas de suministro de energía y de proveedores y, por tanto, se adivinaban más temporales.
Por su parte, el elevado coste de las medidas adoptadas durante los primeros meses de la guerra de Ucrania se vio mitigado por la suspensión temporal de las reglas fiscales del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, incluida la disciplina ligada al procedimiento de déficit excesivo, para dar margen a los estados miembros ante la crisis energética. En mayo del 2022, la Comisión Europea prorrogó la llamada cláusula general de escape, que mantenía en pausa las reglas fiscales hasta finales del 2023. Eso permitió aplicar medidas de apoyo sin activar de forma automática la rigidez normal de los límites de déficit y deuda, siempre con la idea de usar ese margen de forma temporal y focalizada. En la actualidad todavía no se activado ninguna cláusula de escape.
La situación cíclica de la economía española es también diferente. Mientras el comienzo de la guerra de Ucrania pilló a España saliendo a duras penas de la crisis pandémica y sin haber recuperado el PIB anterior a la crisis, en la actualidad la economía española estaba creciendo rápido con una mayor presión de la demanda y más cerca de su potencial. Por tanto, las medidas fiscales no convencionales adoptadas en la guerra de Ucrania tendrían ahora un mayor coste en términos de inflación por estar más cerca de la parte más inelástica de la curva de Phillips.
La respuesta a la guerra exige prudencia: actuar sin sobrerreaccionar y centrar las ayudas en los más vulnerables Política económica
La analogía más clara es lo sucedido en Estados Unidos con la inflación durante los primeros meses de la guerra de Ucrania, con una economía en fuerte crecimiento, en la que una parte muy importante de la inflación fue causada por las medidas fiscales y no por la transmisión de los precios de la energía a la inflación.
Desde esta perspectiva, y también la ausencia actual de cláusula de escape, es incluso más importante que en el pasado que las medidas estén muy focalizadas en las familias vulnerables y los sectores productivos más afectados y con reducciones de impuestos condicionados con límites que se activen automáticamente. También hay que evitar que estas ayudas fiscales afecten demasiado a las señales de los precios que incentivan el ahorro de energía y la mejora de la eficiencia energética.
En segundo lugar, es importante pensar en la coordinación de estas políticas fiscales no convencionales entre países y con la política monetaria. Lo deseable sería que los países de la UE no compitieran en medidas ante una oferta energética cada vez más inelástica. Tendría que existir mayor coordinación para evitar episodios tan poco edificantes como las subastas por metaneros ya navegando para que cambiaran su rumbo, que fueron bastante frecuentes durante los primeros meses de la guerra de Ucrania. Por su parte, la política monetaria está en modo “esperar y ver”, como hemos comprobado en las decisiones de varios bancos centrales.
El futuro de los tipos de interés no está claro puesto que, aunque la opinión generalizada es que las bajadas de tipos que se esperaban hasta hace unas semanas no están ya en el horizonte, tampoco se esperaban subidas. Sin embargo, los mercados están descontando unos tipos más altos a final de año e incluso en Estados Unidos se descuenta una subida de 0,25 puntos a pesar de la presión de la Administración Trump.
El encarecimiento energético será duradero y obliga a coordinar políticas en la UE para evitar una respuesta desordenada Energía
En tercer lugar, hay que evitar que la guerra sirva de excusa para seguir perturbando el mercado de la vivienda con medidas contraproducentes. Hace unas semanas les comentaba la sorprendente bajada que mostraban los datos de Eurostat en la proporción del gasto en alquiler sobre la renta familiar. Parecería que el problema se estaba resolviendo cuando la sensación generalizada es que la situación está empeorando dramáticamente y que es imposible encontrar piso de alquiler en Barcelona.
En aquel momento aventuraba una explicación que me parecía sensata: los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida, fuente de aquella estadística, solo considera aquellas familias que han conseguido alquilar y no las que necesitarían un alquiler. Si la selección se estaba haciendo más estricta por la creciente escasez de la oferta, los ciudadanos del final de todas las colas, y que nunca accederían a alquilar, serían siempre los mismos: los que tuvieran menos recursos.
Hoy les puedo confirmar que, efectivamente, la renta de las familias inquilinas respecto a la media de la renta familiar en Catalunya no ha parado de subir en los últimos años, lo que muestra que las familias con menos recursos no pueden acceder a este mercado. Por tanto, mientras la temperatura del termómetro baja, el paciente empeora.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.