Indra ha solucionado, con la dimisión forzada de Ángel Escribano como presidente y la venta, también instigada por el Gobierno, de los hermanos Escribano del 14,3% que poseían del capital social, la crisis de gobernanza que ha tenido en vilo a la compañía en los últimos meses. Pero falta por despejar la incógnita sobre la operación que sobrevuela sobre el consejo de administración desde el pasado verano: la integración de EM&E. Existen divergencias. Los Escribano quieren que el órgano de gobierno corporativo vuelva a estudiar la fusión, y el Gobierno no lo descarta en esta nueva etapa de entendimiento. Sin embargo, sectores de Indra se oponen porque creen que la operación no aportaría excesivo valor a la cotizada.
El desplazamiento de los Escribano de la toma de decisiones en Indra, tanto a nivel ejecutivo como a nivel de consejo, es un avance. Pero las heridas supuran. Por un lado, parte del Gobierno y de la SEPI no ven la integración de EM&E como un proceso imprescindible para que Indra crezca y aumente sus capacidades industriales. Al contrario, consideran que la compañía de la familia Escribano no dispone de las tecnologías propias que harían al gran grupo de defensa español escalar y sumar nuevas competencias.
El Gobierno plantea reuniones mensuales con las empresas para coordinar los contratos de 7.240 millones
De la misma opinión es SAPA, en este momento segundo accionista de Indra, con el 7,94% del capital. El grupo vasco de defensa ha venido manteniendo su oposición a integrar EM&E. Cree que no sería una operación industrial que haría que Indra se situara en un escalón superior al que ahora se encuentra. A ello hay que añadir la tensa relación durante los últimos meses del mandato de Ángel Escribano al frente de la cotizada, con una guerra de dossiers con la familia Aperribay como víctima.
Con reticencias en los dos primeros accionistas de Indra, integrar EM&E en la principal empresa de defensa no es una operación sencilla, ni mucho menos. De momento, la dirección de la compañía se remite a la decisión del consejo de administración del pasado mes de diciembre, que consideró que una integración podría tener un encaje estratégico, y a unas declaraciones del consejero delegado, José Vicente de los Mozos, ante inversores la semana pasada en las que aseguró que, si los hermanos Escribano volvían a poner sobre la mesa la operación, el consejo de la compañía la “estudiaría”. No ha habido ningún movimiento, de momento.
La prioridad en este momento para el Gobierno es que los planes especiales de armamento (PEM) comiencen a desarrollarse con fluidez y sin los problemas que han existido en Tess Defence, la compañía que ha desarrollado el 8x8 para las fuerzas armadas. Indra y Escribano son los principales adjudicatarios de los contratos públicos por 7.240 millones para modernizar la artillería sobre ruedas y cadenas de las fuerzas armadas.
Para facilitar la colaboración entre Indra y Escribano, y que esos importantes contratos alcancen a más empresas del tejido industrial nacional, el Gobierno ha planteado la celebración de reuniones mensuales con las compañías implicadas en las adjudicaciones. Este es uno de los aspectos que más preocupa a Moncloa y los ministerios de Defensa e Industria, ya que en los últimos meses el Ejecutivo no ha parado de recibir quejas y críticas de toda la industria de defensa por las dificultades para avanzar en acuerdos con Indra durante la era Escribano.
Algunas de las últimas decisiones de Ángel Escribano en Indra también podrían someterse a revisión. Una de ellas es el acuerdo, sellado solo días antes de su dimisión, con el gigante surcoreano Hanwha para el desarrollo del megacontrato de 1.970 millones otorgado por el Gobierno para, junto a Escribano (EM&E), producir el nuevo blindado sobre cadenas del ejército español. En Indra hay dudas sobre si una empresa perteneciente a un país que ni siquiera forma parte de la OTAN es la mejor compañera para esta tarea. Algo similar ocurre con un acuerdo firmado en marzo con el gigante alemán Rheinmetall, aunque Alemania sí es un aliado en la organización atlántica. En cualquier caso, se trata de memorándums de entendimiento sobre los que tendrá que decidir el nuevo tándem directivo conformado por Ángel Simón y De los Mozos.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.