Siempre conjugamos la escasez en negativo. Y es obvio que todos preferimos la abundancia. La sequía produce ansiedad. Los pantanos llenos nos dan serenidad. Y así pondríamos mil ejemplos más. Aunque parezca contraintuitivo, hay veces en que una cierta escasez es positiva y en que la abundancia no comporta tantos beneficios como se podían presuponer. La mentalidad de escasez puede ser muy inteligente y la mentalidad de abundancia muy de nuevo rico. Quisiera sugerir algunos ejemplos en los que la mentalidad de escasez es claramente positiva.
Cuando las empresas van bien, el dinero corre. Y es fácil relajar los costes y desajustar los controles. Se crean inercias de ricos con burocracias para todo. Lo que antes eran excepciones, tonterías o caprichos ahora se convierten en cosas imprescindibles. La lógicas de gasto se disparan y mientras la facturación con margen crece, parece que no pasa nada. Cuando hay abundancia, los incentivos por resultados nunca parecen suficientes y algunas anécdotas deberían sonar como alarmas: profesionales que se quejan si los hoteles de sus outdoor no son lujosos o si sus coches de empresa no son tan flamantes como desean. Pero cuando un nuevo competidor empieza con costes menores o viejos competidores han sabido contener mejor los gastos, la competitividad chirría. Los precios no sostienen el valor comparativo y algunos clientes empiezan a irse. Si el producto no es radicalmente diferencial, uno nunca puede estar por encima de la media de costes del sector. Inevitablemente llegarán los recortes corporativos. Algunas empresas los aplicarán con determinación, otras buscarán consultoras para ejecutarlos. En síntesis: la tontería y el gasto aumentaron más que la competitividad. Se perdió la mentalidad de escasez de los fundadores. La relajación del gasto se contagia de arriba hacia abajo. Volver a una mentalidad de escasez cuesta mucho. Volver a trabajar como si no tuviéramos dinero se hace cuesta arriba. Pensar en una lógica de sostenibilidad significa contener el dispendio innecesario e invertir estratégicamente. Si quieren un ejemplo en autocontención vehemente, busquen la del fundador de IKEA.
La abundancia nos tienta con fichajes estelares; la escasez hace que miremos a la cantera y busquemos a los que serán los mejores Optar por la cantera
Cuando las empresas van bien, pero quieren crecer más, aspiran a contratar a los mejores. Y los mejores acostumbran a ser altos directivos de otras empresas con trayectorias atractivas y salarios muy altos. Que este tipo de directivos ofrezca resultados es muy incierto. Eran grandes directivos en un contexto que conocían muy bien con unos equipos sincronizados y compensados que estaban muy enraizados en la cultura de su empresa. En contextos nuevos, con otra cultura y sin el equipo que le daba alto rendimiento, todo se complica y esos fichajes directivos a precio de futbolista de élite no siempre salen bien. Es mucho mejor la mentalidad de escasez que nos hace atraer y contratar los que creemos que serán los mejores. O sobre todo es mucho mejor hacer crecer la cantera y crear una cultura meritocrática que potencie a los mejores. Conocen ya nuestra cultura y nuestros clientes. Tienen nuestro ADN. La abundancia nos tienta con fichajes estelares, la escasez hace que miremos a la cantera y busquemos a los que serán los mejores.
La escasez de tiempo tampoco es mala. Mantiene a la gente enfocada y estimula la eficiencia. Los que tienen tiempo en abundancia, por el contrario, hacen normas, reuniones innecesarias y crean comités prescindibles. Los que tienen tiempo imaginan cómo alargar los procesos, multiplicar los indicadores y acaban creando agendas de perfecto burócrata. Todo lo que es coordinable necesitará de un comité. Transformarán los diagnósticos en sobrediagnósticos. Sustituirán la naturalidad y el sentido común por aplicaciones digitales o por agentes de inteligencia artificial. Los que tienen tiempo en abundancia generan ocurrencias en abundancia. Equilibrar las agendas y llenarlas de sentido es imprescindible. No soy muy partidario de reclamar tiempo para pensar en nuestras agendas. Hay gente que pide una tarde para pensar y no sabe qué hacer. Uno piensa cuando está con los comerciales, entre máquinas, entre las cuitas por la innovación. Uno piensa con la inspiración que le dan los clientes, los competidores y otros directivos. Más que para pensar, necesitamos tiempo para sintetizar, expresar y enriquecer nuestros pensamientos de trinchera. Necesitamos tiempo para integrar y aterrizar nuestros pensamientos, en una época donde competiremos con máquinas inteligentes.
Disparar los costes muy por encima del sector o acostumbrar la empresa a un estilo de vida ostentoso, es un error de libro Errores
Nunca podemos olvidar que las empresas son frágiles, mucho más de lo que parece. Apostar por la mentalidad de la escasez es sensato. Potenciar la inversión de futuro y no solo el reparto de beneficios es razonable, en cambio disparar los costes estructurales muy por encima del sector es muy arriesgado o acostumbrar la empresa a un estilo de vida ostentoso es un error de libro. La ostentación es epidémica, se contagia solamente con mirarla. Es evidente que hay otras cosas de las que nunca tendremos demasiado. Nunca hay demasiada hambre para servir a los clientes. Nunca hay un exceso de respeto entre las personas. Nunca sobra el compromiso, como tampoco sobra la pasión. Una empresa debe ser un ecosistema equilibrado. Y esta mentalidad de escasez no puede ser solamente de una parte. Los accionistas deben alentar esta cultura también en la parte que les corresponde. Y los propietarios y altos directivos deben saber que extralimitar más allá de lo juicioso sus estipendios es algo que alimenta directamente la indolencia. La escasez ayuda más al equilibrio que la abundancia. La obesidad corporativa es tan mala como la de nuestros cuerpos. Algunas empresas necesitan ponerse a dieta. Mantener y alentar esta mentalidad de escasez, sin llegar a extremos ridículos, requiere de líderes que sean un ejemplo de equilibrio, de gente que no pierda la cabeza por el corto plazo, de directivos que sepan mantener la tensión en positivo y desdramaticen los límites. Para gestionar la abundancia no requerimos de grandes directivos. Los grandes líderes son los que saben mantener la mentalidad de escasez, aunque los resultados acompañen, se focalizan en inversiones que multipliquen futuros, fichan a los que serán los mejores y crecen haciendo crecer. Tener una mentalidad de escasez no es tener una mentalidad de pobre.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.