Este año, en la introducción del curso de razonamiento basado en datos que impartimos durante el tercer trimestre, se me ocurrió comentar a los estudiantes que las competencias requeridas en el mercado laboral estaban cambiando rápidamente en los últimos años. Les llevé algunos recortes de prensa internacional donde se mostraban los problemas de los jóvenes graduados para encontrar empleos y la reducción en la contratación de juniors en las grandes consultoras (una de las fuentes fundamentales de empleo de nuestros graduados).
Para no deprimir excesivamente a la audiencia también les llevé los datos de caída en la contratación de graduados en ciencias de la computación e ingenieros de software. Tuve suerte pues, a diferencia de lo que le sucedió a Gloria Caulfield cuando hace unos días habló de este tema en la ceremonia de graduación de la Universidad de Florida Central, no recibí un sonoro abucheo. Quizás fue porque aún tenían posibilidad de cambiar su futuro (mis alumnos están en segundo) si se centraban en las habilidades que serían las más requeridas en un mundo laboral dominado por la IA: pensamiento creativo y original, resolución de problemas, trabajo en equipo y buenas dotes comunicativas.
No por casualidad, estas son las competencias que desarrolla el curso de razonamiento con fundamentos empíricos: lo importante es descubrir una pregunta interesante y original sobre la que investigar, encontrar los datos y el procedimiento adecuado para contestar la pregunta, hacerlo en equipos de cinco y presentarlo al resto de alumnos del curso, cuyas valoraciones de las presentaciones forman parte de la evaluación continua de la asignatura.
Existen pocas dudas sobre las crecientes dificultades en el mercado laboral de los graduados universitarios recientes en Estados Unidos. Su tasa de desempleo supera la media desde hace poco tiempo, las ofertas de empleo on-campus se han hundido un 50% desde el máximo de 2022 y más del 50% de los empleadores señalan que están considerando reemplazar a los empleados juniors que contrataban con tecnología.
Un estudio reciente de Google indica que las vacantes en ocupaciones expuestas a la IA están cayendo al mismo ritmo entre ‘juniors’ y ‘seniors’ Afectación por igual
Esta situación genera temor entre los graduados que entienden que la mayor amenaza es la IA. El problema se extiende también a los doctores. En enero estuve en Filadelfia en la conferencia anual de la asociación de economistas americanos y la sensación de decepción y desaliento entre los jóvenes doctores en Economía con los que hablé era evidente. Muchos habían tenido solo dos o tres entrevistas, y pocas perspectivas de recibir ofertas atractivas de trabajo.
La realidad es que todavía sabemos poco sobre el impacto real de la IA sobre el mercado laboral. En primer lugar, las estimaciones sobre el impacto neto sobre el empleo a largo plazo son muy especulativas. Recordemos que los primeros cálculos, basados en ocupaciones, eran tremendamente pesimistas. Estimaciones posteriores, basadas en tareas dentro de cada ocupación, son menos extremas respecto a la pérdida de empleos.
Hay muy pocos empleos que puedan ser automatizados por completo, aunque si puedan serlo algunas partes. Esto quiere decir que, aunque la IA aumentara la productividad un 20%, el impacto sobre el empleo no sería ni mucho menos de esa magnitud. Por ejemplo, el trabajo de un ingeniero de software no es solo escribir código, labor que Claude de Anthropic puede realizar cada vez mejor, sino también decidir qué tipo de software es más necesario, revisar el código o diseñar interacciones entre sistemas.
En segundo lugar, se pensó inicialmente que la inteligencia artificial acabaría con las labores rutinarias de baja cualificación, pero en la actualidad las profesiones más amenazadas son los puestos intermedios de cuello blanco.
En tercer lugar, y esa es la polémica más actual, se está extendiendo la idea que la IA afectará más a los recién llegados al mercado laboral que a los trabajadores con más experiencia. Esto es, al menos, parcialmente cierto. En mi caso hace dos años que no contrato un ayudante de investigación pues Perplexity es un sustituto casi perfecto y, aunque tenga que revisar con cuidado sus resultados, también tenía que hacer lo mismo con los ayudantes de carne y hueso.
Pensamiento creativo y original, resolución de problemas, trabajo en equipo y buenas dotes comunicativas La Demanda
Pero un estudio reciente de Google indica que las vacantes en ocupaciones expuestas a la IA están cayendo al mismo ritmo entre juniors y seniors . Incluso más interesante es la evidencia, sustentada ya por varios estudios, que el empeoramiento del mercado de las ocupaciones expuesta a la IA empezó bastante antes de la explosión de la IA en noviembre del 2022. Además, los estudios micro indican que la IA mejora más la productividad entre los trabajadores más junior y menos experimentados que entre los más experimentados. Sobre este tema seguiremos debatiendo puesto que la controversia sobre quienes están convirtiéndose en más productivos por la IA sigue siendo muy intensa por la falta de consistencia de los hallazgos.
Por último, está la cuestión de si la IA está realmente mejorando la productividad. Hace algún tiempo les comentaba que, como en los primeros tiempos de la revolución de los ordenadores, la IA se veía por todas partes excepto en las estadísticas agregadas de productividad.
Lo cierto es que muchos estudios micro hace tiempo que encuentran efectos de la IA en la productividad que oscilan entre mejoras modestas hasta rendimientos superiores al 50%. Estos trabajos incluyen investigaciones basadas en metodologías experimentales sobre interpretación de radiografías, escritura de notas de prensa, escritura de código, etc.
La novedad es que en las últimas semanas empiezan a verse los efectos de la IA en las estadísticas agregadas de productividad. Jason Furman, de la Harvard Kennedy School, ha calculado recientemente que la productividad por hora trabajada en el sector no agrario de Estados Unidos muestra una clara aceleración hasta el 2,8% desde 2023, muy superior a las predicciones. Este cálculo es muy relevante teniendo en cuenta que Furman era, hasta hace poco, un escéptico del impacto de la IA sobre la productividad. Pues como la puerta de Alcalá, ahí está la IA y la empezamos a ver en la productividad.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.