Las sales de mayo de Nueva York son, junto a las de noviembre, uno de los dos momentos más intensos del calendario anual de subastas. No solo las grandes casas guardan las piezas más importantes para esas semanas, sino que permiten además tomar muy bien el pulso de cómo está el mercado. Y a tenor de las ventas realizadas tanto en las ferias de la semana previa como en las distintas sales celebradas estos días, los resultados han sido sólidos. Se hablaba de cierta cautela entre los compradores, por las pausas perceptibles entre pujas, o de un clima de prudencia, que vendría muy conectado con la complicada situación geopolítica que estamos viviendo, pero los altísimos porcentajes de lotes adjudicados, las batallas por algunas obras clave de grandes artistas modernos y contemporáneos, y sobre todo, el gran titular de la semana, que Christie’s vendió en una noche 1.121 millones de dólares (poco por detrás de la venta de Paul Allen del 2022 que ascendió a 1.500 millones), no dejan duda que el mercado está fuerte y ha perdido los miedos que se palpaban en los años previos.
Los comentarios que corrieron entre profesionales confirmaban que sigue la fuerte demanda de artistas mujeres surrealistas, que las colecciones de un solo propietario siguen siendo claves para apuntalar las principales ventas de las casas de subastas, reflejando la continua dependencia que tienen de las colecciones de alto perfil, y que a los precios de muchos artistas aún les queda recorrido para ir subiendo en la medida que aparezcan piezas icónicas y museables en el mercado. Destacaron cuatro obras que marcaron récords: el impresionante dripping de Pollock Number 7A (1948) de la colección de S.I. Newhouse, magnate editorial neoyorquino, que se vendió por 181,8 millones, triplicando el anterior del 2021 y posicionándose como la cuarta obra más cara de la historia vendida en subasta; la imponente escultura de Brâncuși, Dánae (1913) que llegó a 107,6 millones; el maravilloso Rothko No.15 ( Two Greens and Red Stripe ) (1964) de la colección de Agnes Gund, quien lo tuvo durante 50 años colgado en su casa, adjudicado en 98,4 millones; y el Miró Portratit de Madame K (1924) vendido por 53,5 millones. En definitiva, unos resultados esperanzadores que confirman que el mercado de las subastas se está estabilizando después de una prolongada desaceleración.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.