La inteligencia artificial hará mucho más fácil algo que se ha hecho toda la vida: copiar. Van a copiar en seguida tus diseños. Reproducirán tu forma de escribir. Calcarán tu modelo de negocio simulando datos parecidos a los tuyos. Copiar no será un arte, será un automatismo. Podrán copiar tu pasado, pero no podrán copiar tu futuro. Reproducirán lo que eras, pero no lo que quieres ser. No podrán copiar tus esfuerzos, ni el brillo de tus ojos. Sabrán perfectamente cómo hacerlo, pero hacerlo de verdad es otra cosa. Ante el mimetismo estructural levantaremos una economía de la autenticidad. Cuando no hay autenticidad, la mediocridad prolifera por doquier.
Hay cosas que no podrán copiarnos. No podrán clonar nuestra gente. Cuando las tecnologías se democratizan y llegan a todo el mundo, las personas son las que hacen la diferencia. Sabrán el cómo, pero no tendrán nuestro quién. No podrán copiar nuestra forma de aprender. No podrán emular nuestra cultura corporativa ni nuestra pasión. Se les escapará este matiz que lo hace todo distinto. No podrán reproducir fácilmente nuestra obsesión por el cliente. Costará que puedan reproducir esa disciplina de la que surge la excelencia. Podrán imitar la belleza, pero no podrán alquilar el alma que hace concebir la belleza.
Unos utilizarán la inteligencia artificial para copiar, pero otros para diferenciarse más. La diferencia no estará solamente entre algoritmos. La diferencia la harán las personas que los utilizan. También las marcas como síntesis de trayectorias de servicio y de relación aportarán identidad. La diferencia estará en nuestra capacidad de concentrarnos y de huir del pensamiento débil. La inteligencia artificial ha venido para que pensemos más y no menos. La diferencia estará en nuestra forma de levantarnos después de un fracaso. La diferencia estará en esos equipos que no se pueden improvisar porqué las sincronías y las complicidades no se improvisan. La diferencia estará en tener o no tener gente que se quiera complicar la vida a favor de un proyecto. La diferencia estará en tener talento comprometido y no solamente expertos de alquiler. La diferencia estará en liderazgos humanistas que buscan dar resultados, pero no de cualquier modo.
Nuestro empeño debería estar en reforzar una inteligencia artificial capaz de aumentar nuestra humanidad, no de sustituirla, de disminuirla, de banalizarla Futuro
La verdadera sabiduría consistirá en ir más allá de las máquinas. Los expertos competirán con las máquinas porqué correrán la carrera de la profundidad y la complejidad. Los sabios llevarán estas mismas carreras a otro nivel: el de la sencillez, la autenticidad y la humildad. Necesitamos miradas sabias, genuinas, generosas. Por suerte la vida nunca cabrá en un algoritmo. Nuestro empeño debería estar en reforzar una inteligencia artificial capaz de aumentar nuestra humanidad, no de sustituirla, de disminuirla, de banalizarla. Las máquinas funcionan, pero las personas vivimos y vivimos más allá de las máquinas.
Nadie sabe cómo será el futuro después de la IA. La distopía es fácil de describir y hay gente que la repite cada día porque su modelo de negocio es el dramatismo. Anuncian una suerte de dictadura en alianza con los tecnooligarcas ante la crisis de la democracia liberal. La democracia muere, cuando muere la verdad. Proponen una especie de renta básica universal que me suena a una total generalización de la pobreza. La derrota final de cualquier privacidad. Guerras de una crueldad de otro nivel. La hegemonía del pensamiento débil. El agotamiento energético por las necesidades de la IA y de la futura computación cuántica. ¿Quién da más? Pues sí, la famosa singularidad, ese día en el que las máquinas sobrepasen a las personas.
Pero hay otra forma positiva de mirar el futuro. Una sociedad que aprende a convivir con una inteligencia artificial que no lo invade todo porque nos queda sentido común y lo usamos como muro de contención contra la tontería artificial. Una IA que nos cambia muy positivamente la gestión de nuestra salud de un modo similar a como la revolución digital cambió nuestro paradigma de comunicación personal. Una sociedad con un control imperfecto de los algoritmos y de todo aquello que amenaza a la privacidad, igual que en su momento se decidió poner coto a los medicamentos y regularlos. Casi al mismo tiempo la farmacéutica Bayer sintetizó la heroína y la aspirina para venderlas en farmacias. Era finales del siglo XIX. Bien, hoy la heroína y tantas drogas no se venden en farmacias y se persiguen. Hay un gran problema de tráfico de drogas, es cierto, pero no hay un gran desbarajuste con los medicamentos. Con la inteligencia artificial puede pasar lo mismo. Sin duda que la IA va a sustituir puestos de trabajo, pero creará de nuevos y el The Jobs Acocalyse que pone en portada The Economist yo no lo veo todavía y les aseguro que visito muchas empresas cada semana. Quizás por ignorancia, pero no quiero comprar esa versión tan mala de la humanidad que nos considera globalmente imbéciles como para no saber perimetrar a la inteligencia artificial.
La distopía es fácil de describir y hay gente que la repite cada día porque su modelo de negocio es el dramatismo Dramatismo
Usaremos la inteligencia artificial con sentido común. Pongamos el caso de uso de la inteligencia artificial generativa (ChatGPT, Claude, Co-pilot, etc.). La usamos con fluidez, pero sabremos distinguir los contextos. Si el contexto es de situación, la usaremos para tener una información rápida y aproximada que puede ser muy útil. Si el contexto es de elaboración haremos un primer contraste para saber que nos basamos en conocimiento solvente proporcionado por la IA y no solamente en opinión. Si el contexto es de verificación, por ejemplo, a la hora de hacer un diagnóstico de salud, buscaremos la garantía del respaldo científico a lo que nos propone nuestro programa de IA.
Démosle la vuelta. Seamos capaces de usar la inteligencia artificial también a favor de los que crean y no solamente de los copian. Seamos positivamente prudentes. No dimitamos de nuestras capacidades. Dejemos de repetir todo lo que hará la IA y mejoremos lo que hacemos las personas. Pensemos más, decidamos mejor, creemos más, ejecutemos con excelencia. Ante la epidemia de idolatrar las máquinas, confiemos en las personas. Lo copiarán todo menos nuestra ilusión, nuestro empeño, nuestra forma de pensar más allá de la tecla.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.