Integrar producción agrícola, diferenciar su oferta hotelera, reducir costes y recuperar suelo agrícola abandonado. Todo ello y todo junto es el proyecto con el que MarSenses Hotels & Homes ha conseguido llevar a las cocinas de sus restaurantes 14 variedades diferentes de tomate, caviar cítrico, lima kaffir y otras delicatessen propias de la alta gastronomía. Lo que comenzó casi por accidente en un pequeño huerto propiedad del director general de la cadena, Rodrigo Fitaroni, es hoy un proyecto agrícola de siete hectáreas en Santa Maria del Camí, en Mallorca, que abastece a los hoteles del grupo y que la compañía quiere convertir en un modelo escalable de agricultura regenerativa.
“Se me fue la mano con los planteles de verdura”, recuerda Fitaroni. En un pequeño huerto de apenas 100 metros cuadrados comenzó a producir más de lo que podía consumir a nivel particular. Fue entonces cuando se preguntó qué ocurriría si transformaba su huerto en una empresa agrícola cuyos productos acabasen en los platos de los clientes de sus hoteles. La respuesta fue Malla Viva, un proyecto concebido no solo para abastecer de tomates y verduras ecológicas los seis hoteles que la marca tiene repartidos entre Mallorca y Menorca, sino como un laboratorio desde el que ensayar una forma distinta de relacionar turismo, agricultura y territorio.
La cadena prevé facturar 35 millones de euros este 2026, después de cerrar el 2025 con 32,6 millones
Tras el huerto particular, llegó la primera hectárea, que sirvió como banco de pruebas. Allí empezaron a introducir técnicas de agricultura regenerativa y, al mismo tiempo, a testar con los chefs de los hoteles qué variedades funcionaban mejor en cocina y cómo respondían los clientes. El salto de escala ha llegado este año con la puesta en marcha de siete hectáreas en Santa Maria del Camí, donde conviven 44 variedades de frutales con cultivos hortícolas tradicionales de Mallorca y productos muy exóticos como el citado caviar cítrico, originario de Australia, o la lima kaffir, procedente del sudeste asiático.
Pero Malla Viva no se plantea exclusivamente como un proyecto medioambiental. Hay detrás una lógica de negocio bastante más terrenal. MarSenses cerró el 2025 con una facturación de 32,6 millones de euros, de los cuales 30,5 millones correspondieron a la actividad hotelera y 2,1 millones a restauración y a la villa vacacional Cas Metge Matas. Para el 2026, la compañía espera llegar a los 35 millones, con 32,8 millones procedentes de los hoteles. La cadena cuenta actualmente con seis establecimientos –cinco en Mallorca y uno en Menorca–, además de la villa y dos restaurantes, y prepara la incorporación de unas 400 habitaciones durante los próximos tres años, repartidas entre tres o cuatro nuevos hoteles.
El crecimiento se plantea ya fuera de Baleares, con el foco puesto en la Península y, especialmente, en zonas menos masificadas del norte de España. La compañía estudia actualmente proyectos en Galicia y en el entorno de Bilbao, con especial interés por hoteles rurales y boutique capaces de encajar en su estrategia de crecimiento.
MarSenses estudia proyectos hoteleros en Galicia y País Vasco para crecer fuera de las islas
Para una compañía de este tamaño, argumenta Fitaroni, competir exclusivamente por precio resulta sumamente complicado. “Somos una cadena pequeña en un territorio de gigantes. De aquí, de Baleares, provienen las mayores marcas”, reconoce. Y eso obliga a buscar atributos que el cliente pueda identificar. “Tener un factor de diferenciación en cómo proponemos nuestro producto dentro del mercado nos ha obligado a ser un poco más creativos”. La agricultura propia entra precisamente en esa ecuación. Al fin y al cabo, pocas cosas transmiten mejor cierta idea de lujo vacacional que poder sentarse a la mesa y elegir entre catorce variedades distintas de tomate recién recogido.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.