Pequeñas humaredas de polvo se extienden por todo el Camp de Tarragona. Las emiten los tractores y son el signo inequívoco de que la temporada de recogida de avellanas ya ha comenzado. En el Rourell (Alt Camp), una parte de esa cosecha acabará atravesando las instalaciones de La Trencadora, un floreciente negocio familiar donde los Basora seleccionan, rompen, tuestan y transforman el fruto. Serán las primeras de las 500 toneladas con las que la empresa elaborará este año sus cremas de avellanas, pastas para heladería y otros derivados de frutos secos con los que La Trencadora ha conseguido dar el salto a los supermercados.
La escena tiene mucho de ancestral. Desde 1920 cuatro generaciones de los Basora se han dedicado al cultivo y la comercialización de frutos secos. La transformación tomó impulso en el 2013, cuando Toni Basora, ingeniero de profesión, regresó a casa y se incorporó al negocio familiar. Hoy La Trencadora factura entre 1,5 y 2 millones de euros, emplea a 14 personas –entre ellas sus tres hermanos y su padre, jubilado activo de 81 años– y está presente en las estanterías de Bon Preu, Caprabo y en supermercados de Baleares. Ahora prepara su entrada en La Sirena y El Corte Inglés, a través de sus gourmets .
La empresa prepara su entrada a la Sirena y El Corte Inglés, además de trabajar en aceites de frutos secos
Todo empezó con una máquina. “Cuando volví a casa le dije a mi padre que quería una trencadora ”, recuerda Basora. Recuperaron así una antigua máquina fabricada por Salvador Baldric, inventor de Reus, que todavía hoy rompe avellanas y que acabaría dando nombre a la empresa en el 2017. Construida hace más de seis décadas, puede procesar unos 700 kilos por hora. Desde entonces, La Trencadora ha sofisticado el proceso: controla el tostado con gran precisión y, además de vender avellanas tostadas y crudas, ha desarrollado cremas 100% de frutos secos sin aditivos, que son las estrellas de las ventas. Entre ellas se encuentra una crema de cacao y avellana a la que la ilustradora Pilarín Bayés puso rostro con una ilustración del Patufet, uno de los personajes más reconocibles de la cultura popular catalana.
La innovación continúa ahora de la mano del IRTA. Con el Institut de Investigació i Tecnologia Agroalimentàries han desarrollado una pasta de avellana para heladería capaz de competir con las referencias italianas –“nos molestaba que aquí solo se vendiera la italiana”, admite Basora– y trabajan en la recuperación de los aceites de frutos secos, cuya comercialización estuvo prohibida durante décadas. La propia empresa impulsó el cambio normativo que volvió a hacerla posible y ahora estudia nuevos productos a partir de ellos. Hay voluntad de poner en valor la calidad de la avellana del territorio frente a la importada. Es su manera de mirar hacia delante, dando más valor al fruto, pero sin alejarse demasiado de casa ni de la tierra.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.