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Dinero Eficiencia energética

“2026, el verano más fresco del resto de nuestra vida”

Un aislamiento adecuado, junto con ventilación nocturna, puede reducir la temperatura hasta 10º

“2026, el verano más fresco del resto de nuestra vida”
El aislamiento térmico ayuda a mantener una temperatura interior más estable y mejora el confort de la vivienda frente al calor exteriorURSA Ibérica
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Actualizado hace 2 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Es posible que dentro de unos años recordemos el verano de 2026 con una sensación paradójica: quizá nos parezca uno de los más frescos de los que nos ha tocado vivir.
  • 02No es una frase pensada para alarmar, sino una invitación a mirar los datos y, sobre todo, a actuar en aquellos ámbitos en los que sí tenemos capacidad de hacerlo.
  • 03La Agencia Estatal de Meteorología acaba de confirmar que el verano de 2026 ha sido el más cálido registrado en España desde que comenzó la serie histórica en 1961.
  • 04La temperatura media alcanzó los 24,5°C, 2,4 grados por encima del promedio del periodo 1991-2020.

Es posible que dentro de unos años recordemos el verano de 2026 con una sensación paradójica: quizá nos parezca uno de los más frescos de los que nos ha tocado vivir. No es una frase pensada para alarmar, sino una invitación a mirar los datos y, sobre todo, a actuar en aquellos ámbitos en los que sí tenemos capacidad de hacerlo.

La Agencia Estatal de Meteorología acaba de confirmar que el verano de 2026 ha sido el más cálido registrado en España desde que comenzó la serie histórica en 1961. La temperatura media alcanzó los 24,5°C, 2,4 grados por encima del promedio del periodo 1991-2020.

Ramón Ros, director general de URSA Ibérica, analiza el papel del aislamiento térmico en la adaptación de las viviendas frente al calor extremo
Ramón Ros, director general de URSA Ibérica, analiza el papel del aislamiento térmico en la adaptación de las viviendas frente al calor extremoURSA Ibérica

Pero hay otro dato que me parece aún más revelador: en la Península y Baleares hemos acumulado 61 días bajo condiciones de ola de calor, frente a los 41 días del anterior máximo, registrado en 2022. Es decir, durante aproximadamente dos de cada tres días del verano hemos convivido con temperaturas excepcionalmente altas. 

Y el calendario tampoco parece poner ya un límite demasiado claro al verano. Septiembre comenzó con otra ola de calor que afectó a 16 provincias. En Catalunya, Vinebre alcanzó los 42,5°C y el Observatori Fabra de Barcelona llegó a 34,1°C, su registro más elevado para un mes de septiembre desde que comenzó su serie en 1914.

Mientras tanto, el Mediterráneo también ha enviado una señal difícil de ignorar. El 13 de agosto, la temperatura media de sus aguas superficiales llegó a 28,54°C, el valor más alto registrado al menos desde 1940. Durante buena parte de agosto fueron encadenándose máximos diarios y, ya a finales de junio, la temperatura del mar se situaba 2,6 grados por encima de los valores habituales para esas fechas.

“Las viviendas deberán responder a unas condiciones climáticas cada más exigentes”

Ante este escenario solemos pensar inmediatamente en más aire acondicionado, más ventiladores y sistemas de climatización más potentes. Pueden ser necesarios, por supuesto, pero reducir la respuesta al calor a consumir más energía para enfriar nuestros edificios significa actuar únicamente sobre la consecuencia. Hay una medida anterior, menos visible y mucho más permanente: conseguir que el calor tenga más difícil entrar en nuestras casas.

El aislamiento térmico funciona durante todo el año. En invierno ayuda a conservar el calor que generamos en el interior; durante los meses cálidos reduce la transferencia de energía desde un exterior sobrecalentado hacia la vivienda. Combinado con medidas de protección solar y una ventilación adecuada en las horas en las que la temperatura exterior lo permite, consigue que el edificio mantenga durante más tiempo unas condiciones interiores mucho más confortables.

En URSA hemos analizado, por ejemplo, el comportamiento de una vivienda sin aislamiento, con doble acristalamiento y sin protección solar, que en un episodio de fuerte calor puede alcanzar temperaturas interiores del entorno de los 42°C. Incorporando un aislamiento adecuado, protección solar y ventilación nocturna, ese mismo caso de estudio mantiene la temperatura por debajo de los 33°C. Casi diez grados de diferencia que permiten entender hasta qué punto la envolvente de un edificio puede condicionar nuestro confort y nuestra dependencia de los sistemas activos de refrigeración.

Fachada ligera y ventilada en Sant Feliu, una solución que contribuye a mejorar el aislamiento térmico y la eficiencia energética del edificio
Fachada ligera y ventilada en Sant Feliu, una solución que contribuye a mejorar el aislamiento térmico y la eficiencia energética del edificioURSA Ibérica

Esta capacidad de protegernos frente al calor debería formar parte también de cómo concebimos nuestros edificios. Las viviendas que construimos o rehabilitamos hoy permanecerán en uso durante décadas y tendrán que responder a unas condiciones climáticas previsiblemente más exigentes. Por eso, la eficiencia energética y una buena envolvente no deberían considerarse prestaciones adicionales, sino elementos esenciales de la calidad de una vivienda.

Un edificio que necesita menos energía para mantener unas condiciones interiores confortables no solo reduce su consumo y sus emisiones. También protege mejor a quienes viven en él frente a los episodios de temperaturas extremas y disminuye su dependencia de los sistemas de climatización. En definitiva, es un edificio más preparado para afrontar el clima que viene.

Y no podemos hablar únicamente de obra nueva. Buena parte del reto está ya construido. Tenemos millones de viviendas que fueron levantadas cuando las exigencias térmicas eran muy inferiores a las actuales y que necesitan mejorar su envolvente. Rehabilitarlas supone reducir demanda energética, pero también adaptarlas a una realidad climática distinta de aquella para la que fueron concebidas.

“El calor extremo ya no es solo una cuestión de unos días en julio o agosto, sino de todo el verano”

El calor extremo ya no es solo una cuestión de unas pocas jornadas de julio o agosto. Empieza antes, termina después y condiciona cada vez durante más tiempo nuestra forma de habitar los edificios. Por eso, cuando bajen las temperaturas y dejemos de hablar de olas de calor, sería un error olvidarnos del problema hasta el próximo verano.

Porque prepararnos para el calor no empieza cuando el termómetro supera los 40 grados, sino mucho antes. Si cada vez hace más calor fuera, tendremos que aprender también a proteger mejor nuestras casas por dentro. El momento… es ahora.

AG
Autor Genérico
Dinero

Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Director General de URSA Ibérica.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.