Antes de tocar el mando del aire acondicionado, conviene mirar las ventanas. En muchas casas, el problema no es solo el aire caliente de la calle, sino el sol que atraviesa los cristales, calienta suelos, muebles y paredes y convierte la vivienda en una especie de acumulador térmico. La consecuencia para el bolsillo es sencilla: cuanto más se calienta la casa durante el día, más tendrá que trabajar después la climatización.
No se trata de prometer ahorros universales ni de presentar las cortinas como sustitutas del aire acondicionado en una ola de calor. Pero sí de recordar una idea básica de eficiencia: evitar que entre calor suele ser más barato que expulsarlo después. El IDAE, organismo público de referencia en ahorro energético, recomienda en verano ventilar por la noche o a primera hora y bajar toldos y cerrar persianas para reducir el calentamiento de la vivienda. También sitúa en 26 ºC o más, con ropa adecuada, una temperatura suficiente para el confort en refrigeración.
“La clave es actuar antes de que entre el calor”, resume Gemma Reinón, de Català Reinón Abogados. A su juicio, el error habitual es reaccionar cuando la casa ya está caliente: “Una persiana bajada a las cuatro de la tarde puede llegar tarde si el sol lleva horas entrando por la ventana”. La recomendación, añade, no es tanto enfriar más, sino impedir que la vivienda se recaliente: “En verano, la prevención pesa más que la reacción”.
La ventana, el primer frente de ahorro
Las medidas más sencillas —cortinas, estores, persianas, toldos o láminas solares— no enfrían como una máquina, pero pueden reducir la ganancia de calor por radiación solar. Esa diferencia importa porque el consumo del aire acondicionado depende, entre otros factores, de la temperatura interior de partida, del aislamiento, de la orientación de la vivienda, de la zona climática y del tiempo de uso.
Jordi Català, abogado especializado en derecho civil, consumo, vivienda y cuestiones económicas cotidianas, lo expresa así: “No enfrían como un aparato de climatización, pero evitan que la vivienda se caliente tanto”. Y cuando una casa parte de una temperatura menor, “el aire acondicionado trabaja menos y se paga menos”. La afirmación debe leerse con prudencia: el impacto en euros no es fijo y dependerá del contrato eléctrico, del precio horario o pactado de la luz y de cómo se utilice el equipo.
El contexto climático hace que estas decisiones domésticas ganen peso. AEMET señaló que los días 22 y 23 de junio de 2026 fueron, con datos provisionales, los más cálidos de ese mes en España desde al menos 1950, y recuerda que las olas de calor son más frecuentes, más extensas y más intensas. En ese escenario, reducir la carga térmica de la vivienda antes de encender la climatización puede ser una medida modesta, pero relevante.
Mejor por fuera que por dentro
La diferencia entre una persiana exterior, un toldo y una cortina no es solo estética. “La persiana exterior suele ser más eficaz porque bloquea el sol antes de que atraviese el cristal”, explica Català. Lo mismo ocurre con el toldo: “Funciona muy bien por la misma razón: da sombra desde fuera”. En cambio, las cortinas y estores interiores ayudan, pero actúan cuando parte de la radiación ya ha entrado por el vidrio.
Reinón introduce un matiz práctico: “Sí, aunque no todas igual”. En el caso de las cortinas, “las claras, gruesas o con tejido térmico ayudan a reducir la entrada de calor y la sensación de sol directo dentro de casa”. Las finas y oscuras, advierte, pueden decorar, pero “no siempre protegen bien del calor”. Por eso, la solución más eficaz suele combinar capas: protección exterior cuando sea posible y apoyo interior en las horas de más insolación.
El IDAE también recomienda no bajar el termostato por debajo de lo necesario al encender el aire acondicionado, porque no enfría la casa más rápido y puede generar un gasto innecesario. Esa indicación encaja con la lógica de las barreras solares: cuanto menos calor se acumule previamente, menos necesidad habrá de forzar la climatización.
Toldos, persianas y rutinas horarias
Los toldos pueden ser una inversión razonable en viviendas con ventanas muy expuestas, aunque no siempre son posibles por coste, comunidad de propietarios, fachada o régimen de alquiler. “En muchas viviendas sí, sobre todo en ventanas orientadas al sur, oeste o suroeste, donde el sol de tarde puede calentar mucho la casa”, señala Català. Además de reducir la radiación directa sobre el cristal, “también protege muebles, suelos y tejidos del desgaste del sol”.
La clave, insiste Reinón, está en el horario: “En verano, lo más eficaz es ventilar temprano, cerrar ventanas cuando el exterior empieza a calentarse y bajar persianas o toldos en las horas de sol directo”. Por la noche, si la temperatura exterior baja, se puede volver a abrir para favorecer la ventilación cruzada. El IDAE coincide en esa pauta al recomendar abrir ventanas por la noche o a primera hora, cuando el aire exterior es más fresco.
Para viviendas sin persianas, las opciones son más limitadas, pero no inexistentes. Català cita “estores térmicos, cortinas opacas claras, láminas solares, toldos portátiles o soluciones de sombreado exterior”. También pueden ayudar plantas en balcones, celosías o tejidos de sombra, siempre que no dificulten la ventilación. La idea común es evitar que el cristal reciba sol directo durante horas.
Qué conviene comprar primero
La decisión no debería empezar por la solución más cara. “Empezar por lo básico: cortinas claras y densas, persianas bajadas en las horas de sol, ventilación nocturna y evitar que el sol entre directamente en las habitaciones principales”, recomienda Reinón. Solo después, si el problema persiste, tiene sentido valorar toldos, láminas solares u otras intervenciones.
Las láminas solares pueden ser útiles en ventanas muy expuestas, especialmente cuando no se puede instalar una protección exterior, pero conviene elegirlas con cuidado. “Algunas oscurecen demasiado o alteran la entrada de luz”, advierte Català. En viviendas luminosas pueden compensar; en casas ya oscuras, quizá no. De nuevo, no hay una respuesta universal: la orientación, el tipo de vidrio, la necesidad de luz natural y la situación de la vivienda cambian el resultado.
La conclusión es menos llamativa que algunos mensajes de ahorro rápido, pero más útil: cortinas, toldos y persianas no hacen milagros ni sustituyen a una rehabilitación energética, pero pueden ayudar a que la vivienda necesite menos frío artificial. “El ahorro energético no consiste solo en consumir menos frío artificial”, resume Reinón. “También consiste en necesitar menos frío”. Ahí, actuar sobre las ventanas antes de que el sol caliente la casa puede ser una de las decisiones más sencillas y prudentes para el bolsillo.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.