Televisores que esperan una orden del mando, consolas listas para reanudarse, impresoras, altavoces conectados, decodificadores o aparatos con un reloj permanentemente iluminado. Cuando la casa se va a dormir, una parte de sus equipos eléctricos no lo hace del todo. El consumo de cada aparato puede ser pequeño, pero se prolonga durante muchas horas y se acumula cuando son varios los dispositivos conectados.
Eso no significa que haya que iniciar cada noche una ronda por la vivienda desenchufándolo todo. Tampoco permite asegurar un ahorro concreto en euros: dependerá del consumo real de cada aparato, del número de horas que permanezca en espera y del precio de la electricidad que pague cada hogar. La prioridad es distinguir los consumos que merece la pena eliminar de aquellos que son prácticamente irrelevantes o que cumplen una función necesaria.
“No todos los aparatos consumen lo mismo ni merece la pena aplicar la misma atención a cada uno”, advierte Jordi Català, abogado especializado en derecho civil, consumo, vivienda y cuestiones económicas cotidianas. Su recomendación es mirar el conjunto: “Es más útil localizar grupos completos de equipos —televisor, consola, decodificador, barra de sonido y reproductores— que desconectar diariamente un pequeño cargador moderno cuyo consumo sin dispositivo puede ser mínimo”.
El ‘standby’ no ha desaparecido, aunque los aparatos nuevos gastan menos
La legislación europea distingue entre el modo apagado, el modo de espera o standby y la llamada espera en red, en la que el equipo conserva una conexión que permite reactivarlo a distancia. Desde el 9 de mayo de 2025 se aplican en la UE requisitos de ecodiseño revisados a los nuevos productos incluidos en el Reglamento 2023/826 que se introducen en el mercado.
Con carácter general, la norma limita a 0,5 vatios el consumo en modo apagado y en el standby que solo mantiene una función de reactivación; permite hasta 0,8 vatios cuando el modo de espera incorpora información o una indicación de estado. Para la espera en red, el límite general es de 2 vatios, aunque determinados equipos de alta disponibilidad de red —los denominados HiNA— pueden llegar a 8 vatios en esta fase de aplicación. La regulación prevé límites todavía más estrictos para determinados modos a partir de 2027.
Hay una cautela importante: estos topes no significan que todos los aparatos que hoy existen en una vivienda consuman esas cantidades. Las nuevas exigencias afectan a los productos puestos en el mercado bajo la nueva regulación; una casa puede conservar equipos mucho más antiguos y aparatos sujetos a otras normas específicas. La Comisión Europea calcula que la revisión permitirá ahorrar en toda la UE unos 4 TWh anuales de electricidad en 2030 y unos 530 millones de euros anuales en las facturas de los consumidores en conjunto. Son estimaciones europeas agregadas, no una cifra que pueda trasladarse directamente a cada hogar.
El salón es un buen lugar para empezar
El televisor raramente está solo. A su alrededor pueden convivir una consola, un decodificador, un equipo de sonido, un reproductor o distintos accesorios. Es precisamente esa concentración la que puede hacer más útil actuar sobre el conjunto.
“En el salón, la solución más sencilla puede ser una regleta con interruptor para agrupar el televisor, la consola y los accesorios”, explica Gemma Reinón, de Català Reinón Abogados. La idea de cortar conjuntamente la alimentación de los equipos audiovisuales no es nueva: la guía de ahorro energético del IDAE ya recomendaba agrupar este tipo de aparatos en bases múltiples con interruptor, aunque las cifras económicas de aquella publicación de 2011 no deben extrapolarse al parque actual de equipos ni a los precios presentes de la electricidad.
La precaución está en no convertir la regleta en una solución indiscriminada. Reinón señala que hay que comprobar las características del dispositivo y evitar utilizarlo para aparatos que necesiten alimentación permanente. En la práctica, conviene respetar siempre las especificaciones de potencia y las instrucciones del fabricante de la regleta y de los equipos conectados.
En el despacho ocurre algo parecido. Ordenador, monitor, impresora y altavoces pueden continuar en distintos estados de reposo después de terminar la jornada. “Dejar un ordenador suspendido permite reanudar el trabajo rápidamente, pero no equivale siempre a un apagado completo”, recuerda Català. La normativa europea de ecodiseño para ordenadores diferencia, precisamente, entre modos de reposo, apagado y estados de menor consumo.
Si el equipo no necesita realizar durante la noche actualizaciones, copias de seguridad u otras tareas programadas, el apagado completo puede evitar ese consumo residual. Si sí las necesita, cortar la alimentación deja de ser una medida razonable.
El router no es un electrodoméstico cualquiera
Uno de los errores sería aplicar la misma regla a todos los equipos conectados. “El router merece un análisis separado”, subraya Reinón. “Apagarlo cada noche puede ahorrar electricidad, pero también interrumpe teléfonos vinculados, sistemas de seguridad, cámaras, actualizaciones, copias de seguridad y dispositivos domóticos”.
La propia revisión europea de las reglas de standby ha ampliado el alcance a productos como los routers Wi-Fi y los altavoces inalámbricos, precisamente porque siguen desarrollando funciones relacionadas con la red aunque el usuario no esté interactuando con ellos.
Por eso, el criterio no debería ser simplemente “router encendido, gasto inútil”. En una vivienda donde de él dependan alarmas, domótica, telefonía o cámaras, mantenerlo operativo puede ser necesario. Si únicamente proporciona conexión a internet y nadie la utiliza durante varias horas, puede valorarse una programación compatible con el equipo y con los servicios contratados.
Algo similar sucede con otros dispositivos conectados. “Los altavoces inteligentes y pantallas conectadas permanecen escuchando una orden o manteniendo una conexión”, explica Reinón. Antes de apagarlos conviene saber si también funcionan como despertador, central domótica o enlace con otros servicios de la vivienda.
El cargador olvidado no siempre es el principal culpable
La imagen del cargador del móvil enchufado como gran enemigo de la factura también necesita matices. “Los cargadores no deben dejarse cubiertos, deteriorados o conectados en condiciones inseguras. No obstante, desde un punto de vista estrictamente económico, el consumidor debería priorizar aparatos con mayor consumo permanente y evitar afirmaciones exageradas sobre el coste de un único cargador vacío”, sostiene Català.
La regulación europea respalda la idea de que el consumo sin carga de las fuentes de alimentación modernas reguladas puede ser muy bajo. El Reglamento 2019/1782 fija para distintas categorías de fuentes externas límites de consumo sin carga de 0,10, 0,21 o 0,30 vatios, según sus características. Una nueva normativa aprobada en 2025 sustituirá este marco con requisitos renovados a partir de diciembre de 2028.
Esto no significa que todos los cargadores consuman exactamente esas cantidades ni que dé igual dejarlos conectados. Significa que no es riguroso atribuir a un único cargador moderno un gran ahorro anual sin medir primero su consumo y conocer cuánto tiempo permanece enchufado.
Medir antes de perseguir cada enchufe
Cuando hay dudas, el paso más útil es comprobar qué ocurre realmente en esa vivienda. “Para identificar los consumos puede utilizarse un medidor de enchufe compatible con el aparato o consultar los datos de un contador o sistema doméstico de monitorización”, explica Reinón. Así es posible separar un dispositivo con un gasto residual prácticamente despreciable de otro que mantiene una demanda continua durante toda la noche.
Y hay aparatos con los que el ahorro nocturno no debe plantearse. “No deben desconectarse frigoríficos, congeladores, equipos médicos, alarmas, detectores esenciales, bombas, acuarios ni dispositivos de asistencia”, recalca Reinón. Una luz nocturna necesaria para prevenir caídas tampoco debe eliminarse por perseguir unos pocos vatios de consumo.
La jerarquía importa más que el gesto. Iluminación decorativa olvidada, grupos audiovisuales, equipos antiguos o dispositivos permanentemente conectados sin ninguna función nocturna ofrecen un terreno más lógico de revisión que perseguir sistemáticamente cada pequeño adaptador.
Català lo resume así: “La mejor rutina nocturna no consiste en recorrer cada habitación desconectando veinte enchufes. Consiste en organizar los aparatos por grupos, automatizar los que no necesitan funcionar y mantener conectados únicamente los servicios que aportan una utilidad real durante la noche”.
El margen de ahorro, por tanto, existe, pero no es uniforme ni puede expresarse de forma responsable en una cantidad fija de euros. El método más sensato es identificar, medir y actuar primero sobre los consumos continuos que realmente pueden evitarse.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.