02Los expertos en energía llevaban tiempo advirtiendo que la guerra en Irán estaba provocando el mayor shock de suministro de petróleo de la historia.
03El cierre del estrecho de Ormuz dejó fuera del mercado 14 millones de barriles diarios de crudo.
04Para destruir tanta demanda, decían, el precio del Brent debería ser más del doble respecto al nivel anterior a la guerra, situándose bastante por encima de los 150 dólares por barril.
Alguien estaba inhalando butano. Los expertos en energía llevaban tiempo advirtiendo que la guerra en Irán estaba provocando el mayor shock de suministro de petróleo de la historia. El cierre del estrecho de Ormuz dejó fuera del mercado 14 millones de barriles diarios de crudo. Para destruir tanta demanda, decían, el precio del Brent debería ser más del doble respecto al nivel anterior a la guerra, situándose bastante por encima de los 150 dólares por barril. Sin embargo, los operadores del mercado petrolero parecían adormecidos. Hasta el pasado 17 de abril los precios estaban por debajo de los 90 dólares por barril. En la última semana, ante los rumores de un recrudecimiento de los combates, han empezado a reaccionar. El 30 de abril los precios superaron los 125 dólares.
Imagen del petrolero 'Helga', atracado en una de las terminales petroleras marinas del sur de Irak, cerca de BasoraMohammed Aty / Reuters
Desgraciadamente, por mal que estén las cosas, la desconexión con la realidad persiste. No solo es posible que los precios al contado sigan subiendo, sino que el mercado de futuros del petróleo, donde los especuladores apuestan sobre la evolución del precio, augura que los precios caerán cada mes durante el resto del año y acabarán 2026 en torno a los 88 dólares. Eso implica que la mayor parte de este shock se revertirá pronto. Si es así, los inversores deben creer en tres cosas: que Estados Unidos e Irán llegarán pronto a un acuerdo de paz, que dicho acuerdo permitirá reabrir el Estrecho de Ormuz y que, poco después de despejarse el paso, la gasolina y el queroseno volverán a abundar. Todas esas premisas son dudosas.
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Una cosa en la que todo el mundo debería estar de acuerdo es que si el estrecho se mantuviera cerrado sería un desastre. Al inicio de la guerra, había mucho petróleo almacenado o en petroleros en alta mar. Pero los barcos que cruzaron Ormuz antes del conflicto ya habían atracado todos antes del 20 de abril. En breve, las reservas de petróleo estarán en su nivel más bajo desde que comenzó el seguimiento por satélite en 2018. Las cantidades de gasolina, diésel y queroseno almacenadas en el mar ya son tan bajas que los problemas de suministro serán inevitables. Además, en Estados Unidos, la demanda de gasolina está a punto de dispararse, ya que el verano anima a la gente a coger el coche y viajar.
La industria petroquímica asiática ya ha paralizado parte de su capacidad
Todo el mundo debe ser consciente también de lo que está en juego. La industria petroquímica asiática ya ha paralizado parte de su capacidad. Desde que comenzó la guerra, los precios del diésel y del queroseno se han duplicado en Asia y han más que duplicado en Europa. A diferencia de los mercados bursátiles, donde las burbujas pueden mantenerse solo por el entusiasmo irracional, el precio del petróleo está vinculado a la economía en las gasolineras, los puertos y los aeropuertos. Si la oferta no cubre la demanda, los precios deben subir para restablecer el equilibrio. Ya hay informes de barriles de diésel que se venden a 600 dólares. El optimismo, por sí solo, no puede sustituir a la realidad.
Las razones para el optimismo son evidentes. Las publicaciones descontroladas de Trump indican no solo que está a la deriva, sino también que intervendrá siempre que los precios del petróleo suban demasiado. La economía iraní está rota: necesita urgentemente liquidez, lo que significa que también estará interesada en alcanzar un acuerdo. Si un estancamiento acarreara la ruina para ambas partes, terminaría.
The Economist es reacio a cuestionar a quienes tienen los datos en la mano y miles de millones de dólares en juego. Sin embargo, los mercados tienen un historial pobre a la hora de valorar el riesgo geopolítico. Además, en el caso del petróleo, les resulta complicado evaluar las complejidades del comercio físico.
Un coche pasa junto a una gasolinera en Berlín, Alemania Getty Images
Incluso si un acuerdo es beneficioso para ambos países, podría ser difícil de concretar. Es posible que cada parte esté subestimando a la otra. Trump parece creer que tiene todas las cartas. Sin embargo, Irán ya ha soportado largas interrupciones en sus exportaciones de petróleo, como sucedió al inicio de la campaña de sanciones de “máxima presión” de Trump en 2018. Irán no es una democracia y el régimen puede resistir mientras su población sufre. Tiene incentivos para aguantar y esperar una buena oferta durante el mayor tiempo posible. Trump puede reanudar los bombardeos, pero eso es tan probable que retrase un acuerdo como que lo propicie.
Asimismo, con las elecciones de mitad de mandato acercándose en Estados Unidos, los dirigentes iraníes pueden pensar que Trump no puede tolerar un precio elevado del petróleo. Sin embargo, Trump actúa por interés propio. Puede intentar frenar la subida de precios en su país limitando las exportaciones de productos refinados. Tal vez piense que las elecciones de mitad de mandato ya están perdidas, al menos en la Cámara de Representantes. Seguramente le preocupa menos la carrera política de los republicanos que la humillación personal que supondría firmar un acuerdo nuclear con Irán que resulte peor que el de Barack Obama en 2015. Su última señal a Irán es que se está preparando para un bloqueo prolongado.
Incluso si se alcanza un acuerdo, es posible que el estrecho no se reabra por completo. Por un lado, los temibles detalles de un pacto nuclear tardarán meses en negociarse. Ahora que Irán ha descubierto que tiene capacidad de presión, podría verse tentado a ejercerla con amenazas de volver a cerrar el estrecho. Y las amenazas pueden desembocar en ataques. Es posible que Trump anteponga la erradicación del programa nuclear a la reapertura total del estrecho; al fin y al cabo, Estados Unidos es exportador de energía. Si Estados Unidos accediera a que Irán tratase Ormuz como un peaje, ¿qué ocurriría entonces?
Y aunque en principio el estrecho esté abierto, en la práctica llenar los depósitos de combustible seguirá siendo vulnerable a multitud de retrasos imprevisibles. Es de esperar que haya un auge de petróleo cuando los petroleros que estaban esperando salgan completamente cargados hacia el océano Índico. Sin embargo, que los petroleros vacíos regresen al golfo Pérsico será más complicado. Muchos habrán aceptado encargos en otras rutas. Habrá que desminar el estrecho, una tarea que podría llevar meses. Las primas de seguros podrían ser prohibitivas, por lo que puede que los gobiernos tengan que organizar un sistema para cubrir riesgos extremos. El cierre de la producción podría haber dañado los pozos de petróleo. Reanudar la extracción también llevará tiempo. Las refinerías que hayan estado parcialmente paradas no volverán de inmediato a su plena capacidad.
El mundo solo empieza a entender lo que podría avecinarse. Los bancos centrales pueden enfrentarse pronto a la segunda oleada inflacionista de la década, tras la pandemia de covid-19. En Asia, muchos gobiernos ya han adoptado medidas drásticas, como reducir la semana laboral. Los gobiernos europeos también tendrán que cambiar de rumbo. Hasta ahora se han centrado en respaldar la demanda de los consumidores. Puede que tengan que gestionar la destrucción de la demanda y, ante la posible escasez de gasóleo y queroseno, preparar planes para proteger el reparto de alimentos y los servicios esenciales.
Los inversores optimistas también podrían llevarse un buen susto. La recuperación tras la covid, la adaptación de Europa a la pérdida de la mayor parte del gas ruso y la moderación de los aranceles por parte de Trump han hecho que los mercados confíen en que todo acaba arreglándose. En un contexto de sólidos beneficios empresariales en Estados Unidos, puede parecer que la economía mundial es capaz de soportar cualquier golpe, y que Trump, evidentemente, dará marcha atrás antes de que se produzca una catástrofe. Se acerca el escenario que los analistas del mercado petrolero llevan temiendo desde hace décadas. No será agradable. Prepárense.
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.