Si las guerras en Irán y Ucrania acaban pronto, España dejaría de invertir en defensa. Es un riesgo latente a pesar de los compromisos asumidos ante sus aliados de la OTAN. Sería un error grave, ya que los conflictos históricos con Marruecos continúan. Un informe del Congreso de Estados Unidos ha considerado a Ceuta y Melilla parte de Marruecos bajo administración española, lo que podría dar pie a reivindicaciones sobre las islas Canarias.
El gasto público está impulsado por el pago de pensiones y el aumento del presupuesto militar. España, al estar muy endeudada, deberá decidir si prioriza la defensa, como ha hecho Alemania, o mantiene el Estado del bienestar. Para el Gobierno de coalición progresista, la decisión parece ser evidente. Pedro Sánchez ejerce su mandato en minoría y los partidos que lo respaldan le solicitan que deje de lado el uso de las armas. Además, política y socialmente está obligado a reforzar el gasto en vivienda, sanidad, educación y ayudas sociales. Durante los ocho años de mandato de Pedro Sánchez la población extranjera se ha incrementado en cerca de 3 millones de personas. A esta cifra hay que añadir la regulación masiva de inmigrantes, que superará el medio millón. Lógicamente los servicios públicos se han tensionado porque el aumento de población no ha ido acompañado de un incremento del gasto del Estado. Esto podría explicar la notable acogida que ha tenido el eslogan de la extrema derecha de la “prioridad nacional” o “los españoles primero”. La falta de recursos para reforzar el Estado del bienestar puede acentuar el racismo precisamente por parte de un gobierno que se ha marcado como prioridad combatir la xenofobia. Para que esto no ocurra, principalmente entre los jóvenes y las clases sociales más necesitadas, el Estado debe procurar servicios sociales de calidad y ayudas públicas para todos. Y como eso es muy caro y no podemos seguir subiendo impuestos ni incrementando la deuda pública, será necesario recortar de partidas como la defensa.
El Gobierno ha decidido convertir la tecnológica Indra en una gran empresa militar para estar sentados junto a Francia, Alemania, Reino Unido o Italia cuando se planifique el futuro ejército europeo Ejército europeo
Desde la recesión de 2009, las Fuerzas Armadas han reducido aproximadamente diez mil efectivos activos, además de un número similar de personal civil, según fuentes militares. Los presupuestos de defensa también experimentaron recortes hasta la invasión rusa de Ucrania, cuando la OTAN solicitó aumentos significativos en el gasto militar. Donald Trump instó a que cada país destinara el 5% del PIB a inversiones en defensa. España accedió a incrementar su inversión, aunque no en la medida exigida por sus aliados, alegando que no era necesario.
Después de tres crisis económicas, España tiene un ejército pequeño para su tamaño, con salarios bajos y equipo tecnológico insuficiente. Esto dificulta la retención del talento necesario. No existe el tamaño necesario para tener una industria de defensa propia, según confiesan en privado los jefes del alto Estado Mayor. A pesar de ello, el Gobierno ha decidido convertir la tecnológica Indra en una gran empresa militar. La razón es estar sentados en la misma mesa que Francia, Alemania, Reino Unido o Italia cuando se planifique el futuro ejército europeo. Para lograrlo, afirman los dirigentes de la patronal CEOE, se necesitarían 30 años haciéndolo todo bien. Otras fuentes del sector recortan este plazo a una década o un lustro “siempre que no decaiga la inversión en defensa”. Una disyuntiva difícil para el presidente del Gobierno, sobre todo si se alcanza un acuerdo de paz, en un año electoral y sin presupuestos. Otro tema de Estado que tendría que ser pactado con el principal partido de la oposición.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.